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Panteón San Miguel de Oaxaca, se niega a morir

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

El Panteón San Miguel de la Ciudad de Oaxaca se Juárez, primero que se construyó en la capital, se niega a morir. No sucumbió a los temblores del siglo 18 y tampoco lo hizo en los septiembre de 2017. Herido en su piel, la cantera y el adobe de sus paredes poco a poco se reponen de sus laceraciones, pero su espíritu sigue indemne: dar cobijo a los restos mortales de los oaxaqueños, ilustres o desconocidos.


Con la llegada de los españoles a Oaxaca se introdujo la práctica novohispana de enterrar a los muertos las iglesias o conventos.


Sin embargo en 1779 una epidemia de viruela devastó a la población, de tal manera que cientos de muertos eran abandonados por sus familiares a las puertas de iglesia como la de San Francisco y Catedral, donde se abrieron grandes fosas para enterrar a los difuntos.


Esto generó que se promoviera la creación de panteones civiles y fuera de la ciudad, a fin  de evitar posibles contagios o infecciones, pero además las iglesias y conventos ya no eran suficientes para tanto entierros.


En 1859 el presidente de la República Benito Juárez García expide ley relativa a la práctica de entierros por parte del clero, que cesa todo intervención en cementerios, camposantos, panteones y bóvedas o criptas del clero, por lo que ahora quedan bajo la inspección de la autoridad civil.



Las paredes de adobe sobre las que se construyeron los nichos son las más vulnerables. FOTO: Emilio Morales

LA COMPRA DEL TERRENO


El historiador Manuel Martínez Gracida, en su obra Historia de Oaxaca, relata que el origen de la fundación del panteón de San Miguel se remonta a 1829 cuando “(los) habitantes de la ciudad se veían afligidos y temerosos por la epidemia de viruela, por lo cual se mandó prohibir por la autoridad superior el entierro de cadáveres en los templos y sus cementerios para alejar de ellos los focos de infección”.


El arquitecto Armando Pérez Linares, en su tesis Arquitectura del Panteón de San Miguel, Oaxaca, afirma que lo anterior dio origen para que el Ayuntamiento se abocara a la búsqueda de un lugar para la creación y construcción del panteón municipal y para tal efecto entró en pláticas con autoridades del poblado de Jalatlaco, comprando un terreno en las canteras de dicho lugar y al contarse con este sitio se procedió a su utilización.


Añade que en épocas posteriores volvió a presentarse una epidemia de cólera asiática, y con motivo de la gran cantidad de muertos, se decidió convertirlo en panteón general hacia 1833.


El primer panteón se delimitó en forma de un cuadro de terreno, el cual estaría separado del área señalada a los excomulgados, espacio en donde se depositaban los restos de los individuos que no practicaban la religión católica o fueron excomulgados.


Dice que en virtud de que este panteón no se encontraba bardeado y que los animales se encontraban pastando entre las tumbas, se procedió a la construcción de un muro de adobe para resguardar los sepulcros, lo que no agradó a la gente de la época debido al material empleado y por no considerarlo idóneo. 


Además se cuestionó su ubicación por encontrarse al noreste de la ciudad y en virtud de los vientos que bañan a ésta en determinados meses, procedentes o que pasan por donde se localiza el panteón, y previendo alguna contaminación el gobernador José López Ortigoza decidió consultar a la Junta de Sanidad el 7 de diciembre de 1834, la cual en unión con el Ayuntamiento, hicieron un estudio del pro o contra, ratificando el lugar de su ubicación.


Con base en lo anterior, el gobernador dio las instrucciones de que se continuaran los trabajos. En el año de 1835 se decidió demoler lo hecho, dándose indicaciones de levantar los muros, pero en esta ocasión, dichos muros formaron un gran cuadrilátero, mandándose a construir más tarde una capilla en su centro, dedicada a San Miguel, una sacristía aloriente y a derecha e izquierda de ella unos sepulcros de piedra, lo que años después sería demolido.



El arco de la capilla inconclusa también amenaza con venirse abajo. FOTO: Emilio Morales

EL PROYECTO


Pérez Linares comenta que el proyecto arquitectónico del panteón fue originalmente encargado por el gobernador José López Ortigoza al arquitecto Francisco De Paula Heredia,quien había llegado a Oaxaca en 1832, para realizar otras obras públicas, pero fue hasta el año de 1839 cuando el Cabildo municipal acepta el proyecto a José Francisco Bonequi, que impartía clases de dibujo en el Instituto de Ciencias y Artes; y es el que realiza los planos, que una vez autorizados fueron convertidos en maqueta por el maestro carpintero Diego Silva, procediendo al inicio de los trabajos.  Durante la ocupación francesa por el año de 1865, la maqueta desaparece.


En septiembre de 1844, se prohibieron las inhumaciones en los templos y se dispuso que los cadáveres se inhumaran en el nuevo panteón.Expresa que sin embargo sólo los muros del edificio fueron terminados, uno de los arcos presentan la fecha de 1850 y el nombre de Galindo, probablemente la fecha en que se terminó este elemento, pues las continuas revueltas políticas no permitieron la conclusión en lo que a la capilla central de tipo funeraria se refiere, pero al menos el edificio principal, que es un equilibrado cuadrilátero de estilo toscano realizado con muros altos de cantera de 113 metros por lado y un frontispicio neoclásico, sencillo y severo, fueron erigidos.


Las 4 galerías, diseñadas para completar 100 arcos iguales, dan marco al impresionante corredor en cuyos muros se previeron 2 mil 355 nichos sepulcrales, simétricamente distribuidos. Por sus dimensiones, disposición general en planta y la belleza del imponente edificio central, se le cataloga como uno de los más bellos panteones de su tipo en todo México.


El panteón sufrió deterioros con los terremotos de 1929 y 1931, no llegando nunca a restituir completamente su belleza, posteriormente las plazoletas y andadores originales que conducían a la capilla, fueron invadidos y alterados por la colocación de sepulcros, así como el cambio de niveles del piso.


Los sismos de septiembre del año pasado dañaron nuevamente las paredes de adobe y un tramo de cantera que están en reparación. Pero el Panteón de San Miguel sigue en pie.

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