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El asesinato de Judith Barsi

Foto(s): Cortesía
Redacción

Nacida en el Valle de San Fernando (Los Ángeles) el 6 de junio de 1978, Judith era hija de Jozsef y María Barsi, un matrimonio de origen húngaro.


Prometedora carrera como actriz


Judith fue descubierta por casualidad por un cazatalentos en una pista de patinaje en 1983, cuando contaba cinco años, aunque creyendo que era más pequeña; sufría un déficit congénito de hormona del crecimiento que había retrasado su desarrollo.


A los diez años, pese al tratamiento hormonal que recibía, apenas medía 1'12 m. y todavía hacía papeles de niñas de 7 y 8 años. Su debut en televisión fue protagonizando un anuncio de zumo de naranja.


Su trabajo en la publicidad le sirvió como trampolín para dar el salto a la interpretación, con apariciones en películas (Tiburón: la venganza) y series de televisión (Remington Steele, Punky Brewster, Vacaciones en el mar).


También se dedicó al doblaje de dibujos animados; su trabajo favorito había sido poner la voz a uno de los protagonistas de la película En busca del Valle Encantado. Los que trabajaron con ella quedaban encantados; era una niña inteligente y cariñosa, con un talento innato para la actuación.


No obstante, pese a su éxito laboral, en su vida privada Judith vivía un infierno provocado por un monstruo mucho más temible que los de sus películas: su padre, Jószef.


Joszef Barsi había huido de Hungría tras la invasión de las tropas soviéticas en 1956. Se instaló primero en Francia, donde se casó con su primera esposa, Klara, una exiliada húngara como él, y donde nacerían sus dos hijos mayores, Barna y Ági.


En esa época Jószef comenzó a beber en exceso y a maltratar, física y verbalmente, a su familia. Los Barsi se mudarían en 1964 a Nueva York, donde continuaron los malos tratos hasta que Klara, harta, lo abandonó en 1969.


Tras el divorcio, Jószef se mudó a California, donde trabajaría como fontanero, ahí conoció a María Virovacz, inmigrante húngara como él, que trabajaba como camarera en un restaurante frecuentado por la comunidad húngara. Poco después nacería Judith, a la que su padre haría víctima de sus malos tratos, igual que a su madre.


Una vida de infierno


El éxito de Judith no calmó a Joszef, más bien al contrario. Lo volvió más paranoico, celoso y controlador. La pequeña se había convertido en el principal sustento de la familia y, gracias a sus ganancias, la familia se había instalado en una agradable casa de tres dormitorios en el tranquilo barrio de West Hill y eso hacía que Jószef se sintiera humillado.


Y esa frustración la volcaba en forma de insultos, amenazas y golpes contra su mujer e hija. También se agravó su alcoholismo; hasta en tres ocasiones fue arrestado por conducir ebrio. En diciembre de 1986, María lo denunció a la policía acusándolo de haberla amenazado de muerte, golpeado e intentado estrangularla; lamentablemente, acabaría por renunciar a presentar cargos contra él.


Los malos tratos de su padre acabaron por afectar al comportamiento de Judith. Finalmente, durante una audición para la película de animación Todos los perros van al cielo, en la que pondría la voz a la protagonista, Judith sufrió una crisis y su madre la llevó a un psicólogo infantil, el cual de inmediato detectó los síntomas de abuso físico y psicológico y avisó al Servicio de Protección de Menores.


Estos abrieron una investigación, que sin embargo quedó paralizada después de que María se comprometiera a iniciar los trámites de divorcio y a mudarse con Judith a un apartamento que había alquilado en el barrio de Panorama City. Sin embargo, pese a la insistencia de sus amigos, no se atrevió a dar el paso definitivo.


Trágico final


El 25 de julio de 1988 los vecinos de los Barsi vieron a Judith en su bicicleta paseando por la calle. Dos días después, su vecina de al lado, Eunice Daly, escuchó un fuerte estampido procedente de la casa de los Barsi y vio salir humo de su casa. De inmediato avisó a los servicios de emergencias, quienes al llegar a la casa hallaron los cuerpos de los tres miembros de la familia.


Al parecer, Joszef Barsi había asesinado a su mujer e hija la noche del día 25, disparando primero a Judith en la cabeza, mientras dormía, y luego a María. Jozsef convivió dos días con los cadáveres de Judith y María, en el interior de la casa sin saber qué hacer.


No sabía si confesar sus asesinatos y entregarse a la policía, si darse a la fuga, o quemar los cadáveres que ya comenzaban a emitir el olor a cuerpo descompuesto, agrandado dicho hedor con el calor del verano.


Finalmente decidió que lo mejor era deshacerse de los cadáveres prendiéndoles fuego. Acto seguido, se dirigió al garaje, donde se suicidó de un disparo.


La trágica muerte de Judith Barsi provocó una honda conmoción en el mundo del cine y la publicidad de Los Ángeles. Al entierro de Judith y María Barsi acudieron numerosas personas del mundo de la interpretación, muchos de los cuales habían trabajado en alguna ocasión con la pequeña.


El actor Lance Guest, que había interpretado a su padre en Tiburón: la venganza. Ambas recibieron sepultura en el Forest Lawn Memorial Park de Los Ángeles.


En cuanto al cadáver de Joszef Barsi, nunca se hizo público su destino, si alguien lo reclamó, si fue enterrado o incinerado o dónde reposan sus restos. Su hijo mayor, Barna, también acabaría siendo alcohólico y se suicidaría en 1995.

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