La guerra imperialista contra Irán no es un hecho lejano. Es la expresión cruda de un capitalismo salvaje global que, cuando entra en crisis, recurre a la guerra como mecanismo de reacomodo económico y geopolítico. Creer que Oaxaca está a salvo por distancia geográfica es ingenuidad política. En un mundo interdependiente, los conflictos escalan, impactan mercados, presionan finanzas públicas y ofrecen a gobiernos dependientes el pretexto perfecto para endurecer políticas anti obreras bajo el argumento de “estabilidad macroeconómica”. Cuando el escenario internacional se crispa, los gobiernos débiles se alinean y ajustan cuentas internas. Y son los trabajadores los que pagan la factura.
En ese contexto, localmente la vida no se detiene. Se acerca la enésima jornada de lucha magisterial, marzo-mayo de 2026. El movimiento magisterial oaxaqueño (MDTEO) volverá a las calles, previsiblemente con el 80% de su base instalada en el zócalo capitalino. No es novedad. Es parte de una tradición de 46 años de confrontación con gobiernos de distinto signo que, en lo esencial, han respondido con la misma lógica: regateo, desgaste y simulación.
La gobernabilidad oaxaqueña atraviesa un momento delicado. Apenas se cierra una crisis cuando ya se incuban dos más. Burócratas inconformes, normalistas movilizados, inseguridad creciente, revocatorio fallido, denuncias de nepotismo, tragedias institucionales en el DIF. Una acumulación de tensiones que configuran un entorno de fragilidad política evidente. Y ahora se suma la movilización magisterial. Revisando los acuerdos de la última Asamblea Estatal del MDTEO y de la propia Asamblea Nacional de la CNTE, el libreto es previsible. Se repite el guion del año anterior con ajustes menores. Del otro lado, tanto la Presidenta Sheinbaum como el gobernador Jara seguramente preparan respuestas administradas: mesas de diálogo con café y galletas, concesiones parciales, anuncios que aparentan avance pero preservan la estructura central del modelo.
Gatopardismo político dominante, cambiar algo para que nada cambie. Es preocupante la repetición de la estrategia no tanto la repetición del conflicto. El entorno económico-político-social ha cambiado radicalmente desde 1980 —globalización financiera, digitalización del trabajo, cambio tecnológico, precarización laboral—, al interior del MDTEO pareciera operar una conciencia sindical que resiste toda actualización profunda. Se transmite una cultura política de generación en generación que valora la movilización, pero recela de la innovación estratégica. Y este año habrá relevo seccional. La pregunta es ineludible: ¿será posible refundar para oxigenar al movimiento?
Después de 46 años, incluso aliados históricos coinciden en que se requiere avanzar más que solo mantener la resistencia. Se necesita revisión crítica, renovación táctica y lectura fina del momento político. Tomando en cuenta que enfrente no hay improvisados. Por ejemplo: la dirigencia nacional del SNTE, hábilmente cobijada bajo el manto presidencial, opera con lógica institucional. Ha extendido su permanencia más allá de tiempos razonables y contiene tensiones internas que podrían estallar. Las secciones institucionales bullen en una olla de presión sin válvula clara de escape. El pospuesto cambio nacional puede derivar en depuración abrupta. La “troika” sindical podría intentar salvar el aparato sacrificando cuadros incómodos. El darwinismo sindical no perdona.
En este tablero complejo, el MDTEO debe definir si seguirá jugando únicamente a la confrontación ritual o si dará el salto a la construcción de alternativas viables en tres de sus ejes estratégicos:
1.Aumento salarial real. En materia salarial, el dilema es estructural. México mantiene incrementos condicionados por disciplina fiscal y compromisos financieros internacionales. Superar ese techo implica no solo presión callejera, sino debate sobre política fiscal, recaudación progresiva y redistribución efectiva. Sin reforma tributaria que grave grandes capitales, cualquier aumento significativo será presentado como “irresponsabilidad macroeconómica”.
2.Reforma educativa. En educación, la mal llamada reforma Peña-AMLO mantiene intactos dispositivos como USICAMM, que cancelan la bilateralidad histórica y subordinan la carrera docente a criterios administrativos centralizados. Sin recuperar capacidad de incidencia real en la política educativa, la lucha se reduce a defensa reactiva, entre otras afrentas a las conquistas sindicales.
3.Reforma pensionaria. En pensiones, el núcleo del problema sigue siendo la reforma del ISSSTE de 2007. El sistema de cuentas individuales trasladó el riesgo al trabajador. Regresar al Décimo Transitorio para quienes aún están en condiciones, revisar el modelo del PensionISSSTE hacia esquemas verdaderamente tripartitos y la supresión de voraces AFORES no es radicalismo: es debate necesario sobre seguridad social sostenible.
Para que las demandas transiten de consigna a propuesta, se requiere más que la lucha callejera. Se requiere claridad técnica, alianzas estratégicas y narrativa que conecte con una sociedad cansada de bloqueos pero igualmente harta de simulaciones gubernamentales. Además de que el gobierno estatal enfrenta su propia fragilidad. Después del revocatorio, la legitimidad no se reconstruye con mañaneras. Se reconstruye con resultados. En un escenario internacional incierto, con tensiones fiscales internas y calendario electoral avanzando hacia 2027, cada movimiento será leído en clave de posicionamiento político. El magisterio debe decidir si será actor estratégico o ficha dentro de cálculos mayores. Oaxaca no necesita otro ciclo de desgaste. Necesita voluntad política e inteligencia de ambos lados.
