A Taviche le saquearon las entrañas; minería se llevó oro, dejó la pobreza

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

No hay empleos en San Jerónimo Taviche, y la agricultura sólo es de autoconsumo.

SAN JERÓNIMO TAVICHE, Ocotlán.- Los recursos naturales fueron saqueados, los habitantes, olvidados y luego del oro y plata que extrajeron, sólo queda la pobreza y el abandono.

La miseria es notoria en San Jerónimo Taviche, Ocotlán, poblado a escasos 50 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez; aquí los dos mil habitantes mueren, literalmente de hambre, sin medios de producción, sin empleos ni agua para sembrar y cultivar granos básicos en las parcelas.

Los agujeros en las colinas son la prueba, la tierra es rica y bondadosa. Sin embargo el terreno es pedregoso y seco para la siembra de maíz, frijol y calabaza sólo se cultivan para el autoconsumo, sin embargo, en el interior de las montañas abundan los metales preciosos.

De la mina sólo quedan las ruinas, pero la minería amenaza con regresar. FOTO: Mario Jiménez

El despojo

Pero de eso, los habitantes de Taviche no saben nada, “mexicanos primero y canadienses después, llegaron, extrajeron y se llevaron todo, nada dejaron para el pueblo”, explica Magdalena Santiago Reyes, regidora de educación del municipio.

La mina cerró hace mucho tiempo,“no había bienestar, lo que había era trabajo, pero con sueldos muy bajos”, afirmó Santiago Reyes, cuyo padre fue minero. Los empleos, mal pagados, sólo se inscribieron como una efímera ilusión para un pueblo acostumbrado a vivir en la pobreza ante la desidia gubernamental.

“Aquí la mayoría de los hombres moría antes de los 50 años”, explica la regidora de educación, pues la exposición a los gases, y el mal equipo proporcionado hacía que los trabajadores enfermaran.

La abundancia del oro y la plata fue tal en Taviche que hasta un ferrocarril exclusivo para transportarlo construyeron con ruta Oaxaca-Ocotlán-Taviche; pero, cuando la mina cerró, también dejó la ruta el monstruo de acero, “la gente no tiene cómo trabajar los minerales, entonces llegaron foráneos para explorar, pero estos se llevan la riqueza”, señala Santiago Reyes.

Muchas preguntas

Del tren no quedan ni las vías, que ha sido convertido en un angosto camino de terracería, mientras la pregunta eterna de los pobladores es: “por qué seguimos siendo pobres, por qué hay desnutrición, por qué hay migración, si nuestra tierra es demasiado rica”.

Recientemente, la Compañía Minera Cuzcatlán, que opera en el vecino municipio de San José del Progreso, quiso llevarse algunos fierros y un viejo molino que quedaban como reliquias, sin embargo, la población lo impidió.

Salvador, hijo de Felipa, no sabe de camas. FOTO: Mario Jiménez

Además, esta compañía ha mostrado interés en realizar nuevos estudios de exploración para conocer si aún quedan minerales en el municipio de San Jerónimo Taviche, “permitiremos la explotación nuevamente siempre y cuando el pueblo se beneficie”, aseguró la regidora de educación.

Comer una vez al día

Felipa abre los ojos. Durante la noche el agua de lluvia se filtró en la vivienda y se empapó el petate en el que dormía, junto a sus cuatro hijos y su madre; ella no sabe de camas. Por fortuna logró detener la filtración con plásticos y tela.

Pero la preocupación de Felipa no termina ahí, no hay maíz y carece de dinero para comprarlo, en la noche no coció el nixtamal, y ahora debe conseguir los 20 pesos para comprar dos kilos del grano.

Sus pequeños hijos no tardarán en despertarse y pedirán de comer, y no hay ni tortillas duras para apaciguar el hambre, la más pequeña, Ximena Elizabeth, tiene dos años, y no entiende de razones, tiene hambre y quiere comer.

De manera desesperada acude a uno de sus vecinos, quien le presta un poco de maíz, mañana tendrá que devolverlo, pero mañana será otro día.

20 pesos para vivir

Felipa Hernández Mendoza vive en San Jerónimo Taviche y es pobre entre los pobres, su única pertenencia es un terreno de 20 metros por 10 que le dejó su padre, y en donde a duras penas logró construir dos cuartos de lámina.

“Soy madre soltera, tengo cuatro hijos y trabajo de lo que sea, lavo ropa, limpio casas”, dice Felipa, “como tengo hijos pequeños, no puedo trabajar todos los días, no tengo a nadie más quien me ayude”.

En Taviche forzosamente debes contar con maíz para comer, pero Felipa no posee terrenos para sembrar, “a veces comemos bien y a veces sólo una vez al día”, explica mientras lágrimas recorren sus mejillas.

Vive con la incertidumbre de qué comerán mañana, si es que lo hacen, “con que haya tortillas, a veces hago un huevo o dos, con un pedazo cada quien”, afirma mientras su pequeña hija de dos años juega con su larga falda.

Pueblo minero y larga historia

Desde la década de los 30 del siglo pasado la actividad minera en San Jerónimo Taviche fue intensa, cuando el Estado declaró Reservas Nacional Mineras a diversas zonas con potencial de explotación mineral, entre ellas los depósitos de oro y plata de Taviche.

La explotación de los minerales estuvo a cargo de empresas con capital nacional y canadiense; a ellas se les entregó, en concesión por 100 años, las vías del ferrocarril que se construyeron para transportar el oro y la plata.

De 1985 a 1989 el municipio de Taviche fue el segundo productor estatal de plata y oro, sólo por detrás de la mina de Natividad.

Las condiciones laborales de los mineros de Taviche nunca fueron las mejores, pues percibían salarios cinco veces menores comparados con sus colegas de Sonora y cuatro veces menos que en Colima. A pesar de eso, en 1990 cerca del 41.75 por ciento de la población económicamente activa era minera.