Chile de agua: riqueza desaprovechada de Oaxaca

MARIO JIMENEZ LEYVAMARIO JIMENEZ LEYVA

De preferencia asado, la forma ideal para comer el chile de agua

SAN SEBASTIÁN ABASOLO, Oaxaca.- De las 64 variedades de chiles que existen en México, Oaxaca posee 25, pero en la planeación agrícola 2017-2030 de chiles y pimientos mexicanos que elaboró la Sagarpa, no aparece en ninguna de las estrategias.

Ese desdén para impulsar un condimento que es la base de la gastronomía mexicana, tiene un efecto directo en los productores de éste y otros 35 municipios de los Valles Centrales en donde se cultiva el chile de agua.

Ingrediente peculiar

De color verde claro o rojizo, el chile relleno es preferido asado o capeado con huevo; pero también favorece los procesos de cicatrización, ayuda a contrarrestar problemas de acné, herpes labial, heridas de piel y es un antioxidante.

Para promover este cultivo, hasta antes del 2013, los campesinos de este municipio impulsaron la Feria del Chile de Agua y el Ajo, pero con sus propios recursos, hasta que no pudieron hacerlo más.

Cada vez cuesta más trabajo hacer que la tierra produzca, sin utilizar fertilizantes. FOTO: Mario Jiménez

En vez de que la producción aumente, Felipe Morales Mateo ve cómo disminuye. Poco después de empezar a organizar la feria, en los años 80, formaron una sociedad de chileros que permitió contactar a compradores en la Ciudad de México.

Plagas y malos precios

La propagación de plagas entre los cultivos, “una que los ingenieros llaman el mosaico y nosotros el chino, porque hace que el chile se enrolle y se quede diminuto”,  hizo que el número de parcelas destinadas al cultivo disminuyera.

Si hubo campesinos como Felipe que no dejaron de sembrar, los contactos con los compradores de la Ciudad de México se perdió. Se batalló para controlar la plaga, pero conservar la semilla permitió mantener el cultivo.

Cuatro meses después de sembrar los 32 surcos trazados en poco menos de dos mil metros cuadrados, Felipe y su esposa Juana Méndez Cruz inician la cosecha. Es el primer corte de cinco que planean hacer en un lapso de dos meses.

Los chiles de agua de primera, como se les identifica por lograr un tamaño de 12 o 15 centímetros, todavía son escasos. Ambos demoran más tiempo en recorrer los surcos y encontrar el fruto ideal.

El canasto de carrizo se llena con calma. Su capacidad es para 450 chiles de buen tamaño, tanto verdes como rojos; al mayoreo, el precio máximo que podrá alcanzar es de 650 pesos.

450 chiles de agua se necesitan para llenar un canasto que se comercializa a 650 pesos. FOTO. Mario Jiménez

Falta mercado

Es la Central de Abasto de la ciudad de Oaxaca el único punto de comercialización y cuando la producción abunda, se satura y como sucede con otros productos del campo, se malbarata.

“A nosotros nos dan un lugar pequeño. Cuando hay sobreproducción es cuando más batallamos. Si sembramos bastante, nos llevamos hasta 60 canastos de chile y si vamos 10 o 15, a dónde más vamos a sacarlo”, se pregunta sin encontrar una respuesta.

Por la escasez y la demanda, en la temporada de Semana Santa, el mismo canasto con 450 chiles de agua rondaba en los mil pesos, el mejor precio del ciclo, una variable a la que se han acostumbrado los productores.

“A veces tiene buen precio, otras no; pero a veces en el otro ciclo se compensa. No todas las veces vamos a pensar que es rentable”, dice un hombre que está acostumbrado al desdén oficial.

Sin apoyos

A cielo abierto y sin apoyos, así es como se cultiva el chile de agua en Abasolo. FOTO: Mario Jiménez

El año pasado intentó en vano que una dependencia de la cual no recuerda el nombre, le autorizara un proyecto para financiarle un invernadero. Su propósito era mejorar la producción de chile de agua, en un ambiente controlado.

Que su parcela fuera tan pequeña, fue la limitante para lograr la autorización del proyecto; algo que lo supo hasta el final del papeleo, “uno busca, pero no hay apoyos”.

Le preocupa que “la temperatura en el campo ya no es como antes y eso llega a afectar”, dice y Juana, su esposa, también lo sabe. Esta cosecha “tardó en despegar, se hizo de rogar, las altas y bajas del clima les afectó mucho”.

Ella confía que puedan sacar hasta siete u ocho cortes, pero él es más realista, cinco son seguros y el resto de la cosecha ya no será de buen tamaño.

Aún con las limitadas ganancias y la falta de apoyo, ninguno de los dos visualiza abandonar la siembra del chile de agua; su cosecha la ven casi como una tradición que caracteriza a este municipio y a la vez les permite sobrevivir, sin más.