La Guerra de los Cien Años marcó para siempre la historia de Francia e Inglaterra. Un conflicto en el que los nombres de sus protagonistas resonaron con fuerza. Pero solo un hombre pasó de ser un héroe a un monstruo salido del Averno, Gilles de Rais, el mariscal compañero de Juana de Arco, que violaba niños muertos.
De compañero de Juana de Arco, a brutal asesino en serie. Gilles de Rais inspiró el cuento de Barbazul, por sus crímenes.
Su orfandad
Gilles de Rais nació a principios del siglo XV, en el oeste de Francia. Proveniente de una familia noble, su destino era educarse como futuro señor y caballero. Pero, por caprichos de la vida, se quedó huérfano a la edad de once años. Por ello pasó a la tutela de su abuelo materno.
El abuelo era un hombre sin escrúpulos que sólo miraba por su propio beneficio. Así, descuidó la educación de su nieto, al que le dejaba hacer todo lo quisiese. Gilles de Rais destacó por su aptitud para el combate. Era fuerte, temerario e implacable. Junto a su abuelo, y con sólo 16 años, planeó y ejecutó el rapto de una de sus primas.
El objetivo era extorsionarla bajo la amenaza de lanzarla al río Loira dentro de un saco, para que muriera ahogada como un gato. Tres hombres trataron de rescatarla, pero fueron encerrados en las mazmorras de la torre del castillo de Champtocé; uno de ellos incluso murió durante el cautiverio. No es de extrañar que, con el tiempo, fueran a más los crímenes de Gilles.
Guerrero despiadado
Su abuelo quería que llegase a la cumbre del poder francés. Para ello lo puso bajo la protección de un gran señor, como consejero de confianza en asuntos militares y económicos.
Después, durante la Guerra de Sucesión Bretona, Gilles tuvo su bautizo de fuego. No sólo destacó como estratega si no que, además, se convirtió en un mortífero guerrero. Encima, estaba dotado de una talla superior a la media de la época.
Pero, las experiencias de la guerra no ayudaron a que el carácter de Gilles se templara.
El demonio y la santa
La guerra contra Inglaterra continuaba y Gilles de Rais era una estrella en ascenso. La mano derecha del rey francés vio en él una oportunidad para mejorar su posición, gracias a sus éxitos militares. Así, los caminos de Gilles de Rais y Juana de Arco se cruzaron.
Juana era una celebridad en Francia. La historia de la niña que había sido enviada por Dios para acabar con los ingleses arrastraba hombres al campo de batalla en pos de tan alta causa.
Así, y contra todo pronóstico, un ejército francés comandado por nuestra extraña pareja liberó en ocho días Orleans, de un asedio que ya duraba meses.
Las victorias fueron sucediéndose y Gilles de Rais era feliz sirviendo de escolta de la santa, la cual le tenía fascinado.
Con 25 años Gilles de Rais fue nombrado mariscal de Francia. El más joven de la Historia. Su fortuna era inmensa y era feliz peleando por Juana de Arco.
Abismo de muerte y depravación
Pero todo cambió con la captura de Juana por parte de los ingleses y su ejecución en la hoguera. Además, su protector, la mano derecha del rey francés, cayó en desgracia por juegos políticos de la Corte francesa. Gilles de Rais perdió su título de mariscal y se retiró a un castillo de su posesión, para curar sus penas. Esto se convirtió en su caída a un abismo de muerte y depravación.
Gilles sentía pasión por las artes; así que, jubilado de la guerra, se dedicó en cuerpo y en alma a su disfrute. Sus gastos no conocían limites. Por ejemplo, patrocinó una obra de teatro sobre la batalla de Orleans, con más de 150 actores. La entrada era gratuita y se daba de comer a los asistentes. Le costó 80.000 coronas de la época, una auténtica fortuna.
Con semejante ritmo de vida, el dinero se esfumaba, así que tuvo que buscar diversos modos de pagar sus caprichos. Vendió terrenos, castillos y títulos, pero no era suficiente. Así las cosas se rodeó de alquimistas, que le prometían la piedra filosofal. El más terrible de todos era un florentino, que le prometió riquezas a través de pactos demoníacos.
A partir de aquí, el hogar de Gilles de Rais se convirtió en un escenario de pesadilla y él en un monstruo. Los niños de los alrededores de su castillo empezaron a desaparecer.
Pactos demoníacos
Gilles y su Corte, se dedicaron a usarlos como ofrendas en rituales para invocar demonios. Ojos, corazones y órganos, eran ofrecidos a un demonio llamado Barrón. Y no sólo eso, también violaba a los niños ya fuera en vida o una vez muertos. Decoraba sus estancias con cabezas en picas y extremidades, abrazaba los cadáveres y lloraba lamentado lo que había hecho. Cogía las cabezas decapitabas y besaba los labios de los que consideraba más hermosos. Pesadilla y realidad se habían fundido en su ocio.
El cuento de horror de Perrault, Barbazul, y sus descripciones sobre las habitaciones llenas de cadáveres, está basado en los crímenes de Gilles de Rais, cuento superado de nuevo por la realidad.
La muerte del monstruo
Durante ocho años, Gilles de Rais cometió sus crímenes, hasta que, ante las investigaciones por las desapariciones, Gilles atacó a un sacerdote y fue capturado. Se registraron sus posesiones, donde aparecieron los macabros restos de su obra, y se procedió a interrogarle.
El relato de sus crímenes conmocionó a los presentes. Salieron a la luz todas las vejaciones que practicaba a los niños y jóvenes de entre 7 y 20 años. También las violaciones pedófilas, las torturas, los cadáveres colgados del techo por ganchos y las decapitaciones.
Finalmente un destrozado Gilles, lloroso y arrepentido, fue declarado culpable y condenado a morir en la horca. Seguido de un séquito, que pedía por el perdón de los pecados del antiguo mariscal, Gilles murió ahorcado. Por su arrepentimiento, dejaron que sus restos reposaran en la iglesia carmelita de Nantes.



