"No nos gusta venir... siempre hay un bloqueo"
La desesperación suena al grito del claxon, al motor ronroneando sin avanzar, al espejismo de calor sobre el todo del carro, a una nube de polvo que no te deja abrir las ventanillas y al sol que golpea justo en la nuca.
En el otro vehículo que avanza en sentido contrario, un conductor indica con el cuerno de la mano que no hay paso, que hay que dar la vuelta y regresar sobre los pasos marcados por la fila de vehículos que se extienden como serpiente metálica sobre las veredas y pequeñas calles de Tlalixtac.