Yodohino, aquí los niños de Oaxaca hablan spanglish y pagan multas por ciclos escolares truncos

Cerrar escuelas temor ante falta de niños
EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

La migración y la transculturación en la vestimenta, playeras con leyendas americanas y gorras con viseras planas.

SANTO DOMINGO YODHOHINO.-El papel picado ondea al cielo entre el rastro de humo que deja la pólvora de los cohetes al salir disparados. Como pocas veces, las pequeñas calles delineadas con casas de adobes están vivas. Se oyen risas de infantiles. Las mujeres van a paso veloz de sus casas al templo del lugar y luego hacia la mayordomía en donde corren los tazones de arroz y frijol para el almuerzo. Es día de fiesta.

 

85% en la pobreza
1 de cada 3 en extrema pobreza
15% sin acceso a la alimentación
21% es analfabeta
17% de la población habita en viviendas con piso de tierra

 

Atuendos americanizados predominan en las fiestas de la localidad. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

La banda de música tradicional hace contraste con las personas retornadas de Estados Unidos, Ciudad de México, Veracruz y Puebla. Los primeros ataviados con camisas rancheras y sombreros, los visitantes con playeras y pantalones “dickies”, tenis, gorras de viseras planas que cubren del sol los cortes a rape, así como una marcada lengua en inglés en el caso de quienes se fueron al país vecino, o de acento chilango, los que se fueron a la capital del país.

¿'Who want to buy children? - pregunta a sus hijos “David”, quien desde los 14 años dejó Yodohino para, como dice el cliché, buscar el sueño americano.

¿What is this? - El más grande, quien no rebasa los ocho años de edad, apunta con el dedo hacia un trozo de carne oreada que cuelga en la tienda de abarrotes de Crispina, una de las pocas mujeres madres de familia con pequeños en edad escolar.

Las palabras en inglés se apropian del espacio establecido casi en el centro de la población en donde la música y los cohetes no paran de retumbar.

“David” prefiere no decir mucho sobre su vida, sólo en algo es determinante. “Me fui porque aquí se vivía de pobreza”.

Al dejar el terruño mixteco, también dejó una deuda de diez mil pesos por el año escolar que dejó inconcluso de secundaria, pues en Yodohino, desde 2007 todo aquél niño, niña o adolescente en edad escolar que deje la comunidad, está obligado a pagar diez mil pesos por cada ciclo trunco.
 

Sangría escolar

La medida, explica Crispina, fue establecida por acuerdo de asamblea con la intención de detener la extinción de población estudiantil y de esta manera evitar que las escuelas fueran cerradas. De acuerdo con la mujer, el preescolar, la primaria y secundaria están considerados como planteles incompletos. Juntos no llegan ni a 50 escolares.

Aunque reconoce que las multas son excesivas, existe un acuerdo total, motivado por la preocupación de que las autoridades educativas retiren a todos los maestros por falta de alumnos. "Va a llegar un momento en que no vamos a tener maestros y los que se quedan, ¿qué van a hacer?, ellos también tienen derecho a estudiar", justifica.

 

Doña Soledad de 75 años de edad, migró desde los 24; regresa cada año a las fiestas de cuaresma. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Persiste la sangría migratoria

Quienes han migrado con sus hijos cumplen rigurosamente con sus cuotas, pues de lo contrario se les suspenden los servicios de agua y luz, incluso se les prohíbe utilizar el transporte público, regresar a la comunidad o hacer uso de sus terrenos y viviendas.

 

Aún con las multas la gente se sigue yendo. Aquí no hay fuente de trabajo, lo que existe es mucha pobreza. Los que podemos nos dedicamos al comercio pero la mayoría lo hace al campo

 

Yodohino deja de ser fantasma en día de fiesta. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

El informe sobre la situación de pobreza y rezago social emitido por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval 2010), refiere que 84 por ciento del total de la población conformada por 369 personas se encontraban en pobreza, de los cuales el 52.3 por ciento presentaban pobreza moderada y 31.7 por ciento estaban en pobreza extrema.

Julián, habitante de la población quien nunca ha migrado, se considera dentro de ese rango extremo. Su vida la ha dedicado al campo, actividad que a duras penas le da para tener maíz y frijol unos ocho meses del año.

Sentado en el borde de la fuente que adorna el atrio del templo de la comunidad, apunta hacia un costado en donde se visualizan cerros descarnados, desprovistos de vegetación, con árboles completamente secos. “Mire usted, en esas tierras ¿cómo sembrar?”.

Yodohino, o llano de tabaco, está ubicado a 227 kilómetros de la capital del estado enclavado en la mixteca, la región más árida del territorio oaxaqueño. El municipio, del cual se tiene registro desde 1864, fue fundado en un llano amurallado por la montaña Xucundeo y el cerro Negro, alejado por kilómetros de carretera abierta como áspera serpiente.

 

Primero hombres, luego mujeres; ahora, familias enteras

Aún así, bajo las difíciles condiciones de acceso, la migración los alcanzó. Al principio era predominantemente de los hombres, al tiempo el desplazamiento hacia el norte y centro del país también se sumaron las mujeres y luego familias enteras.

Ví como mis contemporáneos se iban; yo decidí quedarme porque aquí me acostumbré, pero la población cada año se va haciendo más pequeña. Nada más terminan la telesecundaria y se van. Nos estamos quedando sin gente y sin niños- Julián tiene unos ojos estrechados por las arrugas de sus más de 60 años.

 

El abismo del olvido

 

-¿Cree usted que Yodohino esté destinado a desaparecer?

-Pues, estamos pensando que vamos por ese camino. Si no se frena esto, pues por ahí vamos. Frenarlo es difícil porque el gobierno no apoya para hacer fuentes de trabajo.

 

Pocos son los jóvenes que habitan en la población, la mayoría vive en Estados Unidos, Ciudad de México, Puebla y Veracruz. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Multas por migrar violan DH

Aunque en 2010, la otrora Comisión Estatal de los Derechos Humanos, hoy Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO) así como el Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante (IOAM), señalaron que el cobro de multas por migrar era violatorio, todos los intentos realizados por eliminarla han fracasado.

Uno de los casos emblemáticos fue el de Inocencio Velasco Aguilar quien al intentar retornar a su comunidad fue condicionado a pagar 200 mil pesos por el tiempo que sus hijos estuvieron fuera de la población. Ante la insolvencia para pagar todos sus derechos y servicios le fueron suspendidos.
"Yo no recuerdo eso porque a lo mejor aquí no existió", señala el presidente municipal de la localidad, quien rechaza la existencia de tales multas.