En la historia nacional, el 21 de marzo es una fecha emblemática por diversos motivos. Además de ser el inicio de primavera y del primer equinoccio del año, en México se conmemora el natalicio de uno de los personajes más ilustres en nuestra historia, está demás escribir su nombre. Seguro ya sabrán ustedes a quién me refiero, pues es imposible ser mexicano y vivir alejado de su nombre e influencia, pero en el caso de que quien me lea sea alguien que desconoce nuestra historia, le comento que Benito Juárez nació un 21 de marzo de 1806 y se trata de uno de los sucesos más comentados dentro de nuestra historia patria.
La vida de Benito Pablo Juárez García forma parte de la historia de la Patria Mexicana, es imposible separar una de otra. Nació cuatro años antes del inicio de la Independencia, tenía 15 años cuando la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México; vio nacer y morir el Primer Imperio Mexicano mientras realizaba sus estudios en el seminario de Oaxaca, fue Maestro y Rector del Instituto de Ciencias y Artes, además de Gobernador del Estado durante los difíciles años de la Presidencia de Santa Anna y de lucha contra los diversos agentes extranjeros que atentaban contra la reciente soberanía nacional. Gran parte de su vida ocurrió entre conflictos, defendiendo aquella patria nueva que él vio nacer y con la cual siempre se sintió identificado, además de dueño.
Un evento trascendental durante la guerra de intervención estadounidense, ocurrió cuando el General Santa Anna regresa al país derrotado y solicita asilo político en diversos estados de la República para reorganizar la defensa nacional ante tan desesperada situación. En esa ocasión, Oaxaca se declaró neutral y le prohíbe la entrada a Santa Anna a su territorio, lo cual nunca olvidaría. Al recuperar Santa Anna la presidencia, busca ejercer presión contra los gobernadores y estados que declinaron en apoyarlo; Benito Juárez se encontraba en esta lista, por lo que se vio obligado a exiliarse bajo pena de ser presentado ante el paredón, y así fue como llegó a la isla caribeña de Cuba.
Del paso de Juárez por Cuba sabemos que ahí aprendió a liar cigarros de tabaco, un trabajo artesanal para el cual las manos del descendiente indígena estaban más que calificadas para realizar. Podemos imaginar sus manos pequeñas (porque era bajo de estatura) liando delicadamente las hojas del tabaco hasta hacer de ellos unos cigarros puros gruesos y de buen forjar, en un trabajo efímero que le permitía apenas sobrevivir, pero que le fue de vital importancia cuando tuvo que viajar hacia la Nueva Orleans, pues allí llegó gracias a las logias masónicas de la época. Ahí, Juárez conoció a Melchor Ocampo y otros exiliados que habían sido desterrados o eran perseguidos políticos del dictador; ahí, Juárez mantuvo su existencia liando y vendiendo los puros que aprendió a hacer durante su estadía en Cuba.
