Colectivo Cuenteros| El aprendiz
Los dos hombres entraron al café. El más viejo vestía una túnica naranja y sandalias; el otro, pantalones, saco y corbata. El lugar era un sitio solitario para la hora en que bullía el centro de Madrid.
–Le agradezco que aceptara encontrarnos, después de tantos años. Aunque fuimos muchos los que buscamos asilo después de la invasión, somos muy pocos los que aún seguimos con vida. Entiendo que vive y enseña aquí en el Centro Tíbet –dijo Hari.