Con un futbol vertical, dinámico y por momentos asfixiante, el conjunto de las Barras y las Estrellas le pasó por encima a una irreconocible escuadra paraguaya con un contundente 4-1 en la ciudad de Los Ángeles.
Apenas nos estábamos acomodando en la butaca, cuando el partido se rompió por completo. Desde el silbatazo inicial, Estados Unidos salió a comerse la cancha.
La presión alta rindió frutos casi de vestidor. Apenas al minuto 7, la tragedia guaraní comenzó con un desafortunado tanto de Damián Bobadilla que terminó en el fondo de las redes para abrirle la puerta al dominio norteamericano.
A partir de ahí, el partido tuvo un solo dueño y se llamó Folarin Balogun. El delantero andaba intratable, con el cuchillo entre los dientes. Al minuto 31, capitalizó una desatención terrible en el fondo paraguayo para firmar el segundo.
Justo antes de irnos al descanso, al minuto 45, Balogun volvió a vacunar con un remate letal que dejaba a Paraguay en la lona.
Para la parte complementaria, el cuadro sudamericano intentó sacudirse la presión. Con más empuje que claridad futbolística, Paraguay adelantó líneas buscando el milagro. El premio a la insistencia llegó al minuto 73 por conducto de Mauricio, quien logró descontar para darle un ligero respiro a los suyos.
Por un momento, parecía que el partido se nos encendía. Sin embargo, Estados Unidos manejó los tiempos con muchísima madurez, como un equipo grande.
Ya en el ocaso del encuentro, cuando el reloj agonizaba en el minuto 90, apareció la magia de Gio Reyna. El mediocampista frotó la lámpara y la mandó a guardar para poner el 4-1 definitivo, desatando la locura total en las gradas angelinas.
Estados Unidos arrancó con el pie derecho, sumando tres puntos de oro y mandando un mensaje clarísimo a toda la justa mundialista: en su casa, bajo sus condiciones, van a ser un dolor de cabeza para cualquiera.
