COLECTIVO CUENTEROS| Tango sódico
Se veía radiante en el vestido blanco de holanes inconmensurables y velo bordado con perlas e hilos de oro, los cabellos rubios ondulados uno por uno para la ocasión; tan muerta de felicidad, que nadie hubiera esperado que al final del día estuviera muerta de la vida, encallado su cuerpo en una isla desierta y destinada a ser novia eterna momificada por la sal del mar.