En Tilquiápam habita la pobreza

CERO EDUCACIÓN: RAÍZ DE TODOS LOS MALES
Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

Su madre es el sostén de la familia

SAN MIGUEL TILQUIÁPAM, Ocotlán, Oaxaca.- Las balas le perforaron el estómago, el brazo y le rozaron la pierna; fueron seis en total las que dieron en el cuerpo de Camilo. Ya hace un año de ese día; se salvó de milagro.

Camilo tiene 26 años de edad y vive con su madre en San Miguel Tilquiápam, Ocotlán; su padre nunca se hizo cargo de él, por lo que no tuvo la oportunidad de ir a la escuela; aprendió a medio leer, con la ayuda de la gente con la que ha trabajado.

"Yo no fui a la escuela; sé leer, pero aprendí en la vida; no fui porque no quisiera, sino porque no tuve la oportunidad", explica Camilo, mientras está sentado sobre una pequeña silla en el patio de su casa.

Como gran parte de los habitantes de San Miguel Tilquiápam, se dedica a la venta de nieves; sin embargo, debido a que existen muchos neveros en la población, tiene que salir y eso lo ha llevado hasta Tamaulipas y Sinaloa, donde lo contratan para hacer y vender nieve.

"Desde pequeño trabajaba para sacar a mi familia adelante"; la necesidad siempre ha acompañado a Camilo. Su madre se dedica a la venta de tortillas y desde hace un año, sólo de eso han vivido; "nosotros no sembramos, pues no tenemos terrenos"; en San Miguel Tilquiápam, o siembran maíz y frijoles, o son neveros.

Cuando sale, nada es fácil, pues tiene turnos hasta de 15 horas y no tiene un sueldo seguro, pues gana por porcentaje; "trabajamos de 5 de la mañana hasta las siete de la noche. Ganamos el 35 por ciento de lo que vendes".

Uno de los cuartos de su vivienda tiene muros de tabicón; "tenemos una casa de tabiques, pero nos la regalaron", mientras el otro cuarto sólo está cercado de varas y carrizo, con techo de láminas.

Lugar y momento equivocado

Camilo se embriagaba, en una tienda de San Miguel Tilquiápam, junto a varios de sus paisanos; uno de ellos había consumido cocaína y perdió el control de sus acciones. Sacó el arma que llevaba y la vació sobre Camilo, quien no tuvo tiempo de huir.

Estuvo dos meses internado en el Hospital Civil sin probar alimentos, y desde entonces ha pasado un año; aún se recupera lentamente. No trabaja desde entonces, pues las secuelas se lo impiden; depende económicamente de su madre, quien a pesar de su avanzada edad, ha logrado sacar a su hijo adelante.

Educación para erradicar pobreza

Para Romualdo Mendoza Vásquez, regidor de Educación de San Miguel Tilquiápam, en este municipio hace falta educación para erradicar la pobreza.

En la comunidad, de cuatro mil habitantes -se perciben las carencias-, cerca del 50 por ciento de las viviendas son de lámina.

"El principal problema que se vive en San Miguel Tilquiápam es la educación, porque la mayoría de los jóvenes no estudia, ya sea por falta de recursos, interés o cultura", destaca el regidor.

Cerca del 20 por ciento de la población es analfabeta, y los que saben leer y escribir, pueden catalogarse como analfabetas funcionales, pues no entienden los mensajes que leen o escriben, asegura Mendoza Vásquez.

"Hay que invertir en educación; tenemos un preescolar, dos primarias, telesecundaria y un bachillerato que está a punto de desaparecer por falta de alumnos. Para poner contexto, el  año pasado egresaron 29 alumnos de la telesecundaria, pero solo 16 se inscribieron en el bachillerato", dijo el regidor de Educación.

La falta de educación y de proyectos laborales hace que la gente emigre, sobre todo a Sinaloa y a Chihuahua, con sueldos mal pagados y laboralmente casi explotados, sin que esto solucione el problema de la pobreza.

El campo, las nieves y la migración

Cuando los jóvenes ya no estudian, sólo les quedan tres opciones: trabajar en el campo, las nieves y la migración; "los que se quedan viven del campo, siembran maíz y frijol, pero sólo es para el autoconsumo".

Los que se dedican a la venta de nieves no les queda de otra que ser vendedores ambulantes y los que se van, ya sea a los campos agrícolas del norte del país, para hacer nieve o a Estados Unidos, ahorran por un tiempo, vuelven a Tilquiápam, pero cuando se termina, se ven obligados a irse de nuevo.

"Hay un dicho en la población que dice: come el que va a la escuela y come el que no va", dice el regidor de Educación, quien reconoce que la cultura tradicionalista no ayuda a salir de la marginación.

Y del gobierno estatal, ni sus luces

A menos de 50 kilómetros de la capital del estado, denuncian abandono gubernamental, pues aseguran que en ningún momento han impulsado un programa para impulsar el interés de los jóvenes en la escuela.

Además, bajar los recursos es complicado; "el año pasado no hubo ningún recurso por parte del gobierno del estado; la participación municipal es lo único que nos toca".