Mujeres destacadas en la Independencia Nacional de México | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

Mujeres destacadas en la Independencia Nacional de México

Redacción

Leonardo Pino 

Las mujeres siempre han colaborado en la construcción de este país y han sido protagonistas en el desarrollo de todos los movimientos históricos que le han dado grandeza a la Patria.

Sin embargo, siempre se le han retaceado los méritos y valía de su participación. La historia oficial sobre México, ha sido escrita, en su mayoría, por hombres que muchas veces, por razones de género y otras por clasismo, han dejado fuera de la narrativa histórica nacional a las mujeres. Por esas razones tenemos pocas heroínas y próceres femeninas en el panteón oficial; la mayoría han sido desterradas de las glorias nacionales.

Esa porfía de invisibilización, también influyó cuando se escribió la gesta de la Independencia Nacional, a pesar de que está demostrado que sin la participación de las mujeres no hubiera sido posible el triunfo de la insurgencia.

En la época de la guerra patriótica, la población era femenina en su mayoría y, a pesar de esta contundente prueba estadística, en los libros de historia y en los registros hemerográficos, las mujeres están ausentes o algunas pasan inadvertidas, disminuidas.

La memoria colectiva no registra a miles de mujeres en los campos de batalla de la Independencia, peleando hombro con hombro al lado de sus compañeros, hermanos o hijos, como enfermeras, informantes, espías o como proveedoras de alimentos, ropas, armas, y pertrechos.

Otras heroínas anónimas fueron las que se quedaron en sus casas, a cuidar la familia y el escaso patrimonio de los guerreros, abandonadas en el ámbito privado, contrario al del hombre que sale a guerrear, a gobernar, a hacer política.

La historiografía ha destacado, sin la debida importancia que tuvieron, a Josefa Ortiz de Domínguez, a Leona Vicario, a María Ignacia “La Güera” Rodríguez, y, en menor medida, a Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín y a Gertrudis Bocanegra. Su registro fue inevitable, ya que estaban cercanas a la alta burocracia virreinal y pertenecían a la burguesía acaudalada de la época. Pero también participaron otras mujeres de distintas clases sociales y grupos étnicos, afirma Daniela Villegas, del Centro de Investigación de Estudios de Género (CIEG) de la UNAM. Muchas de las olvidadas, eran hilanderas, vendedoras, cocineras, obreras, trabajadoras sexuales, tabacaleras y tejedoras.

- II -

Las olvidadas

Entre ellas, destacan las nuestras, las mujeres de San Andrés Miahuatlán, Oaxaca, que el 2 de octubre de 1811, “armadas de garrotes, machetes y cuchillos”, se amotinaron y entraron al cuartel del brigadier Bernardino Bonavía, dentro del cual los soldados se negaban a tomar las armas contra las enfurecidas, porque eran sus madres y esposas. La compañía fue desarmada y los realistas tuvieron que abandonar el poblado.

Los testimonios solamente recogieron los nombres de siete de ellas: Mónica, Rosa la Patiño, Pascuala, Cecilia y Pioquinta Bustamante, con sus hijas Ramona y Micaela.

Manuela, Fermina, María, Tomasa, Luisa, Gertrudis, Petra, Ana, Francisca, Magdalena, Antonia y Catalina son los nombres de algunas de las mujeres sin las cuales la Guerra de Independencia de 1810 no se hubiera consumado o su fin habría sido diferente. De otras se saben solo sus apellidos, como González, Moreno y La Mar, y de no pocas solo quedó registrado el lugar de sus actos heroicos, como Soto la Marina y Huichapan, consignan Guadalupe Gómez y Zacil Sansores, en boletín del CIMAC, del 15 septiembre de  2008.

Entre las mujeres de armas tomar, destaca “La Capitana” Manuela Molina, india cacica de Taxco que tomó las armas desde el inicio de la revolución; por su valentía en los campos de batalla, fue reconocido su grado militar por la Suprema Junta. Peleó en siete batallas, y su admiración por José María Morelos la hizo viajar cien leguas hasta llegar al Puerto de Acapulco, donde conoció al jefe insurgente. Derrotada y herida en combate, sin aceptar el indulto, se retiró a Texcoco, donde murió en 1822.

De María Fermina Rivera, cuenta José Joaquín Fernández de Lizardi, que tuvo que luchar con caminos fragosos, climas ingratos, padecer hambres terribles y todo lo malo que padecieron sus compañeros de armas. Algunas veces cogía el fusil de algunos de los muertos o heridos y sostenía el fuego al lado de su marido “con el mismo denuedo y bizarría que pudiera un soldado veterano”. Murió en la batalla de Chichihualco, peleando al lado de Vicente Guerrero, en 1821.

- III –

¡Soy mexicana!

Luisa Martínez tenía un tendejón en Erongarícuaro, Michoacán. En el pueblo, cuenta Luis González Obregón, todos eran “chaquetas”, o sea, partidarios de los realistas. Doña Luisa era insurgente y mandaba noticias, víveres, recursos a las tropas; además, comunicaciones de los jefes superiores con quienes sostenía continuada correspondencia.

Un día, el hombre que trabajaba como su correo fue atrapado. Doña Luisa huyó, pero la persiguieron y la encarcelaron. Para recobrar su libertad dio dos mil pesos y prometió no volver a comunicarse con los insurgentes. Pero no lo hizo así y tres veces más se le persiguió, encarceló y multó hasta que no pudo pagar la excesiva última multa que le impusieron. Enfrentada al pelotón de fusilamiento al que fue condenada, doña Luisa, gritó: “¿Por qué tan obstinada persecución contra mí? Tengo derecho a hacer cuanto pueda a favor de mi patria, porque soy mexicana.” Fue fusilada en el cementerio del lugar, en 1817.

La guerrerense Antonia Nava de Catalán es una heroína de la independencia de México por comandar varias acciones que permitieron a las tropas insurgentes vencer a los españoles en su territorio. Cuando estalló la Guerra de Independencia en 1810, Antonia Nava y su esposo viajaron para encontrarse con Morelos en el cerro del Veladero. Ambos tenían la edad de 30 años. Peleó al lado de Nicolás Bravo, Morelos, Vicente Guerrero y Hermenegildo Galeana. Por su valentía y liderazgo, fue llamada La Generala. En Guerrero, durante el sitio a Tlacotepec, cuando el hambre era angustiante para los insurgentes, se presentaron ante el general Nicolás Bravo, Antonia Nava y su amiga Catalina González, al frente de un grupo de mujeres. “No podemos pelear, pero podemos servir de alimento para que sea repartido como ración a los soldados”, dijo Antonia.

Entró a caballo a la ciudad de México, junto con las tropas del Ejército Trigarante, en 1821.

La heroína Prisca Marquina tomó las armas por la Independencia al lado de su esposo en la región de Taxco, hasta que fueron derrotados y capturados a principios de marzo de 1814. A su esposo lo fusilaron y a Prisca la encarcelaron por su participación en la insurgencia. Uno de los pocos registros sobre su actuación, consigna: “En el día que fue pasado por las armas el Cabecilla Antonio Pineda, se me dio parte de que Prisca Marquina de Ocampo, su mujer, le había acompañado en todas sus correrías, presentándose en algunos puntos con sus charreteras y sable, llena de tanta vanidad y orgullo”.