Milagrosa Navidad: libre, después de un secuestro en Quialana, Oaxaca

EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Fue migrante durante 15 años; iba y regresaba a San Bartolomé, su comunidad natal

Don Abel Cruz Gómez traga saliva para recordar el episodio negro en su vida como migrante: hace cinco años (2012) fue víctima de secuestro en la frontera de México con los Estados Unidos, por un grupo delictivo que identifica como presuntos “zetas”.

“Me llevaron a una casa de seguridad junto con los otros dos que iba; ahí llevaron a otros tres migrantes procedentes de Guerrero, una señora y sus dos hijos; nos amenazaron con cuernos de chivo y nos hicieron, a la fuerza, darles el número de nuestros familiares para pedir rescate; fue un día en que creí que estábamos perdidos, que podíamos morir”.

A don Abel no se le olvidan estas palabras: “¡Tú, pinche viejo, ya no vas a volver a ver a tu hijo si no pagas!”

El secuestro

Cruz Gómez relata que hace cinco años decidió, por última vez, irse de migrante para visitar a sus hijos que radican ilegalmente en el país vecino; junto con él iban otros dos de sus paisanos, uno de ellos un joven que -por primera vez- decidió cruzar la frontera para mejorar su condición de vida.

Después de salir del aeropuerto de Tijuana, Abel, que conocía más, pagó un boleto de un taxi para que los llevara al centro de la ciudad; los tres abordaron la unidad, pero de pronto un cuarto ya se había trepado, de inmediato sacó un arma y obligó al chofer llevarlos a la dirección que le daba.

“Nos metieron a una casa de seguridad, ahí también llevaron a otras tres personas, una señora que iba con sus dos hijos procedentes de Guerrero”. Por la madrugada los sacaron del lugar y los llevaron a otra casa.

Hasta ahora, dice, no sabe qué pasó con la señora y los adolescentes con quienes viajaba, pues no los volvieron a ver.

Por la mañana, llegó una persona armada que tenía la facha de ser un agente de policía o quizás un militar, asegura don Abel.

“Aquí no pasamos a la gente, aquí no van a salir, están secuestrados, van a pagar para soltarlos”, les dijo y luego los obligaron a darles los números de sus familiares que están en los Estados Unidos, para pedirles rescate.

Don Abel, un exmigrante que fue secuestrado por un grupo armado. FOTO: Emilio Morales

Les cobraron 5 mil dólares a cada uno para liberarlos; tras recibir el pago fueron abandonados en la frontera, en un lugar desierto y les dieron 500 pesos.

El hombre recupera el aliento, pues pocas veces se anima a platicar de su historia como migrante y los riesgos que tuvo que enfrentar. Hoy está estable en San Bartolomé Quialana y este año pasará la Navidad junto a su esposa y dos de sus hijas.

Buscaba mejores oportunidades

El hombre, de unos 65 años de edad, dice que desde los 18 años decidió migrar de su comunidad en busca de mejores oportunidades de vida; “estaba yo más joven, por ahí de 1978 me fui y entonces era mucho más barato y fácil pasar, pero desde el año 2000 las cosas se pusieron muy feas”.

El exmigrante reflexiona: “A veces me digo 'para qué ir al peligro, si caes en manos de secuestradores te quitan todo, te amenazan, insultan y te golpean', está difícil”.

Da gracias a Dios que está con vida; durante 15 años pudo cruzar la frontera y regresar como ilegal, ya que a través de ello logró mejorar su situación económica, aunque en México no es lo mismo y mucho menos en Oaxaca.

San Bartolomé Quialana es un municipio cuya migración es alta; 50 % de la población radica en los Estados Unidos. FOTO: Emilio Morales

Migrantes, los más vulnerables

De acuerdo con un informe especial sobre secuestro de Migrantes en México de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se constató al menos 214 eventos de secuestro de indocumentados y dado que se trata de plagios masivos, son varios miles de personas involucradas en estas acciones.

A través de los testimonios que se recabaron de las víctimas, se da cuenta que en 9 por ciento de los casos hay varios tipos de policías y funcionarios de migración involucrados; el único que se salva es el Ejército.

Además de funcionarios y autoridades, también están coludidos un complejo entramado de informantes, halcones, taxistas, maquinistas y coyotes que sirven de apoyo a los grupos de delincuentes dedicados al secuestro, la violación y la extorsión.

El organismo nacional de Derechos Humanos señala que la trata de personas se ha convertido en el tercer delito que más ingresos deja a la delincuencia organizada.