Angélica Liddell: la insurrección y el arte | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Angélica Liddell: la insurrección y el arte

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una de las tesis del arte es cuestionar el sistema, las convenciones, las “verdades masivas”, la misma existencia y sus temas esenciales. Angélica Liddell es una artista que responde con creces a este planteamiento.


Actriz, escritora, dramaturga, y directora teatral, Angélica González (Figueras, España, 1955) es uno de los personajes más relevantes en el quehacer teatral contemporáneo. Su nombre artístico, Angélica Liddell, lo adopta por Alicia Lidell, la pequeña musa del País de las maravillas de Lewis Carroll. 


En sus puestas en escena, Liddell desacraliza y lleva a sus últimas consecuencias temas como el abuso sexual, el asesinato, la locura, la violencia y hace presentes los grandes mitos. Para ella no existen medias tintas. En el escenario expone de forma cruda y nada convencional sus tesis existenciales: "En vez de disparar a alguien, escribo. Es una fortuna ¿no?  En el escenario puedo asesinar con total libertad. Y también puedo suicidarme un millón de veces”.


Angélica se ofrece a sí misma como cordero del sacrificio y pone la vida en ello, basta ver cualquiera de sus obras o un fragmento de ellas; su cuerpo y los cuerpos que la acompañan en escena son llevados al límite: “La única representación posible del dolor es el informe puro, el resto es espectáculo”.  Así la vemos correr hasta la extenuación o meter y sacar de escena, con solo una pala, una tonelada de carbón, etcétera. Acciones que de no ser atestiguadas por miles de espectadores que llenan los teatros para verla, y por las cámaras videográficas, serían difíciles de creer.


La creadora escénica ha sido calificada como una artista incómoda, que hace triunfar la paradoja de lo escatológico, lo grotesco con la belleza y la poesía: "Quiero ser la locura de Dios, el desafío a la razón por parte de lo sagrado”.


El personaje es su vida trasmutada al escenario para ofrecernos lo más descarnado, orquestado de modo sublime. Para Angélica Liddell, en el fondo, el teatro no existe, existen “las aspiraciones artísticas cuyo objetivo es el arte”.


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