Haciendas de Oaxaca, en ruinas; persiste la miseria

MIGUEL MAYAMIGUEL MAYA

La ExHaciendo de El Rosario, en ruinas. Por aquí quedaron truncos los ideales zapatistas

— ¿Por qué llora?

—Porque nos quitaron la tierra.

— ¿Quiénes?

—Los amos.

— ¿Y por qué no pelean contra ellos?

—Porque son poderosos.

—Pues cuando yo sea grande haré que las devuelvan. Fue la conversación que tuvo Emiliano Zapata con su padre cuando tenía nueve años. Hoy se cumplen 99 años de la muerte del caudillo, quien durante la Revolución Mexicana trató de eliminar el caciquismo en México y restituir la posesión de la tierra a los jornaleros.

LOS DUEÑOS DE LA TIERRA

El terreno de Apolonia no mide más de 400 metros cuadrados. Ahí vive con sus cinco hijos, cada uno con familia. Seis maltrechos cuartos de láminas impregnadas de sarro, contrastan con las casas de dos o tres pisos que la rodean, terrenos que alguna vez fueron de su padre, luego de sus hermanos o sus tíos y ahora pertenecen a desconocidos.

Apolonia es descendiente de los jornaleros de la ExHacienda de El Rosario.

Mi papá contaba que comenzaba a trabajar a las 5 de la mañana y terminaba a las siete de la noche, los siete días de la semana, narra Apolonia, quien a sus 65 años vive a unos cuantos metros de la Ex Hacienda de El Rosario, donde su padre laboró desde que tenía 12 años.

Al padre de Apolonia no le regalaron nada, luchó para que una pequeña porción de la hacienda en la que trabajó gran parte su vida, fuera suya, “nos corrieron de donde vivíamos, nuestras casas eran de carrizo y de cartón, aun así nos las arrebataron”.

Pero eso no sucedió durante el Porfiriato, ocurrió en los años 60, cuando en teoría la Reforma Agraria era una realidad. “El patrón llegó un día, sobresaltado. Unos animales se habían comido la alfalfa y nos gritó que para eso estábamos nosotros, para cuidarlo”.

Los jornaleros se organizaron y tomaron por asalto las tierras que luego fueron suyas, “a la fuerza, pero quizá con más derechos”, dice Apolonia, con un gesto de victoria en el rostro que pronto se diluye.

Después de tanto tiempo, “seguimos siendo pobres, ellos ya no son hacendados, pero son los que todavía tienen el dinero, nada ha cambiado”, afirma Apolonia al recordar que muy pocos de los habitantes de la agencia de El Rosario son oriundos de la misma.

Apolonia es descendiente de los jornaleros de la ExHacienda de El Rosario. FOTO: Miguel Maya

A 99 años de la muerte de Zapata, el caudillo campesino, quien prometió devolver las tierras a los pobres, la problemática social es la misma. Con diferente tono, con diferente táctica. Los herederos de las empresas conservan el dinero y los descendientes de los jornaleros siguen siendo pobres.

Haciendas y más haciendas

Entre 1640 y 1940, la hacienda fue la unidad productiva que predominó en el campo mexicano y en torno a ella giró toda la problemática agraria, señala Jean Meyer en su publicación Haciendas y ranchos, peones y campesinos en el Porfiriato.

Si bien en Oaxaca gracias a su orografía (cerros inaccesibles) contaba con una gran cantidad de pueblos libres, según Meyer el 16.1 de la población de 1910 vivía en haciendas, el resto (85.9%) residía en pueblos libres.

Esto contribuyó, de acuerdo al autor a la correlación existente entre la fuerza de la propiedad comunal en Oaxaca en 1910 y la no participación de dicho estado de manera significativa en la Revolución.

Sin embargo, desde la Época Colonial Valles Centrales fue dominada por las haciendas, pues en 1643 ya se contabilizaban 41, aunque no de considerable extensión, comparadas con las del centro del país.

El cronista de la ciudad, Jorge Bueno, aseguró en un artículo publicado en 2018 que en 1826 se funda el distrito Centro, que es el de Valles Centrales y comprendría entonces 28 pueblos, 37 haciendas, 36 ranchos, cuatro molinos y un trapiche.

La organización

La hacienda durante el Porfiriano estaba organizada, de acuerdo al general Amador Acevedo, por un administrador, de ahí venía el guardacampo, el mayordomo y las tiendas de raya, tan odiadas por el pueblo.

En estas tiendas los patrones vendían a los jornaleros artículos al precio que imponían, apuntando lo que se les ocurría y cediendo lo que se les antojaba o sobraba.

Por ejemplo, el trabajador, cuando necesitaba algo, iba a la tienda de raya con su tarjeta; ahí le daban lo que solicitaba y se lo cobraban al precio que señalaba el patrón, porque la mayor parte de los peones era gente inculta que no sabía ni leer ni escribir, motivo por el cual era fácil engañarlos, narra el general.

Le pagaban 75 pesos a la semana

Francisca vende tejate frente a la ExHacienda de Candiani, donde su esposo trabajó. FOTO: Miguel Maya

En un pequeña mesa, frente a la construcción de lo que alguna vez fue la hacienda de Candiani, Francisca, de 72 años vende tejate, “en la hacienda, hasta donde yo recuerdo criaban vacas. Mi esposo se levantaba a la una o dos de la mañana para ordeñarlas”.

Con esfuerzo y sacrificio, compraron un pedazo de tierra. Francisca no ha abandonado sus recuerdos, sigue viviendo ahí, en un pedazo de tierra que con mucho esfuerzo compró en la década de los 50. Se sostiene de lo poco que gana en el improvisado puesto, donde ofrece la legendaria bebida.

A Francisca le tocó habitar en los restos de la hacienda, “el patrón tenía cuartos dentro de la propiedad, ahí vivíamos los trabajadores”, recuerda, y no lo olvida, pues ante ella, todos los días está la construcción que, a decir de la anciana, sólo ha cambiado por el módulo de policía que colocaron enfrente y que nadie usa.

“La tierra es de quien la trabaja”, es la frase más conocida de Emiliano Zapata, quien vivió hace un siglo en un país lleno de desigualdades e injusticias. Hoy, en 2018, las cosas no parecen haber cambiado mucho.