Historia y actualidad de las casas de apuestas en el Reino Unido

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La pandemia del coronavirus, el confinamiento y las restricciones a la circulación como medida principal para evitar los contagios, y la consecuente -y lógica- recesión económica provocada configuraron una crisis muy grave en el sector de las casas de apuestas.

La situación de los casinos y las casas de apuestas es realmente apremiante. Y el caso de la gran empresa William Hill es quizás el más significativo, luego de un año en el que llegaron a registrar pérdidas netas por 11,4 millones de euros solo en el primer semestre del año.

Es que aquel cóctel pandémico terminó por destrozar a una empresa grande, respetada y vanguardista como William Hill, que pese a tener un gran respaldo económico y millones de usuarios, entre enero y junio de 2020, los ingresos obtenidos de sus locales físicos se retrajeron un 62,5%, facturando tan solo 160,6 millones de euros.

Eso derivó en una drástica pero sensata decisión por parte de sus dueños: vender la compañía. Tras una estrecha y depredadora puja entre el fondo de inversión Apollo y el grupo de casinos y hoteles Caesars Entertainment, fue ésta última la que a finales de 2020 terminó quedándose con William Hill.

La cifra por la que se habría sellado la adquisición de William Hill se estima en 3.200 millones de euros, lo que sugiere que la oferta de Caesars Entertainment fue de 2,72 libras por acción.

Este panorama desolador que tuvo que vivir una empresa de la magnitud y el prestigio de William Hill lleva a pensar cuál es el presente que viven muchas otras de las empresas del rubro, que también debieron atravesar la pandemia con incertidumbre y, principalmente, pérdidas.

Para ello, hay que remontarse cientos de años hacia atrás y analizar la historia de las casas de apuestas en el Reino Unido. No hay casas de apuestas sin juego, ocio y deportes: las casas de apuestas no se legalizaron en el Reino Unido hasta el siglo XIX.

Hasta el año 1845, cuando se decretó y promulgó la Ley de Juego, en el Reino Unido todas las apuestas se realizaban en un ámbito estrictamente informal, eran ilegales y no estaban controladas por ningún organismo ni ente oficial, lo que podía derivar en situaciones delictivas que incluían la manipulación de los resultados.

Pero fueron la popularidad de los deportes lo que motivó al gobierno a impulsar una Ley de Juego, permitiendo no solo evitar cualquier tipo de ilegalidad y fraudes, sino también facilitando un engrosamiento de las arcas del Estado, gracias a la recaudación impositiva a través del juego.

Primero comenzaron con las apuestas en las carreras de caballos. Luego, avanzaron hacia las carreras de galgos. Y, finalmente, fueron incorporando deportes masivos como el fútbol, que para ese entonces se abría caminos por toda Europa.

A su vez, el espíritu colonialista del Reino Unido propiciaba el contagio de esta tendencia de apuestas alrededor de los deportes y también la proliferación de las casas de apuestas en distintos territorios, satisfaciendo una necesidad de los pueblos, como el ocio y la diversión, en tanto sus clientes y usuarios contaban con la posibilidad concreta de ganar dinero de manera fácil, rápida y sencilla.

Desde entonces las casas de apuestas han evolucionado. Apoyadas en la tecnología y la masividad y democratización de internet, muchas de ellas (incluida William Hill) han abierto unidades de negocio más rentables, como las plataformas para las apuestas y el juego online.

Y fueron estas las que -lógicamente- mejor se adaptaron a las restricciones impuestas como consecuencia de la pandemia del coronavirus. De hecho, en su gran mayoría, las casas de apuestas online crecieron en cuanto a usuarios e ingresos durante 2020.

Otras como William Hill, poseedora de una gran cantidad de locales físicos, cayeron en una espiral de pérdidas y tuvieron que buscar otras alternativas para remontar la situación.