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Sin justicia, Jyri Jaakkola, activista finlandés ultimado en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Citlalli López Velázquez 

“Mi hijo solía decir que su vida no era más importante que la de los mexicanos, para mí él fue lo más importante”, expresa Eve Jaakkola, madre del activista finlandés Jiry Jaakkola, asesinado el 27 de abril de 2010, junto con la defensora de derechos humanos, Bety Cariño cuando integraban una caravana humanitaria y de observación de derechos humanos en las inmediaciones de la comunidad indígena de San Juan Copala.

Al participar de manera virtual en el encuentro Mujeres al Frente, organizado por ONU Mujeres en la Ciudad de México, Eve Jaakkola adelantó que, al no encontrar justicia, el siguiente paso será interponer una petición a la Comisión Interamericano de Derechos Humanos (CIDH), cuya función es supervisar el cumplimiento y la defensa de los derechos humanos en el continente americano.

“Después del asesinato de Jyri y Betty Cariño hemos luchado con el esposo de Betty: Omar Esparza por justicia. Mucha gente ha trabajado con nosotros y esto ha sido de gran importancia para nuestra familia, porque sentimos que como víctimas no estamos solas”, destacó.

Para Eve Jaakkola parte fundamental para que el caso continúe abierto a pesar de la impunidad, ha sido la intervención de organizaciones internacionales como Amnistía, la embajada de Finlandia y las eurodiputadas Satu Hassi y Ska Keller. “La cooperación con la Unión Europea es muy importante para México que quiere cuidar su reputación de derechos humanos, lamentablemente muchas veces con promesas públicas”.

Eve explicó que Jyri había viajado a la Ciudad de México atraído por la congruencia en que viven los pueblos indígenas con su medio ambiente, sus formas de tomar decisiones, sus usos y costumbres, entre otras experiencias que pudieran ser aplicables en Finlandia, “pero las balas lo detuvieron”.

Antes del asesinato de Jyri -relató- no sabía nada de México, posterior a ello observó que México era “un país terrible, espantoso, un país de violencia arbitraria. Durante ese proceso aprendí a conocer otro México, un país en donde la gente trabaja por una vida digna y por la construcción de un mundo mejor para todas y todos”.

Eve Jaakkola destacó que uno de los grandes obstáculos que ha impedido el acceso a la justicia ha sido que no existe un mecanismo de protección para las personas que fueron testigos del asesinato de Jyri y Betty Cariño, toda vez que las autoridades señalan que sólo aplica en caso de amenazas por el crimen organizado.

“Nosotros decimos que nuestro caso es un ejemplo de crimen organizado porque se trata de un grupo paramilitar. Las autoridades dicen que no hay pruebas ni testigos, yo digo que no hay pruebas ni testigos porque no hay protección”.

 

“Mi hijo solía decir que su vida no era más importante que la de los mexicanos, para mí él fue lo más importante”. Eve Jaakkola, Madre del activista

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