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Paro magisterial, torbellino para madres autónomas

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

La suspensión de clases derivada del paro magisterial representa un verdadero torbellino de angustia para las madres autónomas, quienes deben enfrentar solas la responsabilidad del cuidado, sustento y protección de sus hijas e hijos, sin redes de apoyo ni respaldo institucional.

“Cuando nos dicen que viene un paro de labores, vemos un torbellino. El juez o la jueza no te preguntan si puedes. Tú tienes que buscar cómo resolver, trabajar, cuidar, resolver todo, porque el papá no se hace responsable. Todo esto nos impacta demasiado”, comparte Fabiola Ramírez, madre autónoma y enfermera.

En su caso, el paro de labores educativas implica dejar solo en casa a su hijo de 13 años durante más de ocho horas, todos los días que dura la suspensión. Aunque se trate de un adolescente, señala que esta etapa exige vigilancia constante, especialmente en un contexto donde el acceso a internet y redes sociales puede representar riesgos adicionales.

“Una mente que no está ocupada es una mente en peligro. Por más que pongas candados, si no hay una supervisión, el riesgo está ahí”, subraya. 

Desde el nacimiento de su hijo, Fabiola ha enfrentado el abandono económico y afectivo del progenitor, quien se mantiene como deudor alimentario. Aunque desde 2012 interpuso una demanda de pensión, el proceso ha sido lento, frustrante y revictimizante.

“Yo llevo 13 años solicitando pensión alimenticia. El padre nunca se ha hecho responsable, pero en cambio a mí me multan por no asistir a una audiencia, cuando a él no lo pueden ni localizar. Es injusto”.

Además del desgaste económico y emocional, relata que ha tenido que solicitar medidas de protección debido a intentos del padre por llevarse al menor sin consentimiento, pese a no haber estado presente en su vida durante más de una década.

“Parece que el sistema está hecho para que desistas. Nos revictimizan una y otra vez. El juez no ve por los derechos del niño ni por nuestra salud mental. Las leyes están, pero no se aplican”, señala.

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Fabiola no desconoce el derecho legítimo de los docentes a manifestarse, pero considera que el Estado y el Poder Judicial deben contemplar las afectaciones colaterales para niñas, niños y madres autónomas.

“Es un llamado, una súplica a los jueces y juezas: lean los expedientes con empatía. No están afectando solo a una madre, están dejando en riesgo a un menor. El estrés que generamos lo vivimos solas, sin respaldo, y eso también enferma”.

La justicia, enfatiza, debe garantizar que la responsabilidad de la crianza sea compartida y que no solo se limite a una pensión incumplida.

 “Que los padres también tengan que asumir roles: cocinar, cuidar, educar. Esa es la verdadera crianza compartida. No que, cuando demandas, te digan: ‘ah, te lo voy a quitar’”.

El caso de Fabiola ilustra una violencia institucional persistente, donde el sistema legal protege más al deudor alimentario que al menor afectado. 

“Mientras no se apliquen las leyes con perspectiva de género y en favor de la infancia, seguimos desprotegidas. El mal parece ser el que triunfa”. 

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