Oaxaca y los olvidados de la calle...

ENTRE LA COMPASIÓN Y LA INDIFERENCIA
EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Un árbol y una banqueta, el único refugio cuando se carece de una casa en dónde dormir.

El cemento da dureza a su cama, montada a ras de piso, sobre la banqueta, con apenas un cartón y una cobija de por medio.

No espera nada. Sólo quiere que la vida transcurra. Desfallece cada noche y puede dormir hasta después de que la mañana empieza. El motor de los camiones le ruge en los oídos, el estómago también, pero ya se acostumbró a pasar hambre.

 

Entre la revoltura de cobijas, una mujer duerme en la Avenida Central, en la zona aledaña a la Central de Abasto. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Un hombre duerme cerca de sus pies, tapado con una cobija, pero no es un familiar, sólo “una amistad” con la que comparte la misma carencia: una casa.

“Hay un niño”, exclama un hombre a su acompañante, mientras ambos miran de reojo, sin detener su marcha.

Entre sueños, María de la Luz descubre su rostro. “¡Levántense!”, el grito cerca de su cara la obliga a abrir sus ojos y escupir una respuesta con la que intenta protegerse “¡Qué te importa!”

El coraje le rumia en la cabeza y la idea de que “ese estúpido” no se detuvo a pensar que si duerme en la calle, es porque no tiene otro lugar.

Si el hombre “fuera inteligente”, argumenta, “hubiera dicho 'esta gente está aquí porque no tiene dónde vivir'”. La tristeza instalada en el rostro de María de la Luz, se agudiza.

 

Dormir en la calle, entre el frío y la indiferencia. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Sobreviven con poco

Pasan de las 9 de la mañana. María de la Luz comienza su rutina diaria, se despoja del marasmo peinando los cabellos salpicados de canas; no hay más que hacer para su aseo personal.

Su hijo José Abraham, un adolescente de 14 años, despierto ya, se marcha “a una taquería” donde le darán “lo que quieran” por ayudar hasta que llegue la noche.

Acomoda los cartones rígidos de su casa “sin techo”. En una bolsa negra guarda las cobijas que mezcla con ropa; en un costal, el resto.

Una caja hecha con tiras de madera le sirven de banco, mira el paso de automóviles, personas y autobuses; no tiene prisa, tampoco qué comer.

La “amistad” que dormía cerca de sus pies se marcha a deambular por la ciudad; ella cruza la calle y le hace segunda a una vendedora, ofrece chicles en un intento por conseguir algo de comer, por si hoy nadie le regala comida.

 

Cualquier rincón sirve de "cama" FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Juntar 50 o 100 pesos le permitiría sobrevivir, comprar medio o un kilo de tortilla, un queso, unas patitas de pollo o diez pesos de salchichas picadas y pagar el servicio sanitario en un estacionamiento, donde a veces le niegan el paso, argumentando que está sucio.

 

300
personas viven en las calles de la ciudad: Coordinación Estatal de Protección Civil del Estado de Oaxaca.

 

“De vez en cuando voy a ver a mi papá en la (agencia municipal) Vicente Guerrero (en la Villa de Zaachila) o a mi hija en San Gabriel, Etla, para echarme un baño y lavar mi ropa”, pero hoy no es el día.
 

Sin importarle a alguien

Su memoria, algo resquebrajada, aún le permite recordar que nació en Huehuetán, Chiapas, pero no logra saber cuándo llegó a Oaxaca.

 

El sueño de María y su hijo José, sin techo para resguardarse. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Sabe bien que para la gente es “un estorbo”. No reconoce que padece esquizofrenia, sus fechas están alteradas.

Culpa a su padre de separarla de su madre “diciendo que me iba a dar terreno, escrituras y el 20 por ciento de su pensión que no le dio a su madre, que me iba a poner mi restaurante, que cada mes me iba a ayudar con lo que pudiera”.

María de la Luz es una mujer de 52 años que no sabe si algún día dejará de vivir en la calle; además de ser una estampa urbana de esta ciudad, es la síntesis de la falta de políticas de atención a población en extrema precariedad y con problemas de salud mental.