La Batalla, el deporte prehispanico donde se juega con fuego | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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La Batalla, el deporte prehispanico donde se juega con fuego

Nadia Altamirano Díaz

Santo Domingo Yanhuitlán, Oaxaca.- Conforme la luz del día se extingue, las ganas de golpear una braza se avivan entre las y los jugadores de La Batalla, un juego prehispánico con elementos totalmente naturales: Bastones hechos de la rama de un árbol conocido como palo azul y con una flexibilidad que impide que al golpearlo se rompa y un tronco cilíndrico al fuego vivo de otro árbol conocido como pipi, colorín o zompantle.

En este municipio de la región mixteca que se caracteriza por su templo y ex convento dominico, tiene que ser una ocasión muy especial para jugar La Batalla, como las festividades por su patrono, Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los predicadores o dominicos que se convirtió en uno de los estandartes de la monarquía española que conquistó América.

Santo Domingo de Guzmán falleció el 6 de agosto del año 1221, pero algunas comunidades oaxaqueñas, como esta, lo veneraron en este 2022 este jueves, lo que incluyó convertir la calle frente a su palacio municipal y el parque, en una cancha sin porterías ni red.

El reto que acepta cada uno de los dos equipos, conformados por tres o hasta cinco integrantes, es golpear con un palo el tronco en brasas para llevarlo al extremo contrario.

El llamado

La bocina en el techo del palacio municipal es el medio para convocar a jugadores y espectadores a la batalla.

La banqueta, un escalón o el propio piso se improvisan como gradas de las que se tendrán que mover si la pelota hecha de fuego amenaza con quemarles.

En un anafre se alistan los balones que se deforman en cada golpe.

David Miguel es uno de los voluntarios que se encargan de vigilar el punto exacto del tronco: “Si la madera está negra, todavía le falta, si ya está café, ya está lista”.

Una larga cuchilla que clavan a mitad del tronco ayuda a colocar el balón a mitad de la cancha que a estas horas de la noche es intransitable.

No hace falta colocar ningún señalamiento que lo advierta, este juego es sólo para pobladores y aquí lo saben.

Julio Ángel Miguel Ramírez, un hombre de 68 años que tuvo la iniciativa de retomar La Batalla como un juego entre la niñez y la juventud, es el cronista del primer encuentro, uno que sólo puede empezar después del volado que define a qué equipo le corresponde el saque.

Los integrantes en cada equipo no pueden superar los cinco, los cien metros de calle lo impiden.

Elevar el número implicaría buscar un espacio más amplio, pero también mejorar la condición física, porque es “un juego agotador”.

Antes de que se prohibiera este juego, las personas de mayor edad le contaron a Julio Ángel que La Batalla se jugaba por diversión, después de cumplir con la faena del día en condiciones de esclavitud.

"Se jugaba antes porque los señores de ese entonces no tenían otra cosa que hacer en la noche, por eso le prendían fuego a un tronco, porque no había balón, ni luz", recuerda el señor Julio Ángel.

Fue él quien siguió las reminiscencias de este juego, haciendo su propia investigación en 1994, para que al año siguiente este juego volviera una vez al año a Yanhuitlán.

 Reglas

A diferencia del fútbol que se puede practicar en cualquier momento o lugar, La Batalla requiere la autorización de las autoridades municipales que piden la presencia del médico de la clínica de este municipio.

“Casi no tiene reglas, se pusieron unas básicas: si sales lastimado te tienes que salir, se juega bajo tu propio riesgo”, aclara para quienes conocen por primera vez La Batalla.

La única manera de medir el tiempo del arranque es la presencia de suficientes jugadores que espontáneamente eligen el nombre de su equipo sin uniforme ni zapatos especiales.

Los primeros en comenzar son las autoridades municipales, seguidos de dos equipos infantiles y en uno participó Reyna, una niña de 11 años que demostró que la rudeza y la fuerza no es exclusiva de los hombres, “quien quiera puede jugar”.

Sus padres, pero también su abuelo Evaristo, la animaron a experimentar esa alegría que se siente al atizar el fuego simulando que un tronco es un balón.

“Se tiene alegría, muy feliz, a mi me encanta jugar, es tradición de los abuelos”, expresa Evaristo, quien tenía 10 años cuando jugó por primera vez La Batalla, cuyo riesgo es quemarse los pies, por eso “hay que saber jugar y cuidarse el uno al otro”.

Jaciel tiene diez años y hace dos empezó a participar en La Batalla y aunque su cuerpo es ágil, en cada encuentro termina sudando y con la adrenalina.

La excitación de manipular el fuego en el piso, a Angélica de 15 años le provocó “un poco de miedo”, pero al terminar su participación sintió que fue “cool”, aunque se golpeó la mano y su equipo no resultó ganador.

Sin premios

Una botella de agua o de refresco para aminorar la sed y una nueva reta con otro equipo ganador, es el único aliciente que se ofrece a quienes ganan, porque aquí no hay trofeos ni premios.

“En el pasado este era un deporte que unía, como es un pueblo pequeño en las noches se enfrentaban sus dos barrios, en los terrenos de cultivo, donde había casas de paja y si las brazas llegaba a encender, no había a nadie a quien culpar y se daban la mano para apagar el incendio”, es parte de lo que le contaron sus abuelos a Julio Ángel.

En un futuro los pobladores le gustaría que puedan haber encuentros con municipios de la Mixteca que ya practiquen La Batalla, pero bajo la supervisión de las autoridades y por mera diversión, pues se corre el riesgo de perder un diente o terminar con un tobillo torcido porque “es un juego muy aguerrido” en el que “hasta las señoras tenían que entrar a defender el honor de su pueblo”, porque nunca La Batalla se ha hecho por dinero.

 

LA BATALLA

Un juego que en la Mixteca de Oaxaca se practicaba en tiempos prehispánicos.

Se desconoce cuándo comenzó a practicarse.

En la época de la Conquista se prohibió su práctica por atribuirlo a celebraciones paganas.

A diferencia del juego de la Pelota Mixteca, La Batalla no tiene un fin divino, se práctica sólo por diversión.