Por Rafael Alfonso
Al ver que las cosas se estaban poniendo extrañas, una mujer comenzó a grabar al taxista que le transportaba al lugar que previamente acordaron. En la grabación el chofer manifestó que no esperaba encontrar el tráfico “tan pesado” y procedió a cancelar el viaje, de manera que le pide a la pasajera baje del vehículo, tras lo cual le solicitó el 50% del pago. Ella se negó a pagar pues no recibió el servicio completo, esto bastó para que el taxista la agrediera. Todo quedó grabado en video y las autoridades tendrán que obrar en consecuencia.
En otro punto de la ciudad, me dirigía felizmente a mi hogar a bordo de un autobús del transporte público. Todo iba bien hasta que un sonido chirriante en la parte de atrás del camión alarmó a los pasajeros. Un flamante Binnibús se embarró contra éste, hasta que ambos quedaron atorados en el tráfico a media avenida. Aún no logro entender la maniobra que debió ocurrir para lograr el resultado final, donde ambas unidades quedaron, por decirlo de algún modo, “pegadas por la cola”, resultando en un poco más que algunos vidrios rotos. Los pasajeros de ambos transportes resultamos ilesos, gracias, en parte, a que ambas unidades circulaban a vuelta de rueda.
Tras el percance, el chofer de nuestra unidad amablemente procedió a bajarnos no sin antes devolvernos el importe de nuestro pasaje. Los pasajeros del Binnibús no corrieron con tanta suerte, ya que depositan su pago directamente en una alcancía hermética o hacen uso del saldo de sus binnitarjetas.
De llamar la atención fue que, en el segundo caso, ninguno de los operadores bajara, como se dice vulgarmente a “armarla de tos” a su colega. No hubo gritos ni insultos, simplemente ambos llamaron por teléfono a sus aseguradoras —o a sus superiores— y esperaron el curso de los acontecimientos. Un significativo contraste frente al primer caso donde el chofer —quien muy probablemente libre una batalla cotidiana para controlar sus emociones—, perdió el control y agredió a su pasajera.
En contra de lo esperado, para ser sinceros, los operadores del autobús y el Binnibús nos dieron una cátedra de consideración al otro. Frente al estorboso y ridículo percance, en lugar de protagonizar una riña, decidieron apegarse a sus protocolos. Al parecer, entendieron que el golpe ya estaba dado y que ningún grito repararía los cristales rotos.
Los dos casos comentados en esta nota sucedieron en un contexto de tráfico vehicular lento, algo que muy difícilmente ha de cambiar en el corto plazo. Por eso, si sueles batallar para controlar tus emociones, considera que la terapia psicoanalítica es una gran opción para que, ante los baches de la vida, no pierdas el control del volante.
