El chismógrafo: Conmemorando a Marcel Proust | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

El chismógrafo: Conmemorando a Marcel Proust

Redacción

Rafael Alfonso

 

Los chismógrafos escolares de los años ochentas, anticipaban lo que hoy conocemos como redes sociales. Podríamos decir que se trataban de redes sociales de papel. En ellos la diversión radicaba en ver o corroborar la información (o las mentiras) de tus amigos, reír un poco con las tonterías ahí consignadas, saber si la chica bonita de la clase o los chicos más populares ya lo habían contestado, etc. La vocación del chismógrafo era, como ahora sucede con facebook, un poco alardear, un poco construir una máscara, pero también se trataba de expresar sin censura lo que cada quien quería; excepto, cuando el dueño o dueña escribía en él una advertencia: “Por favor, no pongas groserías”.

Por supuesto, en aquellos años no reflexionábamos nada de eso, era un ejercicio muy inconsciente. En ellos se vertían sin control alguno lo que hoy llamaríamos “datos sensibles”; por supuesto hablamos de los tiempos en que las extorsiones y las demás actividades delincuenciales llevadas a cabo en México —incluido el tráfico de sustancias—, eran marginales y no motivos de series estelares en la televisión, discos de oro y alfombras rojas.

Dependiendo de la gracia y talento de cada diseñador y de los encuestados, los chismógrafos podían llegar a ser verdaderas obras de arte —claro, de secundaria— con dibujitos, y adornos al por mayor; aunque había también quien sin gracia alguna, nos pasaba su chismógrafo en un cuaderno barato. Claro, en el diseño de las preguntas estaba la onda.

Nunca habríamos de imaginar que el ejercicio chismógrafo tuviera un origen literario y aristocrático o que, al menos, le antecedieran expresiones literarias célebres. Resulta que a inicios del siglo pasado este tipo de cuestionarios gozaban ya de una enorme popularidad entre la alta sociedad europea.

A Marcel Proust autor de “En busca del tiempo perdido” se le atribuye el más celebre de los chismógrafos, curiosamente no en razón de haberlo diseñado, sino por haberlo respondido en la adolescencia primero y respondido de nuevo, en la edad adulta. Al parecer el cuestionario original, fue obra de Antoinette Faure, o al menos ella fue quien lo hizo llegar al futuro maestro de las letras universales con el título: “Álbum para grabar pensamientos, sentimientos, etc”. Ahora ese dispositivo de preguntas se conoce popularmente como Cuestionario Proust. Gracias a la celebridad de su entrevistado, el hijo de la fallecida Antoinette, pudo vender el cuaderno original en poquito más de 100 000 dólares.

Por supuesto que Proust no fue el único escritor seducido por la idea de llenar chismógrafos. Oscar Wilde , Arthur Conan Doyle y Stéphane Mallarmé , entre otros, participaron de este entretenimiento. El cuestionario Proust, propiamente dicho, ha sido respondido en distintos

medios literarios y revistas de actualidad por celebridades como Arthur Rubinstein , Eugène Ionesco , Salvatore Quasimodo , Marcel Marceau o Joan Miró. Uno de los ejercicios más célebres en el medio latinoamericano es la contestación que a este hizo Roberto Bolaño para el diario chileno La tercera, en el año 2000.

Si en los pasados días ha llegado a ti un cuestionario similar, preguntándote por asuntos concernientes a cierto Festival Literario y Feria del libro que se llevará a cabo en una localidad del Istmo de Oaxaca… no dudes en contestarlo y remitir tus respuestas. Es para una tarea.