Enrique de Inglaterra con Meghan Markle: una boda real con dividendos

La costosa boda real británica que se celebra este sábado ha merecido cada céntimo. El matrimonio del príncipe Enrique de Inglaterra con Meghan Markle les habrá costado a los contribuyentes hasta 30 millones de libras (34,3 millones de euros). Pero si la unión transatlántica atrajo aunque sea a un pequeño número de turistas estadounidenses adicionales a Reino Unido, el gasto se recuperará con facilidad.

El matrimonio del exmilitar con la estrella del drama televisivo Suits ha parecido sin duda caro, en especial para los casi uno de cada cinco ciudadanos británicos que afirman que les gustaría abolir la monarquía. Aunque la cifra total es secreta, la empresa que organizó la boda, Bridebook, calcu­la que ha ascendido a 32 millones de libras. Es cierto que la familia real cubre los gastos en flores, tartas y similares, pero el grueso del desembolso está en el aumento de seguridad necesario para proteger al nieto de la reina, su prometida y los parientes e invitados de ambos.

No obstante, no es mucho comparado con lo que genera un evento como este. Es difícil imaginar una campaña mejor para promover el turismo que las imágenes de la actriz estadounidense y el nieto de la reina moviéndose por Windsor en un enlace repleto de rostros famosos. En 2016, el último año de los que hay datos disponibles, los ciudadanos estadounidenses realizaron 1,6 millones de visitas turísticas a Reino Unido, y gastaron alrededor de 1.430 millones de libras, según VisitBritain.


Si la boda real provoca un mero aumento del 2% en el número de visitas de turistas estadounidenses, los ingresos añadidos superarán el gasto. O también, los visitantes estadounidenses actuales subvencionarán las nupcias si han gastado de media 20 libras más en tazas ceremoniales, cajas de galletas u otros recuerdos de la realeza. Aun así, si atraer turistas era la principal motivación de Enrique de Inglaterra, habría sido mejor escoger una novia china. Aunque Reino Unido recibió solo 120.000 visitas de la República Popular en 2016, esos turistas gastaron, de media, más que sus homólogos estadounidenses.

La boda también debería haber ayudado a apuntalar la menguante influencia británica. El caos político suscitado por la decisión de abandonar la Unión Europea ha dañado la imagen del país en el extranjero. La elección de novia por parte del príncipe Harry le muestra al mundo que hasta una institución tan vieja como la familia ­real está abierta al cambio. Es difícil poner precio a ese tipo de publicidad positiva.