La oleada de bajas ventas parece ser eterna; a pesar de que aquí las frutas y verduras son más frescas y tienen un precio de remate, los habitantes de la capital oaxaqueña no acuden a la Central de Abasto para adquirir sus alimentos o sus frutos.
Los productos que aquí se expenden son recién cosechados, porque muchos vendedores sólo comercian con frutos de la temporada.
La chilacayota y el mango son un ejemplo de los frutos que se cosechan durante este temporal, pero la abundancia obtenida de la siembra no se refleja en las ventas; los pasillos están desiertos y los compradores son como una especie en peligro de extinción, que debe ser atraída con la cortesía de ofrecer sus productos.
Larga jornada laboral
De las seis de la mañana hasta las 20:00 horas permanece en su puesto, ubicado en la calle de Mercaderes. FOTO: Javier Jarquín
Los "lléveselas nomás por 15 pesitos", el "pásele güerita, qué va a querer" y el "aquí está lo fresco y lo bueno", son algunas de las oraciones con las que doña Eustolia Vásquez invita a comprar la chilacayota en su puesto, ubicado en la calle de Mercaderes.
Doña Eustolia soporta su larga jornada de trabajo (14 horas) con las visitas que hacen durante el día sus hijos y nietos, pero su fiel acompañante laboral es Panchito, un perico que aborda los hombros de la mujer mientras ella atiende a sus clientes.
"Llegamos a la Central de Abasto desde hace 30 años, nos dedicamos a la venta de las frutas del temporal; por ejemplo, en la cuaresma se da la chilacayota y en el mes de Todos los Santos (noviembre) las manzanas"; a sus 58 años, la mujer menciona que la venta ha ido en picada y que los tiempos cambiaron.
"Está muy triste la situación, las ventas están muy bajas, a veces nos va bien y vendemos dos o tres chilacayotas al día, no sabemos ni qué vender, la verdad"; doña Eustolia afirma que la crisis económica es un factor que se repite en los demás vendedores que asila la calle de Mercaderes.
Esperan ventas en Samaritana
La esperanza de que las ventas mejoren es latente debido a que dentro de poco se celebrará el cuarto viernes de la cuaresma, fecha en la que los oaxaqueños ofrecemos aguas frescas y tradicionales a los sedientos y curiosos; "esperemos que no se pierda la tradición del día de la Samaritana, porque los que saben del agua vienen a comprar sus chilacayotas".
El fruto que vende proviene de San Miguel Peras, municipio donde también se encuentra el hogar de doña Eustolia, en la comunidad de San Manzanito.
"Tuvimos que rentar una casa cerca del mercado, porque imagínese, sería imposible ir y venir; más sería el gasto que hacemos que lo que vendemos"; la mujer sólo puede viajar a casa cada quince días o en lapsos de meses.
En un día, la señora Vásquez mínimo se lleva 100 pesos de ganancia, si le fue bien, por lo que invitó a las familias oaxaqueñas a recuperar la Central de Abasto y apoyar la economía de familias como la suya, que apenas y venden tres frutos.
Precios, los más bajos
Las verduras son frescas y sumamente económicas; bolsas de limones de 10 pesos, papas de 15, etcétera. FOTO: Javier Jarquín
En el comienzo de la calle de Mercaderes, una mujer amarra las hojas de las cebollas con una destreza obtenida por los años; sobre la mesa también hay decenas de mangos que todavía están un poco verdes, pero la promoción es inigualable, por 15 pesos te llevas 25 mangos.
-Tómele foto a los mangos si quiere, pero ando medio ocupada.
- ¿Cómo se llama usted, doñita?
- Póngame el nombre que guste.
"Doña Carmen", concentrada en su actividad, sólo contestó que los mangos recién están cayendo de los árboles y que la mayoría de los frutos provienen de la región del Istmo de Tehuantepec.
Bolsas con más de 15 limones a sólo diez pesos, los tomates también se venden entre 10 y 15 pesos el kilo, papas a 15 pesos, racimos de cebollas a 12 o 10 pesos, o la chilacayota que por su tamaño puede venderse entre los 15 y 60 pesos.
Los vendedores permanecen de las seis de la mañana hasta las 20:00 horas, largas jornadas de venta en las que esperan clientes que aún recuerden los mercados principales de la capital; pasillos y corredores de la Central de Abasto, donde la vendimia es local y los beneficiados son paisanos.
