Para Sara Lovera López, quien ha dedicado parte de sus 49 años de su ejercicio periodístico a formar dos generaciones que informen de la condición de las mujeres en México, aunque los agravios al gremio sean diferenciados o así se identifiquen, la libertad de expresión no tiene sexo.
Al abordar la desigualdad e inseguridad en las condiciones laborales en el arranque del foro Avances y retos en la labor de las mujeres periodistas en Oaxaca, Sara Lovera, quien recibió el premio Nacional de Periodismo 2016 por su trayectoria, recordó que la libertad de expresión es un bien ligado a la democracia y se constituyó como el primer derecho humano.
Acostumbrada al manejo de las cifras, citó los casos documentados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) del 2000 al 2 de noviembre de 2016, tiempo en que se acumularon 119 homicidios de periodistas, de los cuales 12, alrededor del 10 por ciento, corresponden a mujeres.
La misma proporción se guarda entre los 20 periodistas desaparecidos desde 2005, de los cuales 2 son mujeres.
Para el primer semestre de 2017 se documentaron 276 agresiones a periodistas, incluyendo seis asesinatos y una desaparición.
Se negó a aceptar que, por su condición femenina, a las mujeres les duelen más sus hijos que a los hombres o que mancillar el cuerpo femenino con una violación sea más atroz que poner en los testículos de los hombres choques eléctricos.
“También se parte de la idea errónea de que las mujeres son más débiles y vulnerables que los hombres”, refutó.
Poca atención a agravios
Sin embargo, fue a partir del 2010 que las agresiones a mujeres periodistas empezaron a ser visibles y es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la que manifiesta “la poca atención dada hasta ahora al fenómeno y los obstáculos evidenciados para su denuncia y comprensión”.
Es la organización civil Artículo 19, a través de su informe de 2015, que señala que en los siete años previos se registraron 356 agresiones contra mujeres periodistas en México, destacando que 2015 fue el más violento con 84 agresiones.
El mayor número de agresiones fueron en: Ciudad de México con 76; Veracruz con 52 y Oaxaca con 27. “Las mismas entidades donde preocupa el tema de la violencia feminicida”, analizó Sara Lovera.
Una de las formas más frecuentes para afectar a las mujeres es producirles miedo, ya que por ser recién llegadas al mundo de lo público, no lo conocían, pues Artículo 19 documentó en ese lapso 147 amenazas y 82 intimidaciones.
Persiste impunidad
Es, la creciente llegada de mujeres al mundo del periodismo lo que las ha “hecho visibles y expuestas a los avatares de la profesión”, por lo que al hablar de las mujeres en el periodismo en el contexto mexicano, lo hace desde la desigualdad de oportunidades, de espacios restringidos, de estereotipos y prejuicios que aún prevalecen en torno a ellas y a su trabajo.
Con el asesinato de Manuel Buendía, el 30 de enero de 1984, inició el conteo reciente de las agresiones a periodistas y “de ahí partió la primera convicción gremial de que todas y todos éramos vulnerables”.
Desde ese tiempo en que no estaba en el imaginario que eran delitos evidentes el callar o amenazar a un periodista o hacer detenciones ilegales, porque “las violaciones a los derechos de los periodistas eran vistas como una cuestión política de las relaciones de la prensa y el poder, la era de la secrecía, pero el principal escollo es la impunidad.
