Repartidor de comida rápida: oficio noble y arriesgado en Oaxaca | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

Repartidor de comida rápida: oficio noble y arriesgado en Oaxaca

Luis Ignacio Velásquez

Luis Ángel Márquez Flores


En 2020, en pleno corazón de la pandemia, y a medida que en todo el mundo los negocios cerraban, las oficinas dejaban de laborar y las clases se volvían virtuales, las aplicaciones de entrega de comida cobraron gran popularidad como una opción para las personas que necesitaban obtener ingresos extra para sus familias.

 Alberto fue uno de los mexicanos que decidieron dedicarse al oficio de la entrega de comida, aunque en su caso no fue la necesidad lo que lo orilló, tampoco fue la pandemia que comenzaba a azotar a todo el mundo, dejando a mucha gente sin empleo, sino la curiosidad y el deseo de convivir con sus amigos.

"Realmente empecé por cotorreo. Simplemente quería 'dar un rol en la moto',ir a recoger comida y tener un ingreso extra. Posteriormente se me hizo una rutina y empecé a salir diario".

Cada día, su rutina consiste en despertar a las 4:30 de la mañana para salir, cerca de las 6, a su primer trabajo en TV. Cuando su turno acaba, vuelve a casa, almuerza y sale otra vez, con su mochila en la espalda, a repartir durante dos horas y media: de 9 a 11:30.

A las 12 del día, Alberto debe volver a pausar su recorrido para entrar a su segundo empleo en radio y después de ocho horas retoma su actividad como repartidor:

"De seis a 11 de la noche de lunes a jueves, y los fines de semana me regreso a mi casa entre 12 y 1 de la mañana".

En días buenos llega a hacer hasta 8 entregas, mientras que en los malos apenas alcanza las 3 o cuatro.

Los días de quincena, relata, son los mejores, y las horas más óptimas son, por supuesto, las de la comida, las cuales él no puede aprovechar por su trabajo en radio.
Sonrisas a domicilio

No es la primera vez que Alberto descubre una pasión casi por accidente. Cuenta que hace 14 años, la curiosidad (y un poco la vanidad) lo impulsaron a vestirse con ropas coloridas, zapatos anchos y nariz redonda y roja. 

"Yo entré como payaso cuando tenía 18 años, por un amigo que me invitó, pero la verdad es que me gustó mucho como me veía vestido de payaso, me veía bien bonito y entonces decidí hacer esto".

Esta tercera profesión la combina muy bien con su oficio como repartidor, por medio del cual trata de sacarle una sonrisa a sus clientes, como el año pasado, cuando en un 31 de abril decidió agasajar a sus clientes con un obsequio.

"Agarré una bolsa de globos y me fui a repartir. Miraba en la aplicación si la persona era hombre o mujer. Si era mujer, le hacía una flor; si era hombre, hacía un perro, no sé por qué un perro", recuerda entre risas. El motivo de aquel detalle no lo sabe a ciencia cierta. "A lo mejor para recordarles que siempre vamos a ser unos niños", reflexiona.

 “Así como ganas, también puedes perder”

Para Alberto, su trabajo es muy generoso y gratificante, aunque admite que está expuesto a riesgos de asaltos y accidentes y  es que “así como ganas, también puedes perder”. 

Para explicar, rememora el caso de un compañero que perdió una pierna en una accidente en el Tule, percance en el cual la acompañante del mismo desafortunadamente perdió la vida, y también el caso de otro repartidor que murió en las riberas del río salado. 

Él, por supuesto, no ha estado exento de todo esto. Afirma que lo han intentado asaltar en más de una ocasión; una de ellas, en la colonia del Maestro: "Había ramas puestas como para que te bajaras y las quitaras. Yo precisamente me bajé a moverlas cuando escuchó 'ya se bajó'; entonces me subí a mi moto y me fui de ahí, pero corrí el riesgo de caerme, porque había piedras también".

Por desgracia, las empresas de entrega de comida no cuidan de sus socios repartidores apropiadamente. La marca para la que trabaja Alberto posee un convenio con el IMSS a través del cual los socios repartidores pueden ser derechohabientes, pero los gastos corren por su cuenta, así como los daños sufridos por los vehículos o, incluso, el robo de las unidades..

"Cuando yo tuve un percance y ya no alcancé a llegar al sitio de entrega, el pedido me lo cobraron a mí. Entonces no hay ninguna garantía de las empresas ante el socio repartidor".

Frente a esto han surgido en Oaxaca, y en el país, varios grupos de socios que se han unido para ofrecer asesoría y protección a sus compañeros ante cualquier eventualidad.

"Ahorita lo que estamos haciendo es identificar los puntos de riesgo en la ciudad y monitorear a los compañeros para, en caso de asalto o accidente, acudir a ayudarlos".

Una razón para seguir adelante

Alberto se confiesa agradecido y satisfecho con las decisiones que ha tomado en su vida. Las cosas que para él han comenzado como un juego han terminado otorgándole grandes satisfacciones, ya que, por ejemplo, gracias a su trabajo como repartidor ha logrado hacerse con un patrimonio.

“Yo creo que lo que me motiva mucho es que ya pude sacar un terreno. Desafortunadamente México es un país donde trabajas jornadas enteras y no avanzas… Me motiva decir que ya puedo construir un porvenir para mi familia”.

 


Para saber

243,794 repartidores había registrados en el país en 2021

3,901 pesos era el ingreso mensual de los repartidores en 2020


*Fuente: "Las plataformas de entrega a domicilio en la economía mexicana", Laboratorio Nacional de Políticas Públicas del CIDE y la Asociación de Internet MX. 

 

Sobre Alberto

2020, año en que comenzó a ser repartidor

14 años lleva siendo payaso

 

"Cuando yo tuve un percance y ya no alcancé a llegar al sitio de entrega, el pedido me lo cobraron a mí. Entonces no hay ninguna garantía de las empresas ante el socio repartidor".

 Alberto, Repartidor

 

 

 

"Ahorita lo que estamos haciendo es identificar los puntos de riesgo en la ciudad y monitorear a los compañeros para, en caso de asalto o accidente, acudir a ayudarlos".

 Alberto, Repartidor