VIDEO| Cacao blanco, tesoro de Oaxaca y su rescate, en solitario, de familias chinantecas

SAN FELIPE DE LEÓN, San Juan Bautista Valle Nacional, Oax.- Las palmas, caobas y cedros cubren hasta las cumbres de las montañas, el único camino para poder llegar a la agencia de San Felipe de León es una terracería lodosa que con las lluvias complica el traslado a las camionetas que llevan a los habitantes hasta el municipio de Valle Nacional, el producto que más se comercia y motivo del viaje: el cacao.

En esta agencia municipal cuenqueña todos los habitantes comparten algo en común, la lengua materna chinanteca y los cacaotales, en especial uno nativo para las selvas sureñas de México, de Centroamérica y Sudamérica, el Theobroma Bicolor (cacao blanco), una especie hermana del Cacao que da un fruto menos amargo y que en la actualidad es muy cotizado por sus propiedades y su valor cultural.

En mayo de 2017 NOTICIAS Voz e Imagen de Oaxaca visitó la agencia municipal de San Rafael Toltepec (en San Pedro Pochutla) para conocer el proyecto de rescate del cacao blanco del productor Guadalupe Vásquez Altamirano.

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A diferencia de este proyecto para recuperar y difundir el fruto en la costa de Oaxaca, en San Felipe de León y comunidades de la Chinantla, el Theobroma Bicolor se cultivaba desde tiempos ancestrales, "se daba naturalmente en el jardín, en la selva, mi abuelo tenía en la casa cuando yo era pequeña", relata Dionisia García Juárez, habitante de 50 años que siembra, acopia y transforma el cacao.

"Mis padres vivían en Arroyo de Uva, allí había cacao grande -el cacao blanco es de mayor tamaño que el forastero y el criollo-, desde que era pequeña mis abuelos ya tenía los árboles, no sé cuantos años la gente lo haya sembrado", cuenta la mujer mientras enciende el molino para hacer chocolate para beber, hecho con una cuarta parte de Bicolor, el resto de criollo fermentado, azúcar y canela de San Martín Soyolapam.

Dionisia transforma el cacao local en el taller de procesamiento de productos forestales no maderables de San Felipe de León, un proyecto que surgió en 2008 con 20 mujeres y que obtuvo una certificación orgánica por la sociedad civil Certificadora Mexicana de Productos y Procesos Ecológicos (Certimex).

Debido a la falta de un capital de trabajo y capacitaciones la sociedad de mujeres se redujo a ocho transformadoras, independientemente que continúen con la siembra del cacao.

Junto a Dionisia continúan trabajando las chinantecas Elizabeth Martínez Salinas de 35 años y la joven de 17 años Vilma Nivia, quienes encuentran una fuente de ingreso en la transformación del cacao a chocolate en barras, en manteca o para beber.

Recuperar el valor del cacao

Don Rosendo Flores Gregorio es uno de los productores contemporáneos más grandes en la comunidad, en 1977 viajó a Veracruz para conseguir semillas del cacao criollo y sin el auxilio de técnicos e ingenieros realizó su plantación.

"La semilla la trajimos de San Andrés Tuxtla, hicimos el vivero y las sembramos cuando ya estaban listas, ahorita tengo 65 árboles de cacao. Aquí todo el año se da y recojo entre 80 y 100 kilos; pero si se enferman (moniliasis) ya no dan y se ponen prietos, es una plaga que quiero combatir, hace falta un técnico que nos asesore", menciona el octagenario.

El agricultor de 43 años, Elías Flores Nicolás, destaca que en la población no hay grandes productores pero todos siembran el alimento de los dioses.

"El problema de nuestro campo es que no tenemos apoyos de dependencias para estudiar el terreno y darnos herbicidas o insumos para el cuidado de las plantas, no contamos con recursos para comprarlo, somos pobres y de aquí sólo se saca lo necesario, ni para fumigar alcanza", Elías cuenta que en 2017 logró comerciar hasta 40 kilos de cacao.

Los cafetales fueron sustituidos por las plantas de cacao, los habitantes vivieron la plaga de la roya y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) nunca ha tenido presencia en la comunidad, mientras sus habitantes se valen para que el cacao mejore su economía familiar y preserve sus selvas.

Desde 2014 San Felipe de León tiene un predio de 3 mil 500 hectáreas certificadas como una área de conservación por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), al mismo tiempo un predio de 2 mil 813 hectáreas participa en el programa de Pago por Servicios Ambientales (PSA) de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), el cual tiene un plazo entre 2016 y 2020.

La agrónoma Josefina Jiménez, quien participó en 2004 en un estudio de ordenamiento y planeación territorial de San Felipe de León, menciona que las parcelas agroforestales con plantas de cacao, chicozapote, mamey, etcétera, rodean al ejido y lo protegen del contacto y actividad humana.

"Los mameyes, platanares, el achiote, el Dsieg Lag (cacao tigre -blanco- en chinanteco) forman una cobertura forestal secundaria no maderable que permite la conservación de la fauna y flora nativa, por eso es importante la difusión y el comercio del cacao, cosechar los frutos ayuda a las familias de San Felipe de León y ayuda a la preservación", destaca Josefina Jiménez.