Los Tuxtlas, recorrido biocultural en Catemaco, Veracruz

Turismo consciente
CARINA PEREZ GARCIACARINA PEREZ GARCIA

Entre manglares se observan cangrejos rojos, plantas acuáticas y la banda sonora de aves de la región

CARINA PEREZ GARCIACARINA PEREZ GARCIA

La laguna de Catemaco

CATEMACO, Veracruz.- Mar, cascadas, pozas, ríos, lagunas, lagos, manantiales y selva tropical en un mismo destino es el viaje a Los Tuxtlas, propuesta que por tercera ocasión organiza la asociación civil Enlace Ecológico, para vincular a los pobladores de estos municipios veracruzanos con el turismo consciente. El viaje dirige la derrama económica directamente a los bolsillos de los pobladores de cada lugar que se visita.

En tan sólo un fin de semana, el viajero puede conocer: la cascada del Salto de Eyipantla, la playa y la Barra de Sontecomapan, sus manglares, la Poza de los enanos, el ejido Benito Juárez, dentro de la reserva de la biósfera Los Tuxtlas, y la laguna de Catemaco.
 

Inicia el recorrido

El recorrido comienza en la Ciudad de México, como opción para quienes trabajan entre semana. La aventura selvática se anuncia en el preludio del amanecer llegando a San Andrés Tuxtla, para visitar a primera hora la cascada Salto de Eyipantla, alimentada por el cauce del río grande de Catemaco. El salto tiene 40 metros de ancho y 50 de altura. La magia de este místico lugar desemboca en la cascada que con frecuencia se viste de un espectacular arcoiris.

 

Tláloc, el señor de las lluvias, supuestamente gobernó en Los Tuxtlas en tiempos prehispánicos, y la cascada de Eyipantla fue su casa. FOTO: Carina Pérez García

 

Tras dejarse sacudir por la brisa matutina, se vuelve al autobús para tomar camino hacia la aldea para visitar la Laguna y la Barra de Sontecompan, en el municipio de Catemaco. Un paseo en lancha por los manglares para observar plantas acuáticas y aves, culmina con la visita a la playa y probar el cóctel de tengogolo, un caracol de agua dulce que se extrae de la laguna de esta entidad.

Antes de caer el atardecer, se vuelve a la lancha para cruzar nuevamente la laguna y regresar al autobús que trasladará a los viajeros al ejido Benito Juárez, dentro de la reserva de la biósfera de Los Tuxtlas y ser recibidos por los miembros de la sociedad cooperativa Anolis, cuyos integrantes trabajan en favor de la naturaleza por medio del ecoturismo comunitario.

 

En el Ejido Benito Juárez se puede ver manantiales, pozas, cascadas y ríos. FOTO: Carina Pérez García

 

Equilibrio naturaleza-sociedad

El equilibrio entre la naturaleza y la sociedad es su carta de presentación; este grupo presidido por Arnulfo Castillo Xolo oferta servicios de alimentación, hospedaje y recorridos guiados por los senderos de la reserva que custodian, en total 41 hectáreas protegidas por su propia iniciativa.

Al llegar a Benito Juárez, las mujeres de la comunidad reciben al visitante con café, el cual siembran, cosechan, tuestan y muelen ellas mismas. La cena incluye tamales de pollo en salsa de chile cuaresmeño o de pollo con chile huajillo, atole de malanga, té de limón y pan dulce. El descanso cierra el día y el alojamiento es en las casas de los mismos habitantes de este ejido.

A las seis de la mañana comienza la aventura por la selva, la cita es ya desayunados para caminar hacia la reserva. El viajero despierta entre cantos de oropéndolas, aves que auguran buen camino. Ahora a practicar el senderismo y a tener listo el traje de baño para un chapuzón.

 

En un día soleado, cuando los mágicos rayos del sol reflejan el rugir de la cascada y la niebla envuelve el follaje cercano, todavía Tláloc hace señas con su presencia majestuosa y se viste con este arcoiris. FOTO: Carina Pérez García

 

La travesía por el sendero más completo, denominado así porque al recorrerlo se pueden admirar: pozas, ríos, cascadas, una pared de prismas y una vasta vegetación de especies endémicas, musicalizado por guacamayas, aderezado por alguna fruta cosechada en el instante, como mandarinas o zapote negro y la invitación a adentrarse en las entrañas de la selva alta.
 

Viaje gastronómico

Este viaje a Los Tuxtlas no sólo embelesa la pupila, sino el paladar con los platillos que preparan las cocineras, quienes ofrecen un amplio recorrido gastronómico por la cocina local, con ingredientes endémicos, como la malanga, de la que aprovechan la hoja y el camote, el fruto de chagalapoli -del cual elaboran conservas y vino-, así como el café, las mojarras y las tortillas de maíz hechas a mano.

La impronta de felicidad y satisfacción de las nuevas experiencias regresan al viajero a casa cierto de que su inversión se multiplicará, ya que el viaje no sólo fue placer, sino tequio, abono a la comunalidad y al turismo consciente, pieza central para la familia de Enlace Ecológico, operadora y asociación civil que extiende sus brazos por varias entidades del país.