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Oaxaca, entre refrescos y pobreza: la leche queda fuera de la mesa

Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

Mientras la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura promueve hoy el Día Mundial de la Leche para incentivar una nutrición óptima, en Oaxaca la realidad del consumo lácteo revela una profunda disparidad económica y un serio problema de salud pública. En el estado, un ciudadano promedio consume apenas 90 litros de leche al año, una cifra que representa la mitad de los 180 litros mínimos recomendados por los organismos internacionales de salud. 

La baja ingesta de lácteos está directamente vinculada al poder adquisitivo de la entidad. En un estado donde el 58.4 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, el acceso a este alimento es sumamente limitado. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), un oaxaqueño promedio destina aproximadamente 2 mil 160 pesos al año para comprar leche, tomando como base un costo promedio de 24 pesos por litro. No obstante, en las familias con menores ingresos (el primer decil), el costo de un solo litro de leche pasteurizada comercial representa casi la mitad del salario diario de un trabajador, volviendo a la leche de marca un auténtico artículo de lujo. Esta limitación financiera obliga a que cerca del 61 por ciento de las familias de los sectores más vulnerables dejen de comprar presentaciones comerciales fluidas y recurran a fórmulas lácteas o leche bronca. 

En contraste, el gasto familiar se inclina drásticamente hacia opciones menos saludables. Las estadísticas muestran que una persona en Oaxaca consume entre 150 y 300 litros de refresco al año, un volumen que supera por mucho a los productos lácteos y que compite de cerca con el consumo de agua purificada, el cual ronda apenas entre los 160 y 200 litros anuales por individuo.

Esta brecha comercial y cultural consolida a Oaxaca como el tercer estado con mayor consumo de bebidas azucaradas en el país. Mientras el presupuesto familiar limita la compra de nutrientes esenciales como la leche, la alta disponibilidad y el arraigo del refresco en las comunidades continúan dictando la dieta diaria de los oaxaqueños, planteando un desafío urgente para los programas de abasto social y las políticas de salud pública en la región.

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