Los escurrimientos de agua de lluvia y aguas negras que se mezclan en el crucero de San Pablo, Etla llegan a ser de tal volumen que ha bastado un par de horas para anegar más de cien metros lineales de la carretera federal 190, en los seis carriles que comprenden ambos sentidos.
La anegación ha sido tal que en los tres carriles de Hacienda Blanca a la entrada de la carretera de cuota Oaxaca-Cuacnopalan el tráfico se suspende para evitar que vehículos automotores, incluso los de carga pesada, queden varados en medio de la laguna urbana.
El problema no es reciente. Desde hace más de diez años cada temporada de lluvias aviva el riesgo de que el tráfico se vea interrumpido y aletargado por los estragos de las condiciones climáticas, dependiendo de la cantidad de la precipitación pluvial y la tierra y piedras acumuladas en las alcantarillas.
Punto crítico
Carretera federal 190 en el crucero del municipio de San Pablo, Etla.
¿Por qué se inunda la carretera?
Por el agua de lluvia.
Por las aguas residuales de un municipio que no tiene dónde verterlas
Sistema pluvial anegado
El problema de siempre
Las afectaciones directas las padecen los 24 mil habitantes de este municipio del Valle de Etla, como Blanca Sánchez, quien desde hace 15 años ha visto cómo cada temporada de lluvias se repite la historia.
“Cuando se inunda no se puede salir por tanta agua. Cada año es el mismo problema porque baja mucha agua de la parte alta del municipio y aquí, en el crucero, se concentra en una inmesa laguan, a ello se suma que no se le da mantenimiento a las zanjas, hasta ahorita que la autoridad empezó a trabajar”, dice al bajar de un taxi colectivo.
Y efectivamente, los trabajos de desazolve de la alcantarilla construida entre la cinta asfáltica y la entrada a San Pablo empezaron apenas el miércoles y continuaron ayer.
Los tubos que debían conducir el agua, en realidad acumularon arena y piedras. En el primer día de trabajo pudieron extraer lo suficiente como para llenar un camión tipo volteo y, ayer, una cantidad similar.
Sólo un extremo de la alcantarilla puede abrirse para facilitar su desasolve. FOTO: Román Carlos
El sábado pasado limpiaron la alcantarilla aledaña, metros más arriba, donde se ubica la primera bocacalle con el acceso principal. Con la arena que extrajeron pudieron llenar otro camión tipo volteo. Hugo Hernández, encargado de los trabajos de limpieza y empleado de ese municipio recuerda que en abril pasado fue la última vez en este año que se hizo algo similar.
¿Exceso de agua?
Lo que ahora cubre el cemento y el asfalto era el paso de un arroyo. Si se mira hacia la calle principal que desemboca en la carretera federal, cuesta arriba todo el tiempo escurre agua que se pierde en las escasas alcantarillas.
Ese mismo hilo de agua, que por momentos se vuelve lodosa o apestosa, se nutre además del líquido que filtra una represa natural o vaso de agua entre lo que eran terrenos de cultivos, sustituidos cada vez más por casas habitación.
La represa no tiene utilidad alguna, más que nutrir los mantos freáticos y los pozos aledaños de donde se extrae agua; la mayor parte está cubierta por lirios acuáticos y su agua se filtra entre terrenos baldíos hasta llegar a la calle Perla o Plan de Guadalupe, carente de pavimento y única vía alterna a la carretera federal, donde se anega en forma de laguna si las alcantarillas están tapadas.
Para el presidente municipal de San Pablo, Longino Campos, el problema radica en que ahora está totalmente construido y los terrenos aldeaños la entrada a la carretera de cuota pertenecen a una empresa cervecera; en esa zona pasaba un canal natural de agua pluvial.
Anegación de agua en el crucero de San Pablo Etla, un problema añejo e irresuelto.
“Ahí pasaba un canal de agua pluvial que se iba entre los terrenos, pero los nuevos dueños construyeron y dejaron un canal de agua muy chico”, admite que con las fuertes lluvias del pasado fin de semana todo se complicó.
El agua de la represa escurrió en mayor cantidad y las aguas negras de los fraccionamientos, Morelos y Benito Juárez, abonaron para que el viernes y sábado pasados, por la tarde, se inundaran los seis carriles de la carretera federal.
Transitar en un vehículo la tarde de uno de los días de la semana pasada implicaba el riesgo de quedarse atascado en medio del agua. El transporte público escaseó y fue común ver a personas varadas en el camellón central, resguardándose del agua estancada.
De ambos extremos, en el crucero de Hacienda Blanca y Poblado Morelos el congestionamiento vial fue tal que implicó destinar más de una hora de espera en largas filas para cruzar esta parte de la carretera internacional.
En medio de esta crisis constante, la autoridad municipal se muestra esperanzadora, confía que en poco tiempo el sistema del drenaje pluvial pueda conectarse al colector general y, por ende, reducir las inundaciones.
Pero de eso aún no hay certeza. Para quienes viven en el municipio de San Pablo o necesitan transitar por ahí, cada lluvia aviva la sospecha de que esa laguna urbana vuelva a tomar forma, atrapando a quien ignore el riesgo que significa intentar atravesarla.
La calle La Perla, paralela a la carretera federal 190, por donde se filtra el agua y está en pésimas condiciones para transeúntes y conductores. FOTO: Román Carlos
