Pobreza endémica en San Miguel Peras, Oaxaca

Vivir con hambre
MARIO JIMÉNEZ LEYVAMARIO JIMÉNEZ LEYVA

Hace muchos años el fogón sólo calienta agua y, de vez en vez, lentejas. Las familias viven pobreza alimentaria

MARIO JIMÉNEZ LEYVAMARIO JIMÉNEZ LEYVA

Una tortilla salpicada con sal único alimento del día para muchas familias en San Miguel Peras

SAN MIGUEL PERAS, ZAACHILA.- Frente a la dirección de la escuela primaria un grupo de niños se arremolina bajo un árbol. Uno de ellos sostiene con fuerza un carrizo con el que golpea las peras que cuelgan de las ramas. Dos caen al suelo. Ellos se abalanzan. Entre sus manos la fruta es un manjar. Últimamente el fruto y tortillas salpicadas con sal se ha convertido en los únicos alimentos entre la población.

En el núcleo rural donde habitan 500 personas la pobreza se digiere entre fogones vacíos y se construye en casas de tablones que dejan pasar el aire y la lluvia, con ropa apiladas en cajas, pisos lodosos por el que corren pies calzados en zapatos roídos, en camas sin colchones y pantalones con bolsillos rotos.

La carretera devastada por las lluvias conduce al Temascal, núcleo rural de San Miguel Peras, municipio ubicado en el distrito de Zaachila, a 53 kilómetros de la capital del estado. El lugar está encajado entre enormes cerros cubiertos por neblina y el hambre zanjada en la población.

 

Marginación

25 pesos 56 centavos, ingreso promedio diario
34.1 % en carencia por acceso a alimentación
86.1 % en la línea de pobreza
35.4% presentaban pobreza moderada
50.6% estaban en pobreza extrema

 

En la entrada del núcleo rural se ubica la escuela primara. Las diminutas tallas y los rostros manchados de los escolares lo dicen todo. Al plantel asisten 79 alumnos, al menos el 90 por ciento forma parte de familias que sobreviven con un promedio de 30 pesos al día.

“Aquí todos son campesinos, es la única actividad económica, no hay empleos, no hay trabajo, viven de lo poco que producen. Ingresos no tienen, algunos cuentan con Prospera, pero es lo único”, señala el director del plantel quien lleva tres años en la comunidad.

Margarito, integrante del comité de padres de familia, forma parte de la población campesina. Su ingreso promedio por la venta de leña es de mil pesos al mes para sostener una familia de diez integrantes.

 

Casitas de tablones y lámina, a través de cada hueco se cuela el frío y la pobreza. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

Adiós a cocinas comunitarias

Como parte de su cargo realiza labores de mantenimiento en la escuela. Se acomoda el sombrero antes de explicar.

- Así asisten nuestros niños con un taco en mano. El año pasado les cancelaron el programa de cocinas comunitarias. Con eso aunque sea tenían dos comidas seguras: el desayuno y el almuerzo. Les daban leche, a veces pan. Ahora comen, si bien les va una tortillita y peras.

- Entonces, ¿no ha mejorado su vida?

- Nuestra vida ha empeorado. ¿Por qué cree que nos ve usted así?- Margarito abre sus brazos para mostrar su vestimenta: zapatos rotos, una chamarra que, a pesar de ser pequeña, bailotea en su espigado cuerpo- No tenemos fuente de trabajo. No tenemos nada.

- ¿Tiene casa propia?

- Yo sólo tengo la casa que hice desde que me casé. Es de adobe y tabla. ¡Vamos! -ofrece con la intención de mostrar que es real la precariedad en la que vive - No es porque yo le mienta, pero vea usted, esas casitas que se ven de material es de señores que salieron lejos a hacer su vida y de mil maneras para hacer algo. La gente se va de aquí porque no hay recursos, no hay trabajo, no hay como mantenerse. La gente se va lejos a trabajar.

De la vivienda se desprende un humo negro. En el fogón la esposa de Margarito calienta agua. El único rastro de alimento es media botella de aceite con el que el día anterior guisó un poco de lentejas. Este día el alimento serán tortillas con sal, explica.

 

Viviendas precarias y endebles son todo el patrimonio que logran construir a lo largo de su vida. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

- Ahora no tenemos nada para comer. No hay dinero. Pura tortillita con sal le voy a dar a mis nenes que vienen de la escuela

- ¿Y qué desayunaron?

- Igual, tortillita con sal. Cortaron una pera del árbol y se fueron a la escuela

- Y ayer

- Hice un poquito de lentejas

- Cada cuanto comen carne?

- ¿Carne?, no eso no. No hay para comprarla

 

Desnutrición en todos y cada uno de los integrantes de las familias. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

Cosecha de autconsumo

En Peras, la siembra de maíz se hace una vez al año, de esa cosecha dependen los siguientes 12 meses. Si ésta, por alguna razón, llega a perderse las familias se ven obligadas a comprar por kilogramo. A falta de dinero, la compra del grano básico los lleva a endeudarse por varios meses.

La situación se complica aún más en cada inicio de clases. Uniformes y útiles escolares se llevan los ingresos. En esta ocasión la familia pidió prestado mil pesos, no sabe como pagarán la deuda.

 

La migración, la puerta de escape a la falta de alimentos. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

En el mapa nacional, la pobreza en San Miguel Peras se refleja en las cifras. En el 2010, el 86.1 por ciento del total de la población conformada por 3 mil 492 personas estaban dentro de la línea de pobreza, de los cuales 1 mil 438 (35.4%) presentaban pobreza moderada y 2 mil 54 (50.6%) estaban en pobreza extrema.

Aquella condición también es causa del rezago educativo el cual se encuentra presente en el 37.9 por ciento de la población, lo que significa que 1 mil 539 individuos presentaron esta carencia social. En el mismo año, el porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud fue de 14.6 por ciento, equivalente a 593 personas.

La carencia por acceso a la seguridad social afectó a 95.1% de la población, es decir 3 mil 859 personas se encontraban bajo esta condición.

El porcentaje de individuos que reportó habitar en viviendas con mala calidad de materiales y espacio insuficiente fue de 73.3% (2 mil 974 personas).

El porcentaje de personas que reportó habitar en viviendas sin disponibilidad de servicios básicos fue de 96.9%, lo que significa que las condiciones de vivienda no son las adecuadas para 3,931 personas.

Mientras que la incidencia de la carencia por acceso a la alimentación fue de 34.1 por ciento, es decir una población de 1 mil 383 personas.