Los Archivos son una mirada al pasado que define un presente

27 DE MARZO, DÍA DEL ARCHIVISTA EN MÉXICO

Me siento muy entusiasmado al escribir estas líneas, porque este  27 de marzo es el día del Archivista en México, quiero felicitar a los gestores documentales por su compromiso, entusiasmo de servicio y protección de los archivos. Por ofrecer una mirada al pasado que define nuestro presente.
“Sin archivo, no hay memoria,  un país sin memoria es igual que un individuo con alzhaimer, no sabe de dónde viene ni a donde va”. Una frase muy significativa que resalta el valor de los archivos para la sociedad. La importancia de éstos se fundamenta en su información que es conservada, y al transcurrir el tiempo, difundida para  conocer el origen de una institución.
En México, el preservar archivos no es una práctica actual, la necesidad de preservación por nuestros antepasados ha marcado culturalmente nuestro país, como el registro de los códices -documentos dibujados por los “Tlacuilos”, personas a quienes desde pequeños se les instruía en el profundo conocimiento de su cultura y con habilidades en el arte del dibujo- que desafortunadamente han desaparecido o se encuentran en otro país.  .
Oficialmente, nuestro país comenzó con el archivo más importante  en 1792, cuando el rey Carlos IV emitió las ordenanzas para la creación de un Archivo General para resguardar en él “las noticias más preciosas e interesantes”, escritos de suma importancia del Estado, que actualmente conocemos como el gran Archivo General de la Nación.
La palabra archivo, es un término con trascendencia histórica a largo plazo, que permite adentrarte al pasado a través de sus documentos escritos, fotografías, videos y audios. El valor de éstos reside en la autenticidad, fiabilidad, integridad y utilidad de los documentos, es decir, información confiable que permita adquirir algún conocimiento o facilitar investigaciones para beneficiar a una sociedad. 
Una transformación al mundo archivístico se originó con la publicación de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, para mejorar la organización, clasificación y manejo de los documentos. Posteriormente, con la entrada en vigencia  de los lineamientos para la conservación y organización de los archivos de las dependencias y entidades de la administración pública federal y luego, con la publicación del paquete de leyes para el combate de la corrupción aprobadas por el Congreso Federal, entre otras, la de Archivos.
En Chiapas, el desarrollo de la práctica Archivística necesita ser fomentada y respaldada  por instituciones que son referente en nuestro estado, los archivos como sinónimo organización, llevan a cabo el manejo de documentos, ya sea de manera administrativa que permita la transparencia de la gestión pública  o histórica que permita salir de la oscuridad documental.
La Universidad Autónoma de Chiapas, mi alma mater, tiene mucho que contar y reencontrar la identidad institucional que hoy reclama ser enunciada, al resguardar  su memoria documental se nutren y apoyan las investigaciones de las diferentes disciplinas del conocimiento, para apoyar las funciones sustantivas universitarias.
Muchos se preguntarán ¿Por qué es necesario organizar el Archivo Histórico en la UNACH? Una respuesta concreta y sencilla, es porque no lo tenemos dentro de nuestra estructura organizacional, a pesar que es un imperativo legal; señalada como obligación por diversos organismos internacionales como la ONU o la UNESCO. Asimismo, la Ley de Acceso de Transparencia y Acceso a la Información Pública, tanto federal como estatal nos lo exigen, o simplemente, porque la UNACH es una institución pública y está obligada a rendir cuenta de sus acciones a la sociedad, y una de las funciones de un archivo es precisamente atender parte de esa necesidad.
Nuestra universidad es una institución que tiene sus raíces históricas desde 1676, con la instalación del Colegio de los Padres Jesuitas; luego el Seminario Conciliar en 1678; en 1826 con la instauración de la Universidad Nacional del Estado Libre de Chiapas, posteriormente la centenaria Escuela de Derecho, hoy facultad; las primigenias escuelas de Ingeniería Civil, Contaduría y Administración y Medicina Humana,
Es alarmante concluir y decir que tenemos más de tres siglos de obscuridad documental; escritos que necesariamente la UNACH debe tener en su patrimonio para constancia de su origen e identidad institucional. De ese tamaño es nuestro boquete; esa es la dimensión de nuestra inacción y ese es el trabajo que los universitarios debemos proponernos atender.
Gracias a  la administración rectoral del Dr. Carlos Eugenio Ruiz Hernández el sueño se ha convertido en realidad, afanosamente desde los años setenta había buscado la organización del Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Chiapas. Solía pensar que el  organizar un archivo institucional de un poco más de cuatro décadas -periodo de tiempo que tiene de vida nuestra máxima casa de estudios- es una obra titánica dado al estado de  dispersión de la información institucional.
El apoyo del rector de la Máxima Casa de Estudios se da ante el Consejo Universitario al presentar el proyecto académico 2014-2018. En una de sus propuestas de acción establece puntualmente la necesidad de emprender un programa emergente con la finalidad de actualizar  la estructura académico-administrativa de la UNACH, y evitar la dispersión y la duplicidad de funciones, así como alcanzar la eficiencia en  la labor de los universitarios.
Dentro de esta propuesta primigenia planteada en el documento rectoral, está el espacio académico-administrativo idóneo para insertar el Archivo Histórico Universitario, como parte de un programa global tendiente a corregir algunas dispersiones administrativas, producto de la elongación  en el ejercicio del poder y de las visiones distintas incluyentes que ha experimentado la UNACH.
La cruzada por constituirlo, empezó en 1979, a raíz de los tristes enfrentamientos fratricidas surgidos en la Universidad Autónoma de Chiapas, concluyó, entre otros males, en la destrucción de su acervo documental, pugnando desde esa fecha para que se construya un repositorio que salvaguarde el patrimonio histórico de nuestra institución.
Ante la indiferencia oficial por resguardar la historia universitaria, empecé de manera solitaria a rescatar todos los  documentos tirados a la basura por la ignorante burocracia universitaria. Esos archivos han servido para dar vida a varias tareas académicas e iniciar los primigenios trabajos de rescatar el quehacer universitario de manera documental. 
Es necesario reconocer a las autoridades de nuestra Institución, muestra que sí hay personas involucradas con el quehacer universitario, que piensan diferente y están trabajando para el bien común en el tema de los documentos universitarios. Me siento satisfecho de estar al frente de la construcción del acervo histórico, de ser responsable de proteger el patrimonio documental de mi recinto laboral desde hace más de cuatro décadas.