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Jeri Lynne rompe las barreras de la discriminación

Agencia Reforma

Erika P. Bucio/Agencia Reforma

 

CIUDAD DE MÉXICO.-Después de una cadena de elogios a su trabajo tras una audición, la directora de orquesta afroamericana Jeri Lynne Johnson escuchó la verdadera razón para no ser contratada: "Tu apariencia no es lo que la audiencia espera de un director".

El rechazo, en otras ocasiones, se había traducido en silencio o en la contratación de alguien más, pero esta vez se lo dijeron de forma directa.

"Fue chocante y doloroso", reconoce en entrevista, al finalizar el ensayo en la Sala Nezahualcóyotl con la OFUNAM, a punto de su debut en México este fin de semana como batuta huésped.

El episodio de discriminación por no "encajar" con el estereotipo del director le sirvió de motivación para fundar su propia orquesta y demostrar su liderazgo, haciendo caso del consejo dado por su mentora, la célebre directora Marin Alsop.

Creo la Black Pearl Chamber Orchestra en 2008 en Filadelfia, bajo la idea de que una "orquesta es para la gente y como el mundo", con músicos de ascendencia africana, latina, europea y asiática. Una orquesta en la que el público puede reconocerse.

"No quería que nadie más escuchara lo que yo escuché", confiesa.

Johnson recuerda aquellos años como un tiempo interesante en los Estados Unidos, cuando una mujer, Hillary Clinton, y un afroamericano, Barack Obama, disputaron la candidatura presidencial por el Partido Demócrata.

"Pienso que fue el momento propicio, con la gente dispuesta a un cambio, algo nuevo y diferente". 

Aunque advierte que aún falta mucho por recorrer para alcanzar la equidad de género y desterrar la falta de representación.

"No basta con (tener) representación, hablamos de empoderamiento y de tener voz", ataja la directora y pianista estadounidense, criada en un hogar de melómanos.

Desde Mahler 

Johnson piensa en la orquesta como una metáfora del mundo en los términos empleados por Gustav Mahler, genio austriaco de la composición: "una sinfonía debe ser como el mundo, debe contenerlo todo".

Y ella cree que una orquesta debe contener a todo el mundo.

Reunió en su ensamble a destacados músicos de Filadelfia, Baltimore y de Nueva York, para impulsar la diversidad en la música clásica.

Es fácil encontrar videos en YouTube donde Johnson invita y guía a personas del público a vivir la experiencia de dirigir una orquesta en eventos comunitarios, y apela, además, a la creatividad como un derecho divino, al tiempo que reconoce como un deber de los músicos estimular esa creatividad en los demás.

El liderazgo de Johnson también involucra la procuración de fondos para el buen desempeño de su agrupación. A pesar de la contingencia sanitaria por Covid-19, por ejemplo, consiguió mantener activa a su orquesta, y sin dejar de pagar a sus músicos. "Bastante bien y puntualmente", se jacta.

Tras el ensayo en la Sala Nezahualcóyotl, la directora retoma una pregunta que ha debido responder no pocas veces: ¿Por qué es importante el liderazgo de las mujeres en el podio?

"(Tener una directora) simboliza la habilidad de las mujeres para dirigir, guiar y alimentar la base de una orquesta, es una metáfora del liderazgo de las mujeres", dice Johnson, de 50 años.

Ella marcó un hito en 2005 al ser la primera mujer afroamericana en ganar un premio internacional de dirección orquestal, el Taki Concordia Conducting Fellowship, establecido por Alsop para impulsar a mujeres directoras.

Desde entonces, como recoge su biografía, ha roto también barreras en Europa y Estados Unidos como la primera afroamericana en dirigir agrupaciones como las estadounidenses Philadelphia Orchestra y Dallas Symphony, la inglesa Bournemouth Symphony y la histórica Weimar Staatskapelle, en Alemania, con más de 500 años.

Johnson ha podido cumplir el sueño trazado desde que tenía 7 años, cuando asistió a su primer concierto sinfónico, y hacer lo mismo que aquel hombre que veía agitar un palito de madera, al que luego pretendía imitar en sus juegos en su casa.

Una directora de orquesta dispuesta a romper barreras.

 

Ella marcó un hito en 2005 al ser la primera mujer afroamericana en ganar un premio internacional de dirección orquestal, el Taki Concordia Conducting Fellowship, establecido por Alsop para impulsar a mujeres directoras.