Tras 86 años de ausencia en la Rotonda de las Azucenas, retorna Zautla a la Guelaguetza

Danza de los Jardineros, estandarte
EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Los danzantes cubren su rostro con una máscara. Las mujeres representan la raza indígena, los hombres la europea tras la conquista de México.

SAN ANDRÉS ZAUTLA.- Establecida en la región de los Valles Centrales, San Andrés Zautla y su Danza de los Jardineros regresará a la Rotonda de las Azucenas en las festitividades de los Lunes del Cerro, después de 86 años de ausencia.

 

San Andrés Zautla se presentará en el auditorio Guelaguetza el 23 de julio en el primer Lunes del Cerro durante la edición vespertina.

 

El violín y la guitarra se enlaza en una armonía pausada. Los danzantes, la mitad con vestimenta de mujer y la mitad de hombre se acompasan en el balanceo del arco floral y el sonido de los cascabeles. Así inicia el baile, ritual ofrecido a su santo patrono. 
 

El rescate en la post-revolución

En la memoria colectiva de Zautla, el nombre de Juan Chávez Bautista se encuentra establecido como el primer maestro rescatista de la Danza de los Jardineros.

 

 


 

Con la culminación de la Revolución de México la localidad, fundada alrededor de 1380, comenzó a recuperar su vida comunitaria. En 1920 Juan Chávez rescata la Danza de los Jardineros y por primera vez se presentan el 30 de noviembre de aquel año, durante la fiesta patronal en honor a San Andrés. La tradición se preserva en la actualidad.

En 1932 el gobernador en turno, Francisco López Cortés, hizo la invitación a las comunidades circunvecinas de la capital, entre éstas a Zautla, para que se presentaran en la Rotonda de las Azucenas en el primer homenaje racial establecido para conmemorar el cuarto Centenario de haber sido elevada a categoría de ciudad.

La agrupación se presentó acompañado por la banda de viento que había sido preparada por el reconocido músico Zacarías Herculano Córdova, autor de Aires Zapotecos originario de Santa María Coyotepec. Con el tiempo las partituras -celosamente conservadas- fueron interpretadas a violín y guitarra.

Empotrada a la pared del salón de Cabildo, lucen las fotografías de los expresidentes municipales, el segundo en el registro, Juan Velázquez Martínez, formó parte de aquella primera delegación que subió al Cerro del Fortín en el primer homenaje racial, en esa muestra de arraigo a su cultura.

 

La Danza de los Jardineros fue presentado en el primer homenaje racial, hoy espectáculo de la Guelaguetza. FOTO: Emilio Morales Pacheco


 

Danza mestiza

Jordán Rojas Chávez, nieto del primer maestro rescatista de la danza, explica que la versión más precisa del origen de la danza es que fue traída por los frailes dominicos y se constituye en una mezcla entre el baile autóctono con el de los españoles.

El cuadro lo conforman ocho parejas quienes portan una máscara. La coreografía se configura en torno al oriente, poniente, norte y sur, es decir los cuatro vientos.

 

Jordán Rojas Chávez, nieto del rescatista de la Danza de los Jardineros. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

La danza es representada exclusivamente por hombres, la mitad con el atuendo de mujeres que simboliza a la raza indígena en grecas y penachos; y la otra mitad de hombres a la cultura española en un sentido de mofa con imágenes religiosas, flores, espejos y boinas.

Antiguamente el cuadro se presentaba durante tres días consecutivos con intervalos de descansos, por lo que no se incluía la participación de las mujeres. Los danzantes ofrecían el primer baile en la iglesia y posteriormente recorrían toda la comunidad los días 30 de noviembre, así como el 1 y 2 de diciembre, desde las diez de la mañana hasta las ocho de la noche.

En total son ocho sones y cada número dura alrededor de 10 minutos. En uno de éstos se baila la granada que consiste en trenzar 16 cuerdas que se desprenden de lo alto de un poste de madera coronado por una figura en forma de dicha fruta.
 

Vivir y morir en Guelaguetza

A pesar de su cercanía con la capital del estado, la población conserva íntegramente sus prácticas comunitarias de ayuda mutua. Así, vivir y morir se ejecutan en Guelaguetza, pues lo mismo se practica durante las bodas como en los funerales.

“Vulgarmente decimos que el difunto se entierra solo porque la gente es muy solidaria. Cuando es el caso, se le lleva maíz, frijol, dinero, lo que se pueda para ayudar en el gasto”, explica Paulino Rojas Bautista, integrante del grupo folklórico.

Él tiene 25 años y desde hace siete decidió ser “jardinero”. Al menos un 50 por ciento de la agrupación la conforman jóvenes, lo que garantiza larga vida a la Danza de los Jardineros, como un reflejo de hermandad y arraigo.

“Nosotros vivimos en Guelaguetza en ese sentido de dar y recibir. Nuestro dicho más común es: cariño quiere cariño. Aquí las festividades y duelos, lo sacamos avante porque no se ha perdido ese sentido de ayuda. Se lleva lo que se tenga y si no hay se llevan las manos para ayudar”, explica Francisco Jiménez, también integrante del comité de la danza.

 

San Andrés Zautla, también conocido como la cuna del curado de mezcal se ubica a 25 kilómetros de la capital. FOTO: Emilio Morales Pacheco

Zautla y sus habitantes

La localidad se ubica a 26 kilómetros de la capital del estado, la cabecera municipal la conforman al menos 5 mil habitantes, quienes en su mayoría viajan a la capital del estado a desempeñar sus actividades laborales en oficinas públicas y de gobierno.

Otras de las labores que caracterizan a la comunidad es la preparación del curado de mezcal, bebida elaborada con mezcla de frutas de la región.