Por Rafael Alfonso
Hijo de un prestigioso abogado y abogado él mismo, Wallace Stevens (1879) gozó de una esmerada educación en Harvard y en la New York Law School, sin embargo la poesía ocupó la parte central de su vida. Es significativo el título de sus libros “Harmonium” 1923, “Ideas de orden”, 1935, “El hombre con la guitarra azul”, 1937, y “Las auroras de otoño” 1950. En el año de su muerte (1955) se hizo acreedor a los dos premios literarios más importantes de Estados Unidos, el Pulitzer y el National Book Award.
El elemento irracional en la poesía da nombre a una antología de Wallace Stevens, que recopila lo ya expresado en sus libros The necessary angel y Opus posthumous, sus únicos títulos en prosa. En ellos pone sobre la mesa algunas tesis que revelan sus poéticas personales. Siendo una de las funciones de todo poeta descubrir qué es la poesía, Stevens ensaya en este volumen su propia respuesta para el que ha sido un problema fundamental de la crítica literaria.
Para el autor norteamericano lo que hace poeta al poeta tiene que ver con la presencia, históricamente reiterada, de la irracionalidad en la poesía. Wallace Stevens reflexiona al respecto y su trabajo arroja varios argumentos para desembocar en esta respuesta. El primer punto de partida tiene que ver con el reconocer que, al analizar una obra o tradición poética no buscamos en realidad lo irracional en la poesía sino las manifestaciones de dicha irracionalidad.
Para Stevens la sensibilidad marca la presencia de la irracionalidad poética, definiendo a ésta como: “…la transacción entre la realidad y la sensibilidad del poeta de la cual surge la poesía”. Es inútil preguntarnos por qué se es poeta, sólo a grandes rasgos puede responderse que un poeta es tal debido a su sensibilidad personal, pero ¿cómo se alcanza este mecanismo?, ¿qué le da al hombre su sensibilidad personal?, ¿importa saberlo?, quizá no, porque nadie lo sabe en realidad.
La poesía podría resumirse como un don de la sensibilidad. Esta sensibilidad es el signo del poeta y no sólo el hecho de escribir poemas. Si bien, no todas las sensibilidades son capaces de crear poesía, cada ser humano posee una sensibilidad propia. Dice Stevens: “Si cada uno de nosotros es un mecanismo biológico, cada poeta es un mecanismo poético”.
Según este autor la elección del tema de la poesía es un asunto completamente irracional. Como dice Juan Gelman “el único tema verdadero de la poesía es la poesía y por eso puede hablar de todo”, porque el tema se decide a partir de la posición del poeta pero es una posición sin referente espacial, una posición a secas.
Quizá son dos los poetas o al menos son dos los seres humanos dentro de un poeta, uno de ellos es el que se oculta siempre, el que nunca se muestra y el otro, escéptico ante todas las cosas, toma las decisiones racionales. No podría ser uno solo, y es que “uno se cansa de la monotonía de la propia imaginación”. Para Wallace Stevens el poeta se escinde, es su naturaleza. Y la poesía recrea también, en su presunta irracionalidad, esa naturaleza mística.
Ahora bien, habría que concluir, a contrapelo del poeta norteamericano y del prestigio que le rodeó, que la irracionalidad de algunos elementos poéticos es sólo aparente pues la poesía es por completo una construcción humana y racional, que cuando comparte esta presunta irracionalidad con el lector, sobre todo para conmoverlo y llevarle a estados paroxísticos, el poeta trabaja una de las formas más sofisticadas del discurso que requiere una aguda conciencia y una gran capacidad de raciocinio.
