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Reinventan el zapato artesanal en San Dionisio Ocotepec, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN DIONISIO OCOTEPEC, Oaxaca.- Los diseños de zapatos y tenis de compañías internacionales se quedan cortos ante los productos que se realizan en esta y otras comunidades del estado; la cadena industrial y producción en masa son características del calzado comercial, mientras que en los Valles Centrales de Oaxaca y otras regiones, artesanos realizan con sus manos el calzado que cautiva a México, Estados Unidos y países europeos.


Se trata de una empresa indígena fundada hace 12 años en el municipio de San Dionisio Ocotepec: Ndavaa, una alternativa para adquirir productos de calidad realizados por manos de paisanos; con materiales propios de las regiones de la entidad, se brinda una oportunidad para consumir los productos locales y enaltecer los diseños y la cultura oaxaqueños.


Los empleados de la empresa preparan durante meses el cuero con el que trabajan, el cual es curtido en tanques con procedemientos vegetales para quitar el olor, mejorar las marcas y el aspecto que tendrá finalmente la piel del calzado.


Mi sandalia

Ndavaa (significa "Mi sandalia")

Desde 1982 nace el negocio familiar

En 2011 ganó el Premio Nacional de Empresa Exitosa FONAES

19 familias oaxaqueñas colaboran actualmente

Más de 250 prototipos realizados

Exporta huaraches con bordado a la empresa de diseño estadounidense ILANO, en Oakland, California.


 


Todos los modelos que los ocotecos elaboran son de edición limitada para la temporada; las sandalias, los zapatos, balerinas y botines fueron tejidos en telares de pedal y cintura con urdimbres de algodón y repasos de seda y lana.


El diseño es actual y no le pide nada a modelos de marcas prestigiadas internacionalmente; "¡están bien curados, ¡están bien chidos!", son los comentarios que se leen en sus redes sociales, al igual que los emitidos en eventos y festivales donde participan, el más reciente en la Ciudad de México por la sexta Exposición de los Pueblos Indígenas.


Temple para reinventar el huarache



Doña Clara García inició con su esposo este proyecto de 35 años. FOTO: Javier Jarquín

"Muchos me preguntan de quien aprendimos a realizar todo este trabajo, yo les contesto que la diseñadora que nos enseñó la transición del producto se llama hambre y necesidad", cuenta la maestra artesana y fundadora de Ndavaa, Graciela García García, sobre el embate económico que tuvo el negocio familiar en la década de los 90, cuando ni siquiera tenía nombre el proyecto.


"El objetivo principal de Ndavaa es generar nuevas fuentes de empleo utilizando los textiles, los tintes naturales y la riqueza y recursos que el estado tiene, en el grupo intervienen comunidades como San Antonino Castillo Velasco, San Juan Guelavía, San Baltazar Guelavila, Teotitlán del Valle, Santa Ana del Valle, San Dionisio del Mar, Pueblo Nuevo o Santa Cruz Xoxocotlán".


"¿Qué pasa al comprar un producto mexicano, oaxaqueño, zapoteca e indígena?, cuando consumen el calzado artesanal, ayudan a conservar nuestros empleos y generar más, permiten la creación de cadenas de valor que generan trabajo en los hogares y comunidades, todo a través de nuestras raíces, sin que nadie se vaya", García destacó que la actividad mitiga la migración.


La marca oaxaqueña concluye los diseños para la temporada de invierno, además de que en 2018 creará una línea exclusiva para jóvenes, donde presentarán gorras bordadas y pintadas artesanalmente.


Vencer devualuación y zapato chino



Los duendecitos contemporáneos junto a los tradicionales huaraches pata de gallo. FOTO: Javier Jarquín

El origen de Ndavaa es de décadas atrás, cuando en 1982 don Germán García Martínez y doña Clara García Antonio (padres de Graciela), iniciaron el negocio huarachero con los modelos regionales: el aceitado, playero, el de cautro piquetes, la pata de gallo, entre otros.


"La devaluación del peso mexicano, la llegada de los productos chinos y los nuevos diseños provocaron una disminución de ventas; por un tiempo dejamos el oficio, la gente estaba emigrando de aquí y pensamos generar empleo e innovar, porque si no innovamos morimos", comentó sobre el negocio don Germán García.


"Mi esposo y yo comenzamos de cero con este pequeño proyecto, quién sabe cómo empezamos, todos mis hijos nacieron entre los cueros y desde pequeños les inculcamos para formarse en esta pequeña empresa", doña Clara García recordó el inicio del negocio familiar, cuando tenían 16 trabajadores.


"Fabricábamos huaraches típicos, la emigración se llevó a todo mundo, llegaron los huaraches chinos, los sintéticos, el mercado cayó y mi esposo decía 'si todos se están yendo pal' norte yo también me voy', hemos batallado muchísimo", destacó García Antonio con un dejo de reflexión.


- ¿Y por qué no se fueron?


- Ninguno de los dos se fue, gracias a que no teníamos dinero, es por eso que mis hijos comenzaron a jugar con el material y continuamos esforzándonos; hemos tenido malas experiencias, decíamos 'no chingues, estamos inventando, a ver si funciona y si no, pues ya lo intentamos'.


La segunda generación de la familia continúo con los talleres que iniciaron sin nombre y con la esperanza del sustento económico para el hogar, ahora son una marca registrada y una empresa indígena donde colaboran 19 familias de diferentes regiones en el estado de Oaxaca, quienes ofrecen un calzado único, con identidad.



La familia de Graciela García García realiza calzado artesanal sustentable, fabricado por manos oaxaqueñas. FOTO: Javier Jarquín

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