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LECTURAS PARA LA VIDA: Recorrido en bestias

Mónica Ortiz Sampablo / Primera de diez partes

La palabra bestia tiene diversas acepciones, generalmente referida a un animal de carga, un animal de cuatro patas, incluso a una persona de poco entendimiento y cabeza dura, o a alguien cuya descomunal fuerza o talentos deslumbrantes provoca la admiración del resto. Dicho vocablo también es empleado para aludir a las criaturas mitológicas, aquellas que como seres fantásticos conocimos en la infancia y nos llevaron a alimentar nuestra imaginación.

En esta serie de notas haré un recorrido literario vinculado a estas últimas bestias: las que a lo largo de la vida han nutrido nuestro territorio fantástico, ya que conocerlas nos lleva también a un encuentro a esa parte animalesca que subyace bajo nuestra piel humana. Muchas bestias o criaturas bestiales, como me gusta llamarles, hacen su aparición en diferentes obras literarias, pero más adecuadamente las encontraremos congregadas en los bestiarios, que son libros que recogen su esencia, las describen y las arrojan al mundo literario para sorprender, encantar o asustar a quienes las leen.

Grandes lectores se han acercado a la literatura teniendo  como su abc estos libros. Grandes escritores han ocupado su tiempo para profundizar en su enigma, que si bien de bestia, devuelve una mirada que refleja la condición humana, que subyace bajo la dura epidermis bestial, escamas, pelaje, plumas.

Desde tiempos antiguos, la curiosidad llevó a los hombres a observar las maravillas de la naturaleza, plantas, rocas, animales; fueron objeto de estudio, pero muchos de éstos desafortunadamente se extinguieron. Un hombre conocido como Plinio el Viejo, allá en Roma por el año 23 antes de Cristo, dedicó al menos tres capítulos al estudio del reino animal en su obra titulada "Historia Natural", lo que servirá de base para posteriores bestiarios.

Continuará el próximo lunes…

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