Instinto materno
Me conmueve cuando un gato negro cruza en mi camino. No por el augurio de mala suerte implícitamente atribuido a estos felinos, sino porque me recuerdan al primer gato que tuve. Su primera dueña se había negado a venderlo, y mi padre pagó un peso por él. Ello, debido a una creencia de que si se regala un gato, éste no será buen cazador. Y ese era el motivo por el que necesitábamos uno.