Ángeles iluminan la Guelaguetza Especial de Oaxaca

Emilio Morales Pacheco Emilio Morales Pacheco

Amplio vuelo de la falda y el zapateado perfecto

Bajo el cielo nublado y un colorido escenario, 18 personas con síndrome de down se adueñaron de la Plaza de la Danza la tarde de ayer.

En Oaxaca, la máxima fiesta regional la gozan todos día con día. La solidaridad, hermandad, amor y talento se manifiesta en celebración, gritos, sonrisas que reflejan la más honesta ovación.

Los pequeños ofrendaron ayer la Guelaguetza Especial, alegres y con sonrisas pícaras enaltecieron danzando con los tiliches de Putla; disfrutaron los sones y jarabes de Betaza; contagiaron de alegría a los espectadores con el Jarabe chenteño y Chinas Oaxaqueñas, que visten faldas de satín y blusas de cajón, atraparon el lente de las cámaras para inmortalizar su conquistadora presentación.

Por décima quinta ocasión, los Ángeles de Luz ofrecieron a Oaxaca su Guelaguetza. El espectáculo compuesta por 10 piezas dancísticas estuvo acompañado por la Banda SInfónica Municipal de Tlaxiaco, dirigida por el maestro Alejandro Zamora Ruiz.

Dulces, hierbas, frutas, sombreros y café fueron ofrendados al público presente el cual, contagiado de alegría y folclor, bailó al tiempo que elogió a los bailarines.

Los de Ejutla y el jarabe Chenteño. FOTO: Emilio Morales

Guelaguetza, ocasión para conquistar

Las personas con síndrome de down que presentan la Guelaguetza regalan su amor y su nobleza, recibiendo fortaleza y seguridad.

"Ellos son capaces de esto y muchas otras cosas más. A ellos les atrae mucho la presencia del público, ver a tanta gente que admire su trabajo, sus años de dedicación, a ellos emociona. Los aplausos, gritos, la ovación del público los llena", refiere el maestro Julio Velasco, quien ha sido instructor de danza en la agrupación Los Ángeles de Luz desde hace ocho años junto con el maestro Said Torres.

Confianza y sanidad

Explica que a través de la danza, los alumnos, además de aprender, se fortalecen tanto mental, social y físicamente.

"Primero que nada, la aportación es muy grande en cuestión de desarrollo motor porque es un ejercicio físico. El desarrollo social, el impacto que tiene esto de convivir o el simple hecho de pararte en el escenario y presentarse ante una multitud.

Los pequeños se han presentado en diferentes escenarios y no han tenido problemas en cuestión de pánico escénico, por ejemplo. Y es que al estar incluidos en un grupo aprenden a socializar y, cuando llegan personas extrañas, ellos, sin ningún problema se acercan, saludan, dicen su nombre, edad y platican, y es algo maravilloso", detalla con una sonrisa en su rostro, y brillo en su mirar.

Las chinas oaxaqueñas enmarcadas por la basílica Menor de la Soledad. FOTO: Emilio Morales

Talento único, aprender y enseñar

El maestro, Julio Velasco, explica que es a través de la imitación como los integrantes de la Fundación aprenden las coreografías, alcanzando una fusión entre practicar y enseñar.

"Únicamente así los chicos se empiezan a integrar en este ambiente de la danza: viendo a los demás bailar. De hecho, ellos son maestros de las personas que ingresan. Ellos empiezan a querer imitar lo que hacen los demás. y yo se los digo: Erick, ahora tú vas a ser el maestro y le vas a enseñar los pasos a tu compañero. Y ellos, además de ser bailarines, toman este papel de maestros y empiezan a transmitir lo que ya saben"

Guelaguetza, cultura, amor y crecimiento

 

El donaire de la mujer cuenqueña, inigualable. FOTO: Emilio Morales

Aprendiendo los bailes de la máxima fiesta de los oaxaqueños, los alumnos no solamente muestran al mundo y se demuestran a sí mismo de todo lo que pueden lograr, sino que también aprenden de la cultura de su estado.

"Además de mostrar sus capacidades también ellos conocen qué tan importante es la Guelaguetza. A lo largo de una década se han incrementado los números de baile, las coreografías y trajes se han modificado. Las mismas personas oriundas de las regiones nos apoyan y dicen los objetos y significados y ellos aprenden", abunda el maestro Velasco.

Además, explica que, como profesor, se siente orgulloso de cada uno de sus alumnos y sus padres.

"Siempre recalco: ustedes no solo aprenden conmigo sino también me enseñan muchas cosas. Por ejemplo, a ser más sensible. De verdad es algo increíble. A los padres de familia les reconozco tanta paciencia, dedicación e inversión, y tambień los maestros, cada uno ha puesto su granito de arena para esta presentación que ya lleva 15 años realizándose"