Al caer el sol en la selva amazónica comienza un ruido ensordecedor iniciado por un ave particular que los originarios han llamado Guajojó.
Es un plumífero “realmente muy feo”, según los lugareños, pues no tiene plumaje colorido ni alas grandes que podrían hacerla especialmente llamativa.
Al contrario, a su color opaco y forma los confunden con troncos secos, una característica que ha ayudado a que sobreviva los ataques de los indígenas que la consideran "de mal agüero".
Sus plumas semiencrespadas parecen escamas en un cuerpo de no mayor tamaño al de una gallina.
La característica principal de esta afamada ave no se concentra sólo en su horrenda apariencia, sino en sus desgarradores chillidos, dispuestos a perturbar a cualquiera.
Una leyenda de amor
El mito de "El Guajojó" es famoso en el oriente boliviano. Cuenta la leyenda, que hace varios siglos en una antigua tribu de La Chiquitanía, existía una hermosa joven, hija del cacique de uno de los pueblos del territorio amazónico.
Esta muchacha se enamoró de un joven de un nivel menor que el de ella, pero el amor pudo más que las clases sociales y ambos se veían en secreto para demostrarse su amor.
Sin embargo, su romance duró poco. Cierto día, el celoso padre de la joven se enteró de la aventura romántica de su hija y decidió ponerle fin.
Tramó que el pretendiente desapareciera antes de consumarse el acto de amor de la pareja, porque “el intruso” heredaría su trono como cacique y el amor de su hija.
Por medio de engaños llevó al novio de su hija a la selva y cuando estuvieron muy adentrados en la maleza, el cruel cacique asesinó al joven.
El corazón de la muchacha presintió que algo había ocurrido con su amado y corrió hasta la selva, tan solo para ver que él yacía sin vida en el suelo cerca de su padre.
La dolida joven en medio de un amargo llanto reclamó a su padre lo acontecido y dijo que se lo diría a todos en la tribu.
Entonces su padre que también era hechicero hizo una terrible acción para evitar que su hija lo delatara.
Por ser descendiente suya, no se atrevió a matarla, pero por medio de su magia le quitó la capacidad de hablar y la convirtió en una horrible ave nocturna, por tanto estaba destinada a deambular con su eterno lamento.
Antes de que la metamorfosis se completara, la muchacha alcanzó a pronunciar el nombre de su amado “Gua-jo-jó”.
Desde entonces, durante las noches en la selva se escucha el estremecedor y triste sonido emitido por esta ave, reclamando el asesinato de su amado.
El canto atrae los malos espíritus
El guajojó es ahuyentado de los sitios poblados porque cuando canta la gente en realidad cree que es el fantasma de la mujer que llora la muerte de su amado y atrae nuevos lamentos y los malos espíritus de los hechiceros, como su padre que rompió con su unión de amor verdadero.
Así las familias se escapan de la presencia del ave, pues están seguras de que si se posa en una casa estarán destinadas al fracaso, a la muerte o a la mala suerte en cualquier sentido de sus vidas.
En Bolivia, la leyenda del guajojó está presente sobre todo en el Oriente. A diferencia de otras leyendas más contemporáneas, como la viudita, el carretón de la otra vida o el duende, la del guajojó tiene sus orígenes en tiempos aún más lejanos.
El nombre está relacionado con la onomatopeya del canto del ave, cuyo lamento hace creer que dice ‘gua-jo-jó.
Misterioso canto del ave fantasma
El ave, que habita desde Centroamérica hasta el norte argentino, es una de las más fascinantes y enigmáticas del continente. Es extremadamente silenciosa, pero cuando canta causa gran conmoción entre los que lo oyen.
Ese misterioso canto, que dio origen a multitud de leyendas en cada zona donde se lo conoce es la razón por la que lo asocian con un fantasma, ya que es similar a los lamentos de una persona en penuria y por ello en los pueblos se lo consideraba un pájaro "de mal agüero".
De la misma manera, en cada región le aplican una serie de curiosos nombres comunes que hacen referencia a alguna de sus características.
Su nombre científico es nictibio urutaú (nyctibius griseus) y también es conocido popularmente, dependiendo de la región, como urutaú, kakuy, pájaro estaca, guaiguîgué, pájaro fantasma, pájaro bruja, ayaymamá o la serenera.
En Paraguay se lo conoce como urutaú. El posible origen del nombre sería “guyrá” pájaro, y “taú” espíritu, es decir, ave fantasma.
La forma de nombrarlo tiene mucho que ver con el particular canto nocturno que emite.



