Alejandro José Ortiz Sampablo
Me preguntaron, vía mensaje de texto, si en el psicoanálisis podemos atender a las personas que tienen problemas con el deseo sexual, en específico cuando el varón ha sufrido una rebaja de dicho deseo por su pareja.
La pérdida del deseo
El deseo sexual en muchas ocasiones representa un problema en las relaciones de pareja, ya sea por su forma exacerbada o por su casi inexistencia. Hombres y mujeres manifiestan cambios en el deseo sexual dentro de la relación, las causas pueden ser diversas. En el caso de los varones la explicación parece obtenerse con menor dificultad.
Si descartamos la aparición de un tercero o un mal orgánico, nos queda la explicación de que el deseo sexual es inhibido por una imposibilidad psíquica. Dicha inhibición eventualmente puede recaer sólo en ciertas personas que cumplen con las condiciones para ello, pues llega a ocupar un lugar específico en la psique.
Es importante realizar una aclaración: Ya que en el mensaje no me brindaron más información, podría cometer una imprecisión al homologar deseo sexual con impotencia.
Mientras el primero podemos tomarlo como una pérdida de interés por el objeto -llamémosle de amor-, el segundo no necesariamente es el resultado de la pérdida del deseo, incluso son muy conocidos los casos donde el deseo exacerbado, en conjunto con las altas expectativas creadas, lleva a los hombres a sufrir de impotencia pasajera, como es el caso de muchos enamorados en su primer encuentro sexual con la mujer amada.
Un engaño generalizado
Hecha la explicación tomemos un rumbo y, dado que el mensaje fue escueto, me tomaré la libertad de elegir uno. En las relaciones de pareja es de sabiduría popular que el deseo sexual por parte de algunos varones disminuye cuando la mujer se convierte en madre o que incluso este deseo se pierde desde el momento del embarazo, aun cuando esto no es una regla que aplique para todos, son estos varones quienes dibujan una dinámica particular en tanto objeto de amor y de deseo.
Aunque lo siguiente que mencionaré se encuentra desdibujado en la actualidad, para el hombre existen “la mujer“ y “las otras”, como lo decían los hombres de antaño “mi esposa y las demás”, es decir aquel objeto de amor que es colocado en un lugar especial, donde el hombre cree depositar a un tiempo la corriente tierna y la sexual. ¡Vaya ilusión!
Un saber que se encuentra a todas luces, el cual tanto hombres como mujeres pretenden negar, es que la corriente tierna y la sexual, en el caso del hombre, difícilmente convergen en un mismo objeto, aunque pareciera que al inicio de toda relación esto no es así. Por lo general basta que el hombre acceda a su goce sexual para que, al pasar del tiempo, que en ocasiones es muy poco, este pierda todo interés por la que, en su momento, juró era el amor de su vida.
Continuará el miércoles…
