Fotos: Cortesía Biani Martínez Romero
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y el endurecimiento de sus políticas migratorias con las constantes redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), han provocado miedo, ansiedad y hasta aislamiento social en niños y adolescentes en Los Ángeles, California.
Aunque el trabajo voluntario en organizaciones civiles que ayudan a la comunidad migrante se ha convertido para muchos de ellos en una alternativa para aliviar ese estado psicológico.
“Cuando empezaron las redadas de ICE en Los Ángeles, la angustia me afectó de una forma casi paralizante, especialmente como joven de 17 años. En los últimos dos meses, hemos presenciado una marcada transición en nuestras comunidades. Antes, un viaje en autobús a la escuela o al trabajo no causaba el pánico y el miedo que causa ahora. Con ICE en nuestras calles, la gente lo piensa dos veces antes de salir de casa. Es paralizante tanto para los afectados directa o indirectamente. Ver a comunidades, familias y amigos vivir con miedo puede ser increíblemente angustiante”, relata Amelie Vélez Martínez, una zapoteca de tercera generación en Los Ángeles.
LEE MÁS: ¿Comida o útiles escolares? El dilema de familias jornaleras migrantes
Sin embargo, el trabajo voluntario en las Comunidades Indígenas en Liderazgo (Cielo), la organización fundada por su madre Janet Martínez Romero y su abuela, Odilia Romero Hernández, defensoras de los derechos humanos de la comunidad migrante en la urbe angelina, ha permitido que se mantenga enfocada sobre todo, encontrar fuerza ante esta situación.
“Además de salir a las calles a protestar, he ofrecido mi tiempo como voluntaria a la comunidad migrante. Cielo es una organización sin fines de lucro que se enfoca en servir a las comunidades indígenas migrantes. Recientemente, se han adaptado para ayudar a los afectados por la reciente afluencia de agentes de ICE, entregando cajas de comida y creando un fondo de ayuda solidaria donde han depositado setenta mil dólares en manos de los afectados por las redadas. Cielo, es para la gente y por lo tanto, cuenta con el apoyo de la gente. Gran parte de la entrega y el empaque de las cajas de comida se realiza con la ayuda de voluntarios”, cuenta.
Como voluntaria, ha participado con otras personas en diversas actividades, como empacar frijoles, contar tomates o entregar cajas de comida; ya que cada elemento funciona en conjunto y permite que sucedan grandes cosas.
“Lo mejor es la cantidad de personas diferentes que se ofrecen como voluntarias, creando una comunidad fuerte y un momento divertido. Me ha permitido conocer a mucha gente. Ya sea el hombre maya de sesenta años con un gran sentido del humor y un gran amor por la conversación o dos hermanos zapotecas que siempre están a cargo de la música y siempre tocan al menos un jarabe. O el chico oaxaqueño recién graduado que no está completamente seguro de su pueblo, pero sabe que su comunidad y Cielo lo han ayudado, por lo que se esfuerza por ayudar. Cuando se les pregunta por qué estos voluntarios hacen lo que hacen, sus respuestas varían. Para los mayores, es un lugar de comunidad donde encuentran muchas conversaciones significativas en sus lenguas maternas. Para los más jóvenes, es una manera sencilla de completar las horas comunitarias obligatorias para la escuela. Y en algún punto intermedio, los treintañeros encuentran empoderante hacer algo por sus comunidades”, narra.
Aunque a primera vista estos voluntarios puedan parecer un grupo extraño, todos encajan a la perfección, porque lo que realmente une a todas estas personas es la sólida comunidad que se construye durante el voluntariado y la ayuda que pueden brindar simultáneamente.
“En este caso, significa pasar tiempo juntos empacando bolsas llenas de productos y artículos de despensa que luego se entregarán a quienes esperan en sus hogares. Otra parte del voluntariado que experimento es llevar estas bolsas y cajas a los hogares de las personas, una tradición que he adoptado con Aurora Pedro, miembro del equipo de Cielo, quien habla principalmente q'anjob'al, akateko e inglés. Pasamos nuestro tiempo llamando y recorriendo diferentes hogares. Nos reunimos con familias indígenas en sus puertas, donde nos reciben con calidez, amabilidad y gratitud. A menudo, incluso con la emoción que sienten al ser recibidos en q'anjobal por Aurora y compartir sus preocupaciones, logran ser escuchados y comprendidos con mayor claridad en su lengua materna. El esfuerzo por la comunidad es increíblemente importante., especialmente para personas como la familia de siete personas que está bajo el cuidado de un padre soltero o la mujer cuyo esposo fue detenido recientemente e incluso una madre de cuatro hijos que siempre lleva a su bebé más lindo atado a la espalda cada vez que sale a buscar su caja de comida. Estas personas son parte de mi comunidad y son personas a las que he podido ayudar, incluso si solo se trataba de contar tomates o llevar una bolsa de pollo a sus puertas. Dicho todo esto, incluso cuando las cosas parecen desesperanzadoras, aterradoras y angustiantes, es importante centrarse en lo que se puede hacer”, refiere.
