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Ranchu Gubiña, Unión Hidalgo: comunidad de Oaxaca vive 10 meses de sismos y una reconstrucción del 30%

Foto(s): Cortesía
Redacción

UNIIÓN HIDALGO, OAXACA.- El fantasma del 7 de septiembre, en Ranchu Gubiña, comunidad istmeña no se acaba de ir. A 10 meses de ocurrido el terremoto de 8.1 grados y los subsecuentes del 19 y 23 de septiembre el panorama que se percibe aún es desolador.


Muy lentos son los avances de la reconstrucción a cuatro meses de que se cumpla un año de aquella fatídica noche, donde el sismo afectó más de 20 mil viviendas y dejó 48 víctimas; estimaciones señalan aperanas 30% de avance.


Las casas que los damnificados han logrado levantar con los 120 mil pesos que les otorgó el gobierno, se encuentran en obra negra, algunas sin techo, otras solo con cimientos y la mayoría sin un ladrillo pegado.


 



Damnificados de Unión Hidalgo, Chicapa de Castro, Asunción Ixtaltepec, la mayoría de la tercera edad y discapacitados, recibieron el apoyo. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


La ayuda llega de los Ángeles, California.


Al siguiente día del 7 de septiembre, después de que se conoció la magnitud de lo sucedido, la noticia corrió como reguero de pólvora. Miles de personas se volcaron con ayuda para el Istmo de Tehuantepec.


La comunidad migrante oaxaqueña en los Estados Unidos, especialmente un grupo que radica en Los Ángeles California, de forma inmediata se reunió para buscar la forma de solidarizarse.


Son más de una decena las organizaciones las que colaboraron, entre ellas la Cámara de Empresarios Oaxaqueños (CEO), quienes realizaron una kermes y, de la venta de lo donado, se conformó una bolsa de recursos para enviar a los damnificados del Istmo.


La ayuda inmediata fueron cobijas y despensas, y la bolsa recaudada de 40 mil dólares llegó esta semana para apoyar a unas 150 personas de los municipios de Unión Hidalgo, Chicapa de Castro, Santiago Niltepec, Asunción Ixtaltepec y San Miguel Quezaltepec.


 



Unión Hidalgo aùn no supera la tragedia. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


El presidente de la CEO, Zeferino García, sostiene “queríamos entregarlo de forma inmediata y con todos los participantes presentes, pero la situación migratoria de algunos se lo impide, por la falta de tiempo y por sus negocios”.


Agrega que el recurso pudieron donarlo a los gobiernos de México o de Oaxaca, pero el temor era que no llegara a las manos de los afectados o se desviara para otro propósito, sobre todo con el proceso electoral de México en puerta.


La selección de los beneficiaros se hizo a través de enlaces en el Istmo, conocidos y ex compañeros de escuela.
 


La ayuda, una bendición


Don Manuel López Regalado ingresa a un pequeño salón de fiestas de su pueblo: Unión Hidalgo; su andar ya se le dificulta, es más notorio porque cojea del pie derecho; a paso es lento, igual que muchos de los asistentes, algunas incluso llevan ayuda para sostenerse, se sientan y esperan.


 


Hace quince días el doctor me visitó y dijo que me anotara para una ayuda que llegaría 'del otro lado'. La ayuda nos llegó del cielo.



 


Don Manuel tiene 72 años, de oficio campesino y viudo, dice que su casita de adobe se vino abajo con el temblor, después de varios meses recibió dos tarjetas con un monto de 120 mil pesos para reconstruir. Así como recibió las micas las entregó a una empresa constructora.


 



Zeferino García, empresario oaxaqueño en los EU, dice que a através de una kermes lograron juntar 40 mil dólares para apoyar a sus paisanos. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


El fruaude y la tristeza


La casa de tabique fue levantada y entregada hace dos semanas, con las lluvias de la temporada, Don Manuel se llevó la gran sorpresa: la casa filtraba el agua por todos lados.


Al abuelito se le llenan sus ojos de lágrimas, “me preguntaba qué voy hacer, ya no puedo trabajar, y ya nadie me emplea, pero mira (muestra su pie derecho) estoy enfermo. Cuando me dijeron que nos iban ayudar fue algo inesperado y muy bueno, con lo que me dieron voy a arreglar mi casita para ocuparla”.


Juanita Jiménez, originaria de Chicapa de Castro, fue otra beneficiaria. Tiene 70 años y su casa que construyó con el dinero que le dio el gobierno, está en obra negra. “por muy poquito que sea, el dinerito nos va a servir para el repello, tal vez para una ventana”.


La abuelita se dice contenta porque hay personas que no se olvidan de los damnificados.


 


Muchas gracias, no podemos decir otra cosa. Yo ya estoy grande, mi marido está enfermo de diabetes y estamos sobreviviendo, mucho menos sabíamos si íbamos a poder terminar la casa.



 


La tragedia del Istmo se olvida poco a poco


Las historias y casos similares se repiten por decenas, sobre todo en los adultos mayores, quienes por edad no cuentan con empleo e ingresos seguros, pero -además- varios damnificados fueron víctimas de fraudes y las autoridades ya casi no los visitan.


 


Nosotros queríamos aportar nuestro granito de arena. Apoyar con algo de lo que hemos podido lograr con esfuerzo y trabajo durante nuestra estancia en otro país.



 


Tan solo en Unión Hidalgo, uno de los 41 municipios del Istmo afectados con los terremotos de 2017, se dañaron 2 mil 500 viviendas y se registraron 8 muertos; de las construcciones 2 mil 100 fueron pérdida total y 400 reportadas con daño parcial.


Los afectados de esta comunidad fueron excluidos del segundo censo que elaboraron las autoridades por presión de los damnificados, por lo que 300 viviendas están fuera, además se registraron al menos 300 casos de fraudes por las empresas constructoras o proque las tarjetas fueron clonadas.


El avance de la reconstrucción lleva menos del 30%, según autoridades locales y pobladores. Presumen que, por la presión del gobierno para empezar la reconstrucción, los materiales encarecieron y dispararon los precios en 70%.


La mano de obra también se escaseó, un albañil cobra 700 pesos al día y el ayudante 400, los afectados "de dónde van a sacar tanto si a duras penas pueden comprar material”, lanza Roberto Carlos López, profesor.


Por eso, explica, las pocas casas que se lograron levantar en Ranchu Gubiña carecen techos y el resto está en obra negra. “Hace poco vino el gobernador, inauguró dos casitas, trajo algunos muebles y se fue; del resto, ya no se preocupó”.

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