Historia de un poeta

TUXTEPEC, OAX.- Nació en Bellavista, Nayarit, licenciada en educación física que en el pasado tuvo la oportunidad de representar a nuestro país en competencias internacionales, obteniendo por algún tiempo los récords nacional y mexicano en carreras de 800 y 1500 metros, de 1990 a la fecha dedicada a las letras y enamorada de la poesía, Queta Navagómez es nuestra poeta de la semana.
"Desde 1990 empecé a escribir cuentos, luego asistí a talleres literarios donde tuve la suerte de tener como maestros a Guillermo Samperio y Edmundo Valadés, en poesía empecé a formarme con Enriqueta Ochoa, Jorge de la Luz y Antonio del Toro, continué en talleres literarios porque considero imprescindible la relación escritor-lector, Graciela Serna, Ricardo Bernal y Alberto Chimal fueron mis nuevos maestros y de ellos aprendí la disciplina para escribir, en poesía me integré al taller del maestro Óscar Wong" señaló la poeta.
Pese a su corta experiencia, en 1995, obtuvo el primer lugar del II Certamen Literario de la Revista Marie Claire, lo que significó un viaje a París del cual dijo regresar motivada para seguir escribiendo. En el mismo año ganó el Premio Nacional de Cuento “Álica de Nayarit” y después el Premio Nacional Bienal de Poesía “Alí Chumacero” 2003-2004, además de otros premios literarios.
La poeta comentó que el cuento es un género literario que le apasiona, ya que le permite crear momentos significativos para sus personajes, "es en el que mejor me desenvuelvo, leo mucha poesía, exploro nuevas formas de expresión y sé que algún día voy a consolidarme como poeta, me mueve mucho la gente y sus situaciones aunque también exploro en lo fantástico".
Como parte de sus proyectos, duró cerca de diez años leyendo y recabando información sobre huicholes, convivió un poco con ellos y de esa experiencia surgió un libro de cuentos, una novela y un poemario en el que trata sobre la magia de sus ritos y mitos que han sobrevivido casi puros hasta nuestros días.
PROCESO CREATIVO
"Al inicio, mi proceso creativo se daba a partir de una dinámica en que la frase , Qué pasaría si…, disparaba mis ideas, esta frase la aprendí en el taller del maestro Edmundo Valadés, donde tuve la fortuna de asistir".
"Qué pasaría si Pinocho se enfermara, dijo el maestro, y yo imaginé un Pinocho vencido por todas las plagas de la madera, desmoronándose, podrido por hongos y bacterias, y escribí un cuentito llamado “Postrimería”, que a él le gustó mucho.
Desde entonces, mis minificciones surgen a partir del “Qué pasaría si”… Los 61 cuentos mínimos de mi libro Hadas ebrias surgieron a partir de esa dinámica, ¿Qué pasaría si Caperucita, en lugar de ser roja, fuera blanca? ¿Qué pasaría si el patito feo se pagara cirugías estéticas para ser todo un galán? El Qué pasaría si… me remonta a situaciones fantásticas".
"Otro de los procesos creativos se me activa en talleres literarios, cuando me dejan escribir un cuento con un tema determinado. Me gusta crear de esta manera, considero un reto machacar el tema hasta que surja la trama de un cuento".
"Al escribir minificciones, en mí pasa algo que no me sucede con los cuentos largos: pasa que tengo el final antes de tener la historia. Siempre surge el final, muchas veces disparado por el “Qué pasaría si…” o por alguna idea que traía atorada. Mi interés se centra entonces en “rellenar”, la historia, hacer que el cuento se ajuste a ese final interesante y sorpresivo que ya tengo".
"Me ha pasado que yendo en el metro en horas pico, entre el apretujamiento, cargada de bolsas o libros, surge la idea, se da el final y de pronto tengo en la cabeza un cuento completo. Aferrada como voy a los tubos del transporte, trato de librarme del hacinamiento y hurgo en mi bolsa hasta encontrar la pluma y el cuaderno.
Sin soltar el tubo y haciendo malabares, escribo el final, luego me pongo a buscarle un inicio lógico y un nudo en que la tensión vaya creciendo hasta el clímax. Sin importarme la gente, entusiasmada por lo creado, leo y releo lo escrito en voz alta, tacho, reescribo, armo, hasta quedar momentáneamente satisfecha".
"Por lo regular, descanso mis textos unos días. Cuando vuelvo a sacarlos los corrijo de cuatro a seis veces, podando hasta quedar convencida de que dejé sólo las palabras precisas. Entonces lo imprimo y lo archivo. Alguna vez vuelvo a sacarlo y sigo trabajándolo, soy obsesiva en ese aspecto, dejo de corregir un cuento hasta que lo veo publicado".
SU OBRA Queta Navagómez ha publicado libros de cuento, poesía y novela histórica, entre sus trabajos de minificción destacan: ganar el concurso de Cuento Brevísimo de El Cuento Revista de imaginación; ser parte de la Antología de Cien cuentos brevísimos de Latinoamérica, y publicar los libros ""Aquí no ha terminado, cuentos brevísimos" y "Hadas ebrias, cuentos mínimos".