Alexei García
Con una inversión de 300 pesos, hace 20 años, don Ignacio Jaime Luján Corres comenzó su negocio de reciclado de desechos industriales en la Villa de Zaachila, en uno de los tantos caminos que conduce al Basurero Municipal. “Aquí en Oaxaca hay mucho dinero, no tiene uno qué salir del país, del estado”, aseguró.
Cuando Luján Corres se decidió a poner su negocio, nada más se comercializaba el cartón, la lámina, el fierro y todo tipo de metal, tal es el caso del cobre, bronce y aluminio. Fue el primero en comprar papel, el kilo valía 30 centavos y llenaba dos tráileres a la semana.
Conforme las personas se dieron cuenta de la posibilidad de tener ganancias, comenzaron a dedicarse al negocio, por lo que el papel llegó incluso a escasear. En sus comienzos, don Ignacio no tenía automóvil para trasladar los desechos y su única compañera era una báscula del ISSSTE.
“No tenía yo carro, me hacían mis viajecitos por 30 pesos el viaje. Ahí compraba y en taxi acarreaba yo el metal porque no tenía vehículo”, recordó con tranquilidad y alivio. Durante el conflicto de 2006, relata que se llevaba consigo sus costales para poder sacar y comprar mercancía.
“Aquí hay como progresar”, aseveró. Actualmente tiene 10 trabajadores que no acuden diario, por día van cinco o seis, no obstante, aseguró que la cantidad de trabajo es tal que podría emplear a 15 personas.
Don Ignacio Jaime Luján tiene una regla, jamás dejar de comprar a aquellos que acuden hasta el o sus hijos. “No dejamos de comprar porque la gente viene a vender porque algo que saque para sus tortillas”, aseveró.
La honestidad es muy importante para él y considera que se aplica en el momento de pagar bien a los trabajadores y a quienes acuden a vender desechos. “Porque el dinero que uno gana es para repartirlo, siempre se o he dicho a mis hijos, eso es para repartirlo y creo que Dios por eso bendice a uno más, porque mire de que dimensión es el negocio, yo empecé haya enfrente con un terreno chiquito. No tenía yo carro, pues sí me las he visto duras, pero he sobresalido”, declaró.
Una crítica a la juventud
Don Ignacio considera que la juventud no es la misma que antes. “Por el famoso cristal los jóvenes ya no quieren trabajar, vienen, trabajan, dos tres horas y se cansan y se van, ya no están fuertes como hace 20 años que yo trabajaba fuerte, ocupaba yo 20 jóvenes y mujeres para limpiar papel y cargar los tráileres. Ahorita de esa gente ya no hay”, expresó con franca molestia.
“Y si vienen, se empiezan a drogar, le digo -Aquí no es el centro de drogadicción- entonces mejor se molestan y se va”, recalcó. “Esos jóvenes que trabajan conmigo, unos ya murieron, otros están en el psiquiátrico, otros están mal”, entristeció.
Sus hijos, la segunda generación en el negocio
Actualmente los hijos de don Ignacio son los que llevan la dirección del negocio, llegó un día en que no pudo más con la presión y los obligó a tomar una decisión: le entraban o traspasaba el negocio.
“Los formé desde muy niños a trabajar, después de la escuela que me ayudaran, así se fueron formando, llegó el momento que estudiaron la secundaria, yo les dije, ya no puedo con el negocio, le entran o lo traspaso”, relató.
“Había uno de México que quería que yo se lo traspasara, en ese entonces pagaba, hace 12 años, cincuenta mil pesos por traspaso”, rememoró y actualmente sus hijos son los dueños de este negocio, una forma honrada de ganarse la vida.
Clientes de talla nacional
Don Ignacio tiene clientes nacionales, pues hasta la Ciudad de México envía el papel y el cartón que aglomera en su terreno. Este papel llega hasta China, pues es preferido debido a que cuenta con más fibra, en comparación con el papel que se produce, por ejemplo, en Estados Unidos.
El material de computo también lo entrega a México y también llega hasta el continente asiático, a China. Los metales también los vende a una empresa grande, que lo preparan y lo exportan a Kuwait, Hong Kong y Japón.
El plástico, este oaxaqueño, lo vende a una empresa internacional de refrescos, que hasta el momento aseguró ha dado buenos precios, por lo que su compromiso es también dar buenos precios a la gente y sobre todo, dar trabajo.
