Un libro que apuesta al ejercicio de leer como acto solidario con los damnificados por los terremotos de Oaxaca, que apela a la memoria colectiva, es la antología Tiembla, del que las ganancias se destinarán a la campaña Tejamos Oaxaca.
Diego Fonseca, el compilador de este lanzamiento de Almadía, explica que buscó autores que ya había leído antes de los sismos. “Por lo general, busco gente cuyo estilo narrativo o enfoque de temas resulte interesante. También quise que este libro reflejara al México cosmopolita, una nación muy abierta a los extranjeros. Y por supuesto, quería que escribieran mexicanos dentro y fuera del país, además de aspirar a que hubiera algún equilibrio de género. En todos los casos, el eje de unificación es el enfoque".
--Tiembla es parte de una campaña para recaudar fondos para Tejamos Oaxaca, ¿qué opinas del papel de la literatura en favor de causas sociales?
--No creo que la literatura deba tener una obligación moral. Supongo que esa es decisión de cada autor. Como Tiembla es un libro de no ficción, aquí la dimensión es otra: es clave que exista una mirada comprometida con la coyuntura, la historia y el futuro.
--Has afirmado que la palabra es la herramienta más poderosa para reflexionar sobre lo sucedido. ¿Qué función social tiene el libro?
--Espero que contribuya, individualmente, a ayudar con el duelo. Que los lectores vean reflejadas sus propias vivencias en las historias.
Conversación colectiva
--¿Qué expectativas tienes sobre este proyecto editorial?
--Colectivamente que contribuya a la ciudadanización de esa conversación colectiva que se genera en la sociedad civil. Por ejemplo, sería interesante que despierte una discusión necesaria de políticas públicas sobre y para atender catástrofes.
--En Oaxaca tuvimos el sismo del 7 y luego el 19 de septiembre de 2017, uno más el 16 de febrero de 2018; la tragedia es un tema del que abreva la literatura, el periodismo. ¿A ti cómo te ha impactado?
--Es imposible sustraerse de una catástrofe. Los desastres nos activan moralmente. Como estoy viviendo la curva ya descendente de la mitad de mi vida, me lleva a pensar en la posibilidad de la pérdida de amigos o personas que quiero de una manera más intensa. Ya no estarán con nosotros y, filosóficamente, la pérdida de esa voz es la pérdida de amores, de cierta belleza.
--Este libro nombra la catástrofe en diversas voces, diferentes “lenguajes”. ¿Cuáles son las posibilidades del lector frente a Tiembla?
--Diría, como Wittgenstein, que el lenguaje crea los límites de nuestro mundo. Y aquí hay una nación de palabras, un modo de conocer la historia colectiva, el relato histórico de esos días. Una manera para la sociedad civil de nombrar las cosas, construir significados comunes.
--¿Consideras que la literatura reconstruye?
--Rearma personalmente, da fuerzas, sostiene.
Ejercicio catártico
--¿Qué de ti y tu visión sobre el mundo cambió con este proyecto editorial?
--Este fue un proyecto veloz, el que menos tiempo me ha tomado producir y ejecutar. Estaba afectado tanto por la cercanía del fenómeno, he vivido seis años en Ciudad de México y desde que me fui, hace 11, regreso casi todos los meses, como por el temor a que quienes quiero se vean afectados. Y luego convivir con la idea de la muerte más a menudo.
--A pocos meses del evento, quizá el tiempo no dejaba ver con tanta distancia el desastre; ahora, si volvieras a hacer el ejercicio de reunir a tres decenas de voces, ¿cuál sería el resultado, qué cambiarías?
--Imagino que para todos fue un ejercicio catártico; hoy, a medida que pasan los meses, las relecturas del libro arrojan otras miradas y aproximaciones. Hoy lo siento cada vez más como un libro político, una convocatoria a alzar la voz, organizarse, cambiar las cosas. No ha pasado un año, por lo que más que reescribir, incorporaría más textos, más políticos, más ensayísticos, más filosóficos. Quedaron unos 15 autores fuera.
--En tiempos electorales no se ha tocado el tema del desastre, las políticas públicas son nulas; ¿cómo ves este comportamiento?
--Lo he dicho varias veces: ni un solo candidato ha hablado de políticas públicas para escenarios de catástrofe y desastre natural. Hay quien ha prometido que atenderá a las familias damnificadas, lo que no debiera ser ni una promesa de campaña sino una política del Estado.
Sólo en Ciudad de México hay cientos de miles de personas viviendo encima de una falla que corta de sur a norte la capital. ¿Han oído de algún plan público de prevención, rescate y recuperación, tratamiento? Y si eso sucede en Ciudad de México, que atrae capital, ¿qué respuestas hay diseñadas para zonas donde la pobreza, como Oaxaca, no resulta un incentivo para ejecutar los proyectos más modernos de infraestructura, que son costosos?
