San Martín Peras, Oaxaca: Navidad, sólo en películas

EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Jenifer peina a Alicia, mientras los hermanos de la segunda juegan en el interior de la casa.

SAN MARTÍN PERAS, JUXTLAHUACA, Oaxaca.- Una marejada de polvo desatada por el viento azota las pequeñas casas de adobe y teja. Distantes unas a otras por más de 100 metros, las polvorientas y solitarias viviendas se aferran al suelo, como lo hacen sus añejos ocupantes quienes se aferran a sobrevivir.

Sin embargo, los dueños de las casas las han abandonado, el polvo sobre los techados es la prueba. Cansados del abandono, de la pobreza, del hambre, más de la mitad de la población de San Martín Peras ha emigrado a Estados Unidos o a la península de Baja California. El pequeño pueblo lo reciente.

Pero lo recienten más quienes se quedaron, los que sufren día a día el intenso frío y la falta de oportunidades. Los que sólo pueden consolarse y quejarse ellos mismos porque sólo hablan mixteco, porque no fueron a la escuela y el español es como si fuese una lengua que viniera del otro lado del mar. Y lo es.

Una niña obligada a ser mujer

Los perros ladran y pelean entre sí, el viento y frío son intensos. Luisa intenta salir de la cama y lo hace. Su madre enfermó hace tres años y desde entonces la pequeña debe echar tortillas y levantarse a las 4:00 horas.

Debe encender el comal y llevar la masa al molino. Vive en el núcleo rural de San José Peras, a escasos cinco minutos de San Martín Peras, cabecera municipal. Con el calor de la leña ardiendo combate un poco el frío.

Las tortillas están listas, son las 8: 00 horas y es momento de que padre y hermano se vayan al campo. Tiene cinco hermanos, dos de ellos en Estados Unidos, tres más aún viven en San José, “se irán cuando crezcan”.

Luisa tiene 12 años y desertó de la escuela, debe atender a su familia. “aquí las muchachas se casan a los 13 o 14 años”. Quizá sean el último año que ella viva con su familia, “a mí no me han venido a pedir”, aclara.

San Martín Peras es el séptimo municipio con  más pobreza extrema en el estado. FOTO: Emilio Morales

La enfermedad de la madre es tratada en Juxtlahuaca, sin sus hermanos que envían recursos de Estados Unidos sería imposible tratarla, pues en este municipio los médicos son escasos. La siembra no alcanza ni para autoconsumo.

La casa carece de agua potable y drenaje, la familia se alimenta con lo que siembra el padre en el campo: maíz y frijol; pero este año no alcanza y se vieron obligados a solicitar dinero a sus hermanos.

Luisa también ayuda en el campo en cuando termina las labores domésticas. Su jornada acaba a las 19:00 horas. Exhausta se va a dormir pensando en lo que sería su vida en otras condiciones.

San Martín, la marginación
El 77.3 por ciento de su población se encuentra en situación de pobreza extrema, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la  Política de Desarrollo Social (Coneval), ocupando el séptimo lugar en este rubro en Oaxaca y el noveno en el país.

 

En la esquina de Oaxaca

El árido paisaje de la Mixteca desaparece en San Martín Peras, al llegar, el viento mese a los árboles como saludando. Al avanzar unos cuantos metros se ven las primeras casas, pero están abandonadas.

El centro de la población contrasta con los alrededores; edificios de hasta cuatro pisos engalanan el municipio, negocios de todo tipo se encuentra en las principales calles. Es la fachada perfecta para ocultar la pobreza.

El cerro que sostiene el centro del municipio está rodeado de pequeños núcleos rurales. Ahí, dos panoramas reinan: la pobreza y la migración. “no tenemos números exactos, pero te podría decir que cerca del 50 por ciento de la población ha emigrado”, asegura un representante del municipio.

La falta de empleo ha dejado a este municipio sin habitantes, pero “si no fuera por los que se van, todos serían pobres, como los que no se han ido”, destaca el representante municipal.

Algunos pequeños de San Martín Peras no hablan español. FOTO: Emilio Morales

Mi papá ya no vendrá, tiene otra familia

Jenifer peina a Alicia, quien sentada bajo los cálidos rayos del sol disfruta del trabajo de la improvisada estilista. Alicia vive con sus padres y cuatro hermanos en una casa que parece a punto de caer. Pequeños troncos sostienen naylon y sábanas, la indumentaria hace lo que se puede para proteger del frío.

Alicia no tiene más de nueve años y todos sus hermanos son menores, ninguno habla español, por lo que funge de intérprete la vecina de 10 años de Jenifer.

Este día Alicia y los hermanos sólo han comido tortillas de harina, el maíz se acabó, por lo que los padres fueron a trabajar para conseguir alimento. No es seguro, pero deben hacer el intento.

Pero Jenifer tiene historia propia, vive en San Martín con su madre y abuelos. “Mi papá se fue cuando tenía tres años, ya no me acuerdo de él”, asegura la pequeña intérprete y estilista. “Ya no va a venir, porque ya tiene otra familia en Estados Unidos”, resalta al borde de las lágrimas.

Mientras tanto, Alicia y sus tímidos hermanos juegan, ajenos a la situación en la que sobreviven. Pensando quizá en la tortilla de harina que los espera para la cena.