El cometa que asustó a Oaxaca y al que responsabilizaron del sismo del 19 de julio

Emanuel Salinas Emanuel Salinas

Su estela recorría el atardecer del cielo de Oaxaca y el cuerpo celeste iluminaba la Verde Antequera, en aquel abril de 1882 la población vivió el avistamiento de un cometa que surcó la bóveda celeste, un evento que también dejó un mal augurio en los habitantes: existía la creencia de que estos viajeros fugaces del espacio eran precursores de catástrofes y cambios históricos. Tres meses después un terremoto de 7.5 grados retumbó en Oaxaca el 19 de julio.

El temor invade las almas de los abuelos cuando al voltear al cielo las nubes aborregadas parecen advertir una catástrofe, lo mismo sucede al ver el halo que rodea al astro brillante o cuando el ladrar desesperado de los perros resuena en las calles, estas creencias están arraigadas en los oaxaqueños y sus pueblos y aunque es un mito que predicen la realidad, hubo dos casos donde las premoniciones coincidieron con hechos reales.

Una de las crónicas rescatadas sobre el terremoto de 1882 relata cómo sorprendió a la población después de las 14 horas y ha sido publicada en el libro “500 años de desastres. Crónicas, relatos y estadísticas de sismos en Oaxaca”, que concentra la evidencia histórica y la recopilación de datos, estadísticas y narraciones (posteriormente documentaciones) de los sismos en el estado.

"Siguiendo con la creencia general de que los cometas son precursores o anuncios de calamidades o desgracias y de acontecimientos notables, el pueblo no vivió tranquilo desde que empezó a ser visible a la simple vista dicho cometa y aunque la gente sensata y culta sabe muy bien que esos viajeros del espacio no tienen relación con las guerras, las pestes, las inundaciones y otras cosas; así en esa vez cupo la coincidencia de que el 19 de julio de 1882 del expresado año, se dejara sentir un fuerte temblor a las dos y media pm (sic)".

El terremoto del 1887 también fue avisado, pero en esta ocasión por un cura de San Pedro Yolox de la Sierra de Ixtlán de Juárez, que advirtió el evento, gracias a su "habilidad" difundida en aquellos años por toda Oaxaca.

"En la casa de D. José Alonso Romer, escribano de cabildo a la época de los temblores, se encontraba hospedado el cura de Yoloz, D. José Arce. El 28 de marzo, poco antes del primer terremoto, llamó a cuantos habitaban la casa, y los sacó a la calle anunciándoles el peligro a que en breve se iba a ver expuestos: el hecho confirmó el vaticinio (sic)", relata el antecedente del cura Yolox, como lo conocían.

"Este cura se fue a vivir a la plazuela del Carmen, como otros muchos y de ahí era el común oráculo, prediciendo con seguridad y exactitud la hora en que había de temblar la tierra y si el temblor había de ser fuerte o suave. Él mismo explicó el modo con que conocía esto, por cierto ruido interior que sentía en la cabeza y que tenía bastante regulado para no errar en sus vaticinios, sin pretender por lo mismo que lo tuviesen por adivino (sic)".

La reciente publicación se puede encontrar en la Fundación Bustamante Vasconcelos, ubicada sobre la calle Mariano Abasolo, frente al jardín Antonia Labastida.